jueves, 26 de junio de 2014

No blasfemes

Mi abuela se acordaba siempre de un chiste muy largo que decía 'pero señor cura, pero señor cura', y ahora y no hay quien cierre estas heridas. Imagínate, ahora, después de tantas guerras, cuentos y leyendas, que me dicen que escriba yo, porque sé escribir. Querido, a escribir sabemos jugar todos. A escribir, a contar, a leer y morir, porque todas las palabras son igual de importantes.

miércoles, 25 de junio de 2014

Hoy: tú y yo, los dos

No sé si cuando sucede que hay año bisiesto me canso más, o lloro más o simplemente más, o no necesito ni un día más para hacer todo. Todo o nada, pero siempre más y más. Siempre más arriba, más lana, más café, más amor. Y es que he vuelto a tomar café. Primero uno, luego dos, y al tercero, agua mineral. Del tiempo. Del tiempo que hace que tú y yo no montamos en ascensor.
Me queman los brazos, me dan alegrías. Y al fondo detonan una bomba y no nos importa. No sé cuándo fue la última vez que me importó, la verdad, no me acuerdo. Y normalmente me acuerdo de todo, normalmente la culpa es mía, normalmente, yo. Primera persona singular, conjugo de forma terrible, hablo cada día mejor, cierro las cortinas, me quedo sin ti, no hago nada, y vuelo alto hasta morir.

viernes, 6 de junio de 2014

Es siempre así

A veces hay erratas porque mis dedos y mi cabeza tienen diferentes puntos de vista sobre el teclado. También tengo muchos puntos de vista sobre qué va a pasar, porque con los años me he vuelto una impaciente. ¿Sabes que ahora hay muchas mermeladas sin azúcar? No creo que estén entre mis favoritas, pero posiblemente protagonicen el desayuno. Ahora que he vuelto a desayunar. Ahora que he vuelto a coger el teléfono y a dejar que me prometan cosas que no estoy totalmente segura de que se vayan a cumplir.

viernes, 16 de mayo de 2014

Hay cosas que me preocupan

Cumplir años. Soplar velas. Que mis ojos sigan viendo. Y mirándote. Que me quede aliento. La calidad de los tomates. Los melones. Las sandías. Los lunares y tu piel. Que siga habiendo sellos. Y plumas. Y cojines, tijeras y papel. Perder la confianza en los demás. Perder la confianza en uno mismo.

miércoles, 7 de mayo de 2014

Palabras bonitas

Hay días que están hechos para escribir palabras bonitas. Por eso, hoy tengo que decir que me he acostumbrado a vivir al revés, a que mires a otro lado. He pedido un libro que posiblemente tarde en llegar, porque a veces la gente ignora cosas que son importantes. Tan importantes como los susurros y los abrazos, que una vez que el ascensor llega al quinto, se recuerdan siempre.
Hay días que están hechos para escribir palabras bonitas y me he dado cuenta de que con tantos años detrás hay palabras que tengo sin usar. De otras desconozco el significado, el contexto, el acceso y las ganas. Por eso, las palabras bonitas me intentan dar consuelo, porque en pocas horas amanece y presiento que hoy será un día de reencuentros, de enviar cartas por correo urgente, de evitar decirte que no.

martes, 6 de mayo de 2014

¿Y si no duermo nunca más?

Tengo una nueva cicatriz y me asusta tanta sutileza, de tanta gente, sin final. Se oyen violines a los lejos, y al bajar, puede que tenga miedo de lo que me encuentre. Una luz encendida, libros en el suelo, papeles ordenados, una vida por contar.
No sé si tengo culpa de algo. Pero siendo así, he de decir que hay heridas, como la que ayer curé, que sólo son dos pinchazos y se van. Y otras, que no cicatrizan nunca, como que hoy hace tres meses que no me atrevo a tomar café.

lunes, 5 de mayo de 2014

Tal vez sea mejor decidirse

Si vamos a ir, vayamos. Y si no, déjame que te cuente que no soy nada sin todo lo que me rodea. En especial, todo lo que es pequeño y de color blanco. Porque las soluciones a mis mayores problemas siempre han sido de color blanco. Mis grandes problemas, ya sabes, me he perdido caminando, no sé cómo han llegado al suelo todos esos trozos de papel, hay pasta para cuatro recién hecha. No hay tinta en la impresora, se me mojaron los libros, no queda valeriana, no puedo dormir.

jueves, 1 de mayo de 2014

Las cosas inconexas y yo no puedo dormir

Dar los buenos días. No usar comillas dentro de más comillas. Usar todas las palabras: incongruencia, señales, perturbar, autocine. Todas mis falta de ortografía vienen de no hacerte caso y se marchan tranquilas, pensando que cada día que se va es una hoja que paso del calendario, y nada más que eso. 
Sin embargo, a mí me hace falta estar dándoles vueltas una y otra vez a los mismos guisantes dentro del mismo plato. De primero, de segundo, de venirse arriba, de echarte de menos, de mancharme con rotulador. 
No importan mucho ya ni los colores ni los días. Ni qué tarde es que hay que madrugar mañana. Me importa mucho más qué pasará el día en el que cuando llegue la hora de ir a dormir vuelva a no ser capaz. Porque llegado ese día, ya no habrá calma ni remedio, y todas las palabra acabarán en vocal. 
El problema aquí, querida, es que nunca se es consciente del daño que se puede llegar a hacer.

viernes, 25 de abril de 2014

Otra vez

Encima de la cama y otra vez con los ojos bien abiertos. Otra vez pensando en que maldita la hora en la que no puedo apoyarme sobre el lado derecho. Ni tampoco posarlo sobre ti. 
Otra vez me quedan todavía miles de páginas para llegar al final. Y no sé si debería, pero el encanto de las estaciones conocidas me hace dudar. Dudo de tantas cosas y de tantas personas, que a veces pienso una y otra vez que si de verdad hay idas y venidas, si de verdad no cometo nunca faltas de ortografía, si de verdad va a venir el lobo o vas a quedarte a dormir. 
Otra vez vuelvo a escribir. Otra vez quiero rimar, pero me dejo llevar y no lo consigo. Otra vez me pongo a repetir palabras. 
Otra vez vuelve la calma. 
O eso parece.

miércoles, 23 de abril de 2014

Hay libros que merecen la pena

Pues eso, que hay libros que merecen la pena. Y personas que merecen la pena porque te regalan libros. Y no solamente eso. Hay personas que rezan por ti, para que no te pase nada, para que encuentres algo que hacer, para que no pases hambre y el coche te dure mucho. 
El problema es que a las personas, como a los libros, hubo un tiempo en el que dejé que murieran de polvo, y ya no hay marcha atrás.