viernes, 30 de noviembre de 2012

Mañana ya va a ser uno de diciembre y me encuentro a Nabokov en una canción

No sé por qué me gustan tanto los espejos y los espejismos. Sé que a los diez años me apasionaban los trucos de magia. La magia a domicilio con sus instrumentos: el sombrero de doble fondo, la varita con la estrella, el juego de cartas que entre los dedos se metamorfosea en cabeza de cerdo. Sí, sí. Todo eso te llegaba en una gran caja de los almacenes. Peto, calle de la caravana, cerca del Circo Cíniselli, en San Petersburgo. Dentro venía un manual de magia que enseñaba cómo hacer desaparecer o cambiar una moneda entre los dedos. Yo intentaba hacer esos trucos delante de un espejo, tal como aconsejaba el manual: Ponte delante de un espejoY mi carita, pálida y seria, reflejada en el espejo, me aburría... Me ponía un antifaz negro que me daba mejor cara; pero nunca llegaba a igualar al famoso mago Mister Merlín, a quien solían invitar a las fiestas infantiles y de quien yo intentaba en vano imitar el parloteo, frívolo y engañoso, que mi manual quería que yo recitara para eclipsar mis juegos de manos. Parloteo frívolo y engañoso: he aquí una definición engañosa y frívola de mis obras literarias... Pero esos estudios de escamoteo no duraron mucho. 
Trágico es un término muy fuerte, pero hay algo trágico en el incidente que me hizo abandonar esa pasión, relegar la caja al cuarto trastero con los juguetes difuntos y los títeres rotos. Una tarde de Pascua, en la última fiesta infantil del año, no pude evitar mirar por la ranura de una puerta para ver cómo iban los preparativos que hacía el señor Merlín para su número de salón. Le vi que entreabría un secreter para meter tranquilamente, abiertamente, una flor de papel. Y la familiaridad de aquel gesto era innoble comparada con el hechizo de su arte. Yo entendía de ello, sabía qué ocultaba el frac ajado de un mago, y qué pueden hacer los magos. Ese vínculo profesional, vínculo de mala fe, me llevó a revelar a una primita mía, Mara Jevuska, en qué escondrijo hallaría la rosa que Merlín escamotearía en uno de sus trucos. En el momento crítico, la pequeña traidora, blanca y de pelo negro, señaló con el dedo el secreter, gritando: ¡Mi primo ha visto dónde la ha metido! Yo era muy joven, pero ya distinguía o creí distinguir la expresión atroz que contrajo las facciones del pobre mago. Cuento este incidente para satisfacer a mis críticos perspicaces que declaran que en mis novelas el espejo y el drama andan muy lejos. Porque debo añadir: cuando abrieron el cajón que los niños señalaban entre burlas... la flor no estaba.


Fragmento entrevista al escritor Vladimir Nabokov por Bernat Pivot en junio de 1975
Orden de desahucio en mi menor, Love of lesbian

martes, 27 de noviembre de 2012

Me gusta que llueva. Me gusta mucho que llueva porque la lluvia se lo lleva todo con ella, incluso todas las razones de por qué no me dices la verdad.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Van a ser las 4 de la mañana

De vuelta al insomnio te digo que menos mal que nunca se nos van a acabar las páginas. Menos mal porque si no algo tendría que morir y todavía no es tiempo, aunque ya no queden castañas en toda esa acera que me lleva a las dos estaciones, a tu casa, a donde están los juguetes preparados para Navidad. Y menos mal también que todavía hay luz y que esta semana no ha llovido ni una sola gota, porque así puedo apartar un poco todo mi miedo de ahogarme y centrarme en que no siempre tiene que llover y cuál es realmente mi color favorito, que dista mucho de ser el gris.

sábado, 17 de noviembre de 2012

If I ever feel better

Creo que por fin he encontrado la paz, aunque fuera llueve y sigo teniendo miedo de que no pare de llover jamás.


miércoles, 31 de octubre de 2012

Eat, pray, love

He was playing a character I had invented, which is somewhat telling. In desperate love, it's always like this, isn't it? In desperate love, we always invent the characters of our partners, demanding that they be what we need of them, and then feeling devastated when they refuse to perform the role we created in the first place.

Eat, pray, love, Elisabeth Gilbert

martes, 30 de octubre de 2012

La vida te lleva por caminos raros

Gracias Quique. Gracias por los aeropuertos, por las golondrinas que ahora sí vuelan, por las gotas que resbalan en los vasos de cristal. De cristal y whisky doble, con hielo.
Gracias Quique. Porque la vida te lleva por caminos raros, pero paso años sin escucharte y me siguen esperando labios tristes, y yo los llevo pintados.

Pues eso. Que gracias, Quique.

lunes, 22 de octubre de 2012

Hoy es lunes y podemos ser felices

Puede sorprenderte que esté despierta a esta hora, en lunes, en octubre, pero hay muchas cosas que me quedan por decirte y a veces me da miedo no poder despertar. Lo de la oscuridad lo voy llevando bien, ya no es pánico absoluto, es incertidumbre y frío, mucho frío, porque cada vez que me doy cuenta, queda algo menos para que llegue la Navidad. ¡Qué locura! debes estar pensando. ¡Qué locura pensar ya en la Navidad! Pues ya ves, qué locura y qué cierto es que cada vez va pasando un poco más rápido el tiempo. Por eso mismo me ahogo ya pensando en un dos mil trece al que no le queda mucho para llegar, ya verás. Y mientras no llega, tengo que gastar mi vida corrigiendo gerundios y escribiendo jeroglíficos sin parar. Los segundos no es que me disgusten, pero ya hubo un verano en el que dejé claro que los gerundios no me gustan nada, igual que no me gustan otras tantas cosas que ya sabes y que no voy a volver a confesar.
Menos mal que hay un pronombre de segunda persona que es real. Menos mal que el lunes, porque hoy es lunes y (menos mal que) podemos ser felices.

jueves, 18 de octubre de 2012

Crisis, volumen III

Lo imaginé muchas veces, pero ahora me encuentro con que el futuro no es más que muñecos de madera, rotos y tirados en el suelo, a los que no quiere nadie. Muñecos de madera y sartenes oxidadas, eso es el futuro.

martes, 16 de octubre de 2012

Crisis, volumen II

Octubre se me está pasando lento y hoy he vuelto a sentarme en el banco de las noches de septiembre y se puso a llover. Y entonces me pregunto por qué tiene que llover siempre en todos los malditos momentos importantes.

domingo, 14 de octubre de 2012

Quedan todavía muchas cosas por venir

Tengo cosas en la cabeza como para reventar el mundo entero. También tengo ganas de muchas cosas, como por ejemplo de desaflojarte la corbata como si fuese el día de Año Nuevo, porque los dos sabemos qué significa una corbata algo floja en la jerga de tu cocina, tu salón, mis sábanas naranjas y las cuatro de la mañana. No son cosas normales que se pierden con el tiempo, es todo lo que va pasando mientras miramos las vidas de los demás, miramos cómo ellos van dejando que se les gasten y es un pena, porque a mí me gustaría compartirlas. Es una pena también la manera en la que las circunstancias cambian, la manera en la que las horas mueren, la manera en la que alguno, en el medio de otros tantos, tiene que romper a llorar.
No te rindas nunca. Nunca.