domingo, 15 de septiembre de 2013

Querido septiembre

No sé cómo voy a decirte esto. No como, no duermo, no sé. Y cada día te me haces más cuesta arriba, se me pasan lentos los días. Intuyo que el otoño va a llegar un poco antes de lo habitual y no me gusta, porque otoño significa noviembre y no puedo vivir en un noviembre eterno. No sé cómo te llevas con ese mes, yo me enemisté con él hace años y supongo que de por vida.
Ahora solamente puedo parafraseaste y decir que las cosas tienen que durar, así es como lo espero. Pero basta ya de esperar, de mentir, de dolor de estómago, de dolor de corazón. 

jueves, 12 de septiembre de 2013

Recordar. Del latín, recordāri

Es curioso. Soy un animal que se alimenta de recuerdos. Los recuerdos me han mantenido viva todos estos años, porque si no, no habría escrito tanto. Y ahora, no me valen. No me valen los recuerdos porque no son suficiente. No me llega toda la lluvia que está por venir para decir todo lo que tendría que decir. Porque queda todo un otoño por delante y muchas palabras que no aguantan dentro de mí. Así que me queda mucho por decir. No aquí, si no fuera. Justo en donde se forman los recuerdos.

viernes, 6 de septiembre de 2013

03:09

Es de madrugada. En verano, siempre ha sido de madrugada. Especialmente en septiembre, porque las ideas ya están acostumbradas a este ritmo. Menos mal que ya van muchos veranos detrás, y que te he visto ya dos veces con corbata, que es cómo me gustaría verte todos los días. No es capricho, si no que simplemente significaría que a lo que quiera que tenga que venir, le queda poco por llegar.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Cuatro de septiembre

Nosotros dos, del ochenta y muchos. El coche, del noventa y algo. Y por el resto, el mar infinito a un lado, no sé cuándo se inventaron los bancos de madera y por algo a esta ciudad la llamaron de cristal.
Bastó para empezar, para seguir y para celebrar.
Hoy es cuatro, de septiembre. Cuatro, de quererse.

sábado, 24 de agosto de 2013

jueves, 22 de agosto de 2013

El insomnio hipotético

Si hubiera invertido todo el tiempo en el que no era capaz de dormir, ahora sería muchas cosas. Sería más culta, más sabia, posiblemente menos protestona y más feliz. Pero la verdad es que si hubiera podido invertir en algo el tiempo que pasé mirando al techo de madrugada, supongo que sería en dormir. Que para eso son las camas. Que para eso son las noches. Que para vivir me tendría que llegar el día, pero se ve que no es así. Entonces es cuando todo se vuelve pequeño. Tan pequeño que no quedan diccionarios, vete a saber si me habré comido alguna tilde, y queda pendiente comprar arándanos azules para desayunar.
Queda también pendiente pensar que otra respuesta igual puede desencadenarlo todo. Todo de la nada, de esta nada que es tan grande que de esconderse debajo de la cama no es capaz.

sábado, 17 de agosto de 2013

Recapitulemos

Tengo ahora mismo veinticinco años. De todos esos años, invertí siete en soñar, cuatro en ser lo que soy ahora y también me pasé llorando más o menos todos los que abarcan desde los dieciséis hasta los veintitrés, aunque a veces peco de querer volver al pasado. 
Uno de mis sueños es tener una casa con una estantería infinita para no tener que pensar que tarde o temprano los libros pasarán a ocupar mi lugar. Una estantería infinita y un escritorio blanco, porque una vez mi padre dijo que los muebles blancos eran especiales y esa frase se me quedó grabada para siempre en mi memoria. 
A veces escribo cosas. A veces valen la pena y a veces no, pero uno de los mayores pecados que he cometido en esta vida es el de no aprender de una vez a distinguir qué debe ser el escaparate de lo que escribo y qué debe ir en la libreta que guardo en el fondo de cubo de lavar. Entre ropa oscura muy sucia y en sentido figurado.
Otras veces, dejo que me mientan. Dejo que me mientan y miro por la ventana, porque en mi ventana hay una repisa y a las palomas les gusta venir a veces. En realidad odio a las palomas. ¡Malditas ratas del aire! Dejo también que las palomas se vayan cuando quieran, porque si no fuese por las mentiras, no las miraría, no escribiría, no teclearía números aleatorios a ver si hay alguno que queda libre de una vez.

17 de agosto

Tengo heridas en los pies, la cabeza y el corazón, y por desgracia, ninguna de las tres es algo nuevo.
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viernes, 16 de agosto de 2013

Lolita

Nos queríamos con amor prematuro, caracterizado por esa violencia que tan a menudo destruye vidas adultas. Yo era un muchacho fuerte y sobreviví, pero el veneno quedó en la herida y ésta permaneció siempre abierta.

Lolita, Nabokov

sábado, 10 de agosto de 2013

De todo lo que la vida me da para que pueda escoger, me quedo con la buena educación, la sal y los boquerones en vinagre, que a veces parece que son cosas que solamente me gustan a mí y eso las hace más que especiales.