jueves, 31 de enero de 2013

Creo que las grandes historias empiezan así

No tengo muy claro todavía si es a esta hora cuando pasan no las mejores cosas, pero sí las que vas a recordar. Lo que sí tengo claro es que tomar decisiones a esta hora me viene bien, porque esta hora es mejor que otra cualquiera para no equivocarme nunca.

Adiós enero. Podría decir que fue un placer, pero menuda mentira más grande.

sábado, 26 de enero de 2013

2013, apestas

Odio mi nombre. Qué sorpresa. Pero es que odio mi nombre más que nunca. Y yo os maldigo, (¡malditos! ¡Y que valga la redundancia!) porque queréis decirme todo en cuatro letras y yo nunca fui muy de resumir. Creo que he estropeado uno de mis botines color caramelo porque lleva lloviendo tanto tiempo que no me acuerdo de qué color eran tus ojos al sol. Aún así, menos mal que la lluvia no moja todos mis aviones de papel. Tiro por la ventana una media de siete al día, pensando que poco a poco llegaré al número noventa y tres. Y cuando llegue, ¿qué?

Creo que hoy es un día un poco triste, de un enero un poco triste, de un 2013 que empieza portándose mal.

domingo, 13 de enero de 2013

Trece

Hoy es el decimotercer día de dos mil trece y si alguna vez he tenido obsesión por algo, aparte de por los colores en general y por todas las tonalidades de naranja en particular, es por los números. Ahora que es dos mil trece, uso una colonia que no le gusta a mi madre, así que creo que eso, sumado a que bebo tónica, me convierte en adulta. Sigo sin rumbo y no dejo nada para indicar el camino de vuelta, porque la cosa está muy mal para ir dejando nada en un camino y mucho menos garbanzos, que simplemente están para comérselos.

sábado, 5 de enero de 2013

Querido dos mil trece


Te pido que les recuerdes a los Reyes Magos (y a todo el que me quiera traer un regalo desde hoy hasta que te acabes) que me gusta leer, pero que hay algo que me gusta más que leer, que es escribir. Así que creo que lo que puedo pedir son un montón de hojas en blanco y muchas ganas de escribir porque simplemente me apetece, aunque la experiencia me diga que así, sólo porque quiero, me sale menos bonito.
Querido dos mil trece, no me compensa merendar en escaleras blancas, no me compensan las mentiras, ni toda la literatura infantil que he ido acumulando, y mucho menos las declinaciones del alemán. Pero me vendría bien un paquete grande de galletas de canela, que son mis preferidas.

sábado, 29 de diciembre de 2012

No sabes la de veces que me prometí que leería a Alicia

It was high time to go, for the pool was getting quite crowded with the birds and animals that had fallen into it: there were a Duck and a Dodo, a Lory and an Eaglet, and several other curious creatures. Alice led the way, and the whole party swam to the shore.


Alice's Adventures in Wonderland, Lewis Carrol

lunes, 24 de diciembre de 2012

jueves, 20 de diciembre de 2012

No puedo prometer pero prometo

No sé muy bien cuál era la frase original, pero sí me acuerdo de que cuando todo estalló comíamos fruta demasiado dulce, porque hay veces que mas cosas se endulzan demasiado y empiezan a picar. Ahora me pica la garganta porque es invierno, porque el invierno pica por dentro y no por fuera, cono la primavera y el verano. Me pica por dentro, me duelen los huesos, me mojo los pies y tampoco sé por qué me decidí por dejar que me atropellen los finales, si siempre los tengo pensados de antemano. Hablo por una vez de finales en el sentido literal de la palabra, nada de puntos seguidos y cosas así. Final como fin, como el borde del precipicio que empecé a construir antes de cumplir la veintena.
En público no me gusta hacer balance de nada, pero hoy me han recordado que entre todo lo que soy, entra también un número impar y tengo que decir que los finales llegan sin querer, que este dos mil doce se me acaba sin querer y que no se ha portado bien conmigo.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Quedan trece días para dos mil trece

Este año voy a necesitar un buen calendario. No es que lo esté mendigando aquí, simplemente necesito un calendario para que se me vaya escapando el tiempo poco a poco como ya es costumbre, pero por lo menos sepa en qué día, y si nos ponemos exquisitos, en qué hora vivimos.
No tengo propósitos para dos mil trece. Lo escribo con letra porque entre mis múltiples manías está la de no escribir con todos sus números el nombre de un año antes que llegue. Lo escribo con letra también para que no se me olvide que en realidad tengo los mismos diez propósitos de siempre, que me hago todos los años pero nunca cumplo, así que la lista es muy vieja ya, pero por lo menos no gasto papel en prometer nada. Porque mis promesas y mis sutilezas siempre tienen algo de verdad pero mucha parte de mentira, como tantas veces he relatado ya.
Me quedan trece días para hacerme con un calendario. Y para quererte algo menos de lo que haré el próximo año, porque si no caigo en las tradiciones clásicas, al menos permitidme ser un poco cursi.