lunes, 24 de agosto de 2015

¡Estamos de aniversario!

Siete años de noventaytres. Puede, y solamente puede, que se me haya escapado una lagrimita.

martes, 18 de agosto de 2015

Ya es martes

Te lo digo todo, porque lo que no te digo, se me mete dentro.
Y nunca más puede salir. 

martes, 4 de agosto de 2015

Lo que tarda tanto en llegar es igual que si no hubiera llegado, peor incluso, porque el cumplimiento a destiempo de lo que tanto se deseó acaba teniendo un reverso de sarcasmo. 

Plenilunio, Antonio Muñoz Molina 

martes, 21 de julio de 2015

Tengo miedo

Así de simple. No me importa de sincera, porque son muchos años ya, y no creo que merezca la pena hacerlo de otro manera. 
Tengo miedo. Mucho miedo. Miedo de lo que ha pasado hoy, de lo que pasará mañana. Porque me dan una de cal y otra de arena. Y las dos duelen por igual.

domingo, 19 de julio de 2015

Se fueron todos los rayos de sol

Si ahoras me preguntas que qué se me pasa por la cabeza, lo único que podría responderte es que todas las ganas de romper todos los papeles que tengo a mi alrededor, libros incluidos. No creo que te coja de sorpresa, sabes lo bien, y a la vez mal, que me sienta el verano. Y cuando digo mal, quiero decir fatal, horrible y horrorosamente mal. 
Y ahora es domingo, por la noche. Y no me queda nada para irme a la cama, porque menos mal que ahora duermo, si no, podría haber roto ya hasta el último diccionario que compré. Supongo y espero que mañana será otro día, aunque me espere una semana de querer morirme, de querer meter la cabeza entre las piernas, marearme en el autobús. Y hasta creo que estará nublado. Ya ves, qué bien. 
Si ahora me preguntas que qué se me pasa por la cabeza, a diferencia de hace cosa de 30 segundos, te diría que menos mal que empecé a escribir. Y que no espero terminar nunca. 

domingo, 12 de julio de 2015

(Sin título, otra vez)

Se oye mucho ruido, así que supongo que me he dejado la ventana de fuera abierta. No creo que vaya a cerrarla, porque ya es tarde y tampoco creo que merezca la pena.
Puede que tenga cierta preferencia por dejar esa ventana abierta. Y también por escribir siendo de noche, porque hay calma y los fantasmas están de camino ya. No, no me persiguen, pero muchas veces me reencuentro con momentos que había olvidado, no necesariamente buenos, pero que ahí están. 
No voy a negar que todo está empezando a ser difícil. Difícil como cuando me quejaba en este mismo teclado. No puedes venir y pedirme todo el cielo. No puedes. Porque más allá de que necesites el cielo entero, yo no necesitaba saber que no podré alcanzarlo. No necesitaba saberlo de verdad, porque de mentira ya sabía muchas cosas. Y no te imaginas cuántas me quedan por saber. 

sábado, 11 de julio de 2015

02:53

Y mientras, tú me salvas la vida, y yo te doy un beso. Y luego echo a correr.

viernes, 10 de julio de 2015

Es julio y tengo calor

Una de las cosas que me gustan del verano es escribir a solas, en silencio, de madrugada. Los niños ya se han ido a dormir, ya no ruedan pelotas en la calle, y mejor así, sin nadie que nos vea. 
No voy a mentir, echo de menos las madrugadas, porque siempre estoy demasiado cansada para esperarlas y quién sabe qué cara me pondrán cuando ya haya salido el sol. Tampoco sé qué pasará, si dentro de poco tendré que dejar de cruzar la ciudad o si me hará falta chaqueta. A veces recuerdo un poema que decía algo así como "eres mía, eres mía, mujer de labios dulces" y no sé por qué se me viene a la cabeza, si es algo lejano, de hace diez años o más. Pero sí sé que eres feliz. Porque hoy te lo pregunté. Y tú, ya no me mientes.

miércoles, 10 de junio de 2015

Junio

Me entristece pensar en las nubes, los antiguos amores, aquellos que llaman para encargar flores y todas las cosas que ocurren por casualidad. 

viernes, 15 de mayo de 2015

Hoy y ayer

Hoy, (quizá ayer) fue tiempo de sol y llamar por teléfono. Ya no me acuerdo de la lluvia, pero vaya que si me acordaba de todo lo demás. 
No sé qué pasa, azulejos azules, y letras pequeñitas, puestas de una en una, en fila, las oigo a lo lejos, al otro lado. 
Es una pena que tenga tan poco tiempo para hablar por teléfono. Y es una pena también que tenga menos todavía para escribir sobre ello. Porque hoy, al colgar, ya no necesitaba tren de vuelta, ni poemas medievales, ni verbos irregulares, ni tirarme al mar.