viernes, 26 de noviembre de 2010

Ahá

Y aquí era aquí y no Madrid. Y se me hielan los dedos de escribir. Y ya ves, he dejado de conocerte para pasar a volver a aquellos días. Ah, aquellos días. Todos los hombres olían a la misma colonia. Era eso, o que mi sentido del olfato había vuelto a atrofiarse de nuevo. Y reiniciar otra vez.
Por aquel entonces tú las mirabas una y otra vez. De fondo de pantalla, de carnet de identidad. Velas sin soplar y, de nuevo, suelto otra carcajada. Te miraba el mar. A mí eso me intimidaba. Se te veía perturbado. Qué le voy a hacer. A veces salimos de fiesta, yo me abrocho la chaqueta y mis zapatos siempre siguen en mis pies. Dejó un vacío que había que llenar. Y nos fuimos a cenar. Y después, ah, después. Después hubo que hacer de tripas, corazón.

jueves, 25 de noviembre de 2010

-¿Y qué escondes?
-Pues ketchup, canela, tabaco, esas cosas. Supongo que lo que todo el mundo, ¿no?

domingo, 21 de noviembre de 2010

93

Buenos días
Informo amablemente de que este blog, anteriormente conocido como Inspiración Irregular, ha devuelto ese nombre a su dueño y ha pasado a ser definitivamente noventaytres (con letra) o 93 (con número), como ustedes gusten.
Disculpen las molestias.

sábado, 20 de noviembre de 2010

No me voy a pintar ninguna letra, ni estrellas de colores. Tampoco una seta del Super Mario Bros. ¿No te parece que la naturaleza me dio suficientes tatuajes de color marrón? Que deje de llover ya, que tengo los huesos mojados. Tu canción favorita, yo la bailo sola. Es mucho mejor que los zapatos negros, el vino blanco, el olor a limpiacristales y todo a la vez. Van a dar las tres. Yo no estuve alli. Tampoco quería, no te vayas a pensar. Me limitaba a hundir barcos y a comprar mucha mierda para ponerla encima de la estantería. No esperaba que lo entendieses, sólo que te callases. Oye, me niego a quitarle el acento. Me gusta escribir acentos, a los que odio es a los gerundios. Bah.
Se cierra el telón y simplemente mueres.

I'm falling in love with your favourite song
I'm gonna sing it all night long
I'm gonna dance with somebody
Dance with somebody
Dance, dance
Dance...

Me niego

Se la llevó.
Te lo mereces.
Segundos platos.
Tu adicción.
Las idolatras.
Ya está.

jueves, 18 de noviembre de 2010















No somos caballitos de mar

Noviembre de 2010

Cuando yo tenga una cámara, me querrás aun más, corazón. Serán tiempos de labios rojos con las zapatillas de casa todavía puestas. Chaqueta sobre los hombros y a cantar canciones con la ventana abierta. Hay algunas propias de puertas cerradas, pero supongo que todavía están pos discutir. Pasado. Será nuestro último fin de semana, la última razón, batidos de chocolate. Lento. Futuro. Tú. Sin menos. Sin más. Me mandarás postales, pisarás cristales y vendrás a casa. Y después, tu abrigo gris del revés mirando al mar. Sobre la arena. Cigarro de medianoche. Tormenta y mañana por la mañana.

martes, 16 de noviembre de 2010


Rompí a llorar. Me encanta esa expresión. No se dice rompí a comer o rompí a caminar. Rompes a llorar o a reír. Creo que merece la pena hacerse añicos por esos sentimientos.

Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo
Albert Espinosa

sábado, 6 de noviembre de 2010

Sinapsis, tuyo. Sinopsis, mio. Y una sola letra nos hacía volver a empezar. Siempre. Menos mal que le puse punto final a los principios. Menos mal que no nos hemos equivocado de lugar.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Retrospectiva

¿Conoces la ley de la oferta y la demanda? Pues ahora todo se reduce a eso. Las flores, el viento, las palabras que riman con enero. Y supongo que al final, pues te mueres y ya está. Nunca quise rimar, pero mañana podíamos poner la cámara en el suelo y dejar que se dispare sola. En blanco y negro. Allí arriba hay una escalera de caracol a la que iba puntualmente. Once de la mañana. Siete años. Ocho. Nueve. Sobre los doce ya me hacía daño, ya me hacían daño, ya no había vuelta atrás. A los veintiuno rompiste con tu voz la almohada. Y al principio fue que no, pero llevabas gafas de sol, y ah, amigo, a eso no hay mortal que se resista.

Y cincuenta metros más adelante llega la falta de ortografía y después... ¿y después?