miércoles, 31 de marzo de 2010

Había flanes de queso y pasteles de coco rallado por doquier. Yo me abrochaba la camisa con cuidado, la azul, de rayas, la que me trajeron los reyes el año pasado. Y según iba abrochando, llovía cada vez más y más, cada vez más deprisa. Yo no quería bajarme del coche.
Realmente yo nunca quiero bajarme del coche.

lunes, 1 de marzo de 2010

No tengo muy claro si debería hacer más planes de los que ya tengo. No sé si me va a llegar la vida para todos ellos. Lo peor de todo es que lo pienso con el cepillo de dientes en la boca, y debería atender a lo que estoy. Llevaba tanto tiempo sin hacerlo, que parece que si tengo la pasta en mi boca mucho rato, me da náuseas. En el fondo es porque pica y duele, como casi todo últimamente. No sé si es que va a llegar la primavera dentro de poco y me pasa lo de siempre, que me da a alergia aunque no estornude. Podría ponerme a escribir canciones para probar, pero sé que no me van a salir. Y creo que ya dije más de una vez que él no sabe cantar. Sería tontería. Sobre todo esa parte en la que me dice que el gran error de los grandes guitarristas es que creen que saben cantar, pero es mentira. Con un gran guitarrista ya llega. A mi se me da mejor eso de callar la boca y romper las medias.

sábado, 27 de febrero de 2010

jueves, 18 de febrero de 2010

Veintidós años y dos días. Cinco meses y medio. Un examen. Seis botellas de cerveza enfriándose en la nevera. Y ya.

domingo, 7 de febrero de 2010

Lo que no me está gustando de estos días rojos es que lo blanco de ellos es un fondo de papel. Por lo demás, la última vez que estuve dentro de una lámpara, nadie miraba. Y eso lo hacía altamente genial.

miércoles, 27 de enero de 2010

Tras cuarto y mitad se puede decir que volvemos. Yo tenía antojo de cocacola, pero tras bajar al supermercado y darle el primer trago, me di cuenta de que no era eso lo que quería, que yo tenía antojo de comer y dormir, y poco más. Mi madre me ha mandado por correo mi nueva taza de desayuno. Teniendo en cuenta que he comprado el mismo detergente que usa ella, con la taza de desayuno, es como si tuviese mi casa reducida en veinte metros cuadrados. Todos los días le llamo, no puedo evitarlo y es mi culpa. Los papeles se me amontonan. Todos están escritos a colores. Yo preferiría que estuviesen en blanco, a ver si de una vez me dejaban en paz pero no pudo ser. Mientras tanto yo aun no estrené enero, y febrero se presenta como más de lo mismo. Qué desgracia.
Yo sé que él podría convertir hoy en algo más que eso, en más que hoy, veintisiete de enero, en un día especial, por ejemplo. No creo que se le de mal, está bastante acostumbrado a hacerlo. Pero mientras espero que hoy sea algo más, me vuelvo a la cama, me duele la cabeza, y entre mi lado de la cama y la pared, hay poco más que aire.
Pobre Cristina, como diría Sabina.
Pobre Cristina, digo yo.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Propósitos de año nuevo a golpe de treinta y uno de diciembre:

365 días

jueves, 24 de diciembre de 2009

Veintitrés

Hace unos seis meses me compré un vestido bastante bonito que mi madre decidió bautizar como el vestido para una ocasión especial. Y no sabía si dicha ocasión iba a ser en día cinco o treinta y uno, pero lo guardé igual. Tú lo habías entendido mal, pero te gustaba. Y ahora pasan de las dos de la mañana es invierno y me he puesto ese vestido, después de llevar todo el día en pijama. Con cualquier motivo, me da igual. Será que no hay sitio para otro, que hoy no es noche de sábado. Será que en todo el día he tenido la sensación de que hoy se acaba la semana.

Ahora me convence menos lo que sale de la tinta de mi pluma. Es bonita. Y negra. Siempre quise tener una pluma de color negro para escribir con tinta azul.
Pero será que ya no es tiempo de escribir.
Será que hay que sumarle uno más.