lunes, 2 de marzo de 2009

Querida, te conozco desde hace demasiado tiempo como para que te puedas permitir engañarme. Detrás hay más de mil palabras que nunca me dijiste, pero nunca será tarde si llamas a la puerta. Si no lo haces, tú verás. Hasta ahora nunca te había costado hacerme daño.

Ser valiente no es sólo cuestión de suerte.

martes, 24 de febrero de 2009

Cada ocho horas

Anoche encendí el televisor para que me hiciese compañía. Para no sentirme tan sola en el borde de la cama. El reloj me dijo que era ya hora de las pastillas. Primero la blanca, luego la azul, y al final la granate y amarilla, siempre tan dura, siempre tan frívola. Muchas veces me pregunto qué llevará dentro pero nunca me atreví a abrir ninguna. Después del trago de agua, me di cuenta de que tomaba pastillas. Pastillas. Pastillas para dormir que me mantienen despierta. Para quedarme cuerda, para volverme loca. Para no decir nunca nada equivocado. Para escapar de lo poco que queda a mi lado. Para salir a respirar entre el agobio. Pastillas para ser feliz o intentarlo. Pastillas, qué palabra tan fea. Tres cositas tan pequeñas iban a dejarme dormir tranquilamente hasta que sonase el despertador por la mañana. Y después de eso, lloré un poquito. Sólo un poquito. Más de lo imprescindible y menos de lo necesario. Pero hacia dentro, porque me da vergüenza llorar delante del televisor.

lunes, 23 de febrero de 2009

Lejos y cerca de casa

Hay veces que me quejo de tener los pies fríos y quién sabe lo que pensarían de ello esos que viven en lugares donde el cero es hacer calor en pleno febrero. Esas cosas sólo las pienso cuando cojo el 23, que me lleva a casa de mi abuela, donde siempre hace frío. Y no sabemos por qué. A veces salgo a su balcón y en estas noches que empiezan a las seis de la tarde descubro alguna estrella, pero son difíciles de ver. A veces no hay nubes y no me tengo que fijar mucho, pero son las menos. Es como si los fantasmas fuesen encendiendo las farolas que viven junto a la vía del tren, allí, al fondo de todo, justo antes del túnel. Dentro me espera un café con mucho azúcar. Ahora me gusta el café, eso es que me estoy haciendo vieja. O algo así. Igual después salgo con su manta, esa que me gusta tanto, la de cuadros que robó en un tren. Y me duermo fuera, porque hay estrellas. Tú dijiste que sería frío el amanecer. Nada más lejos de la realidad. Está al llegar la primavera.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Ahora sólo pienso en ella


El amor se llevó mi razón. Y sin cortarme ni un pelo, me fui a correr descalza por la zona vieja de la ciudad. De loca, era mi primer día. La piedra de las baldosas aun estaba caliente, como en agosto. Parecía verano. Pero no era más que una noche de febrero tras un atípico día de sol. Había trece grados y yo le regalé mi bufanda a una chica, que estaba loca y vendía libros por cincuenta céntimos, pero parecía simpática. Y aparte, era bastante guapa. Nunca aprenderé que por mucho sol que haga, las noches de febrero siempre serán frías. En la acera de los pares me entretuve en el eco de su mente, fue el mejor momento del día, del año, de mi vida. Yo sólo quería ver salir el sol, pero aun quedaba mucho y había que calentarse los huesos. Le dije algo en bajito y no me oyó. Le grité vente conmigo.

martes, 17 de febrero de 2009

Prohibido fumar

Me he comprado una cazadora de cuero y mi padre dice que ahora soy una jodida princesa del rock, que dejaré de fumar a escondidas y que me montaré en la moto de cualquiera, para dar una vuelta, dos, o no volver nunca. Y a mí me viene dando igual que sea de cuero o de algodón, que yo no me voy montando en las motos ajenas y menos si las conduce un hombre. Niña buena, le llamaban a eso, creo recordar. Sobre el tabaco sólo diré que hay una cajetilla a medias en el cajón de mi mesilla, que te olvidaste hace más de un año ya, con las prisas de volver a casa. Y qué le voy a hacer si me gusta consumirme a escondidas. Y qué voy a decir cuando no quede nada.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Cambio de marcha

Y qué le voy a hacer si me gustar ir lentamente por la vida. Que no se diga que no fui probando. Para qué trazar un plan, para qué escribir un guión si al final yo lo que quiero es acabar perdiéndome siguiendo las lineas de tu mano. ¿Y si no paro nunca de andar? ¿Qué pasará? ¿Vas a venir detrás? En algún momento me empezará a gustar esa música y acabaré siendo una de ellas. Y entonces no tendrá sentido que quiera llegar hasta la otra punta del país en el volkswagen destartalado de papá. Ya no me gustará el riesgo de que un coche me pueda dejar tirada en medio de una autopista cuando no pueda parar de llover. ¿Y entonces de que habrá servido? Yo qué sé. Dios, santo, yo qué sé. En caso de duda, dame la mano, que tengo bastante claro donde quiere ir a parar nuestro final. Y suena mejor que bien. Suena diferente.

domingo, 25 de enero de 2009

Rima consonante

El problema es que hay demasiados poetas y yo me enamoro de todos y cada uno como si tuviese trece años. Maldita sea, tira de mi brazo todo lo que te haga falta hasta que acceda a irme contigo. Malo será que reviente.

sábado, 17 de enero de 2009

La búsqueda del rol


Mi pequeña, hace nada nadabas entre luciérnagas y mariposas. Y ahora tu secreto mejor guardado es que pasarás la noche bajo luces de neón, habrá más de una copa para dos y desayuno con diamantes con una resaca importante. No importa, tenemos todo un mundo por delante. Tokio ya no nos quiere, y yo creo que es que nunca nos quiso. Ahi pasan dos hombres con sombrero, que pretenden vestirse de superheroes. ¿Y qué más da? Hay un cúmulo de propósitos por cumplir, comprar sus nuevos zapatos, ver la televisión, planear un viaje de estudios, ir a Canadá y mil cosas más. Dime, ¿dónde están mis maletas? Yo no estoy contento, soy el aprendiz del mejor de sus trabajos y nada más. Me voy a coger la caravana para no reconocer que no tengo razón. No te preocupes, funcionará. Estoy seguro.

sábado, 10 de enero de 2009

Querida Sophie...


Querida Sophie, hay una morena que me ha robado el corazón. Anoche me dejé olvidado el amor entre sus piernas cruzadas. Anoche, antes de perder el último tren. Me tuve que aguantar y esperar el primero de la mañana. Oiga señora no se cuele, que yo voy antes. Las farolas me miraban y se reían. A mi me parecía oír algo así como pobre iluso el que vive de ilusión. Y después me di cuenta que iluso e ilusión algo tendrán que ver si son casi iguales. Cogí un taxi. Odio los taxis. Pero las bicicletas son para el verano. Si hace sol y no llueve. Y si llueve también. Y joder si llovía. Se me encogen los hombros cuando llueve, me viene de familia. De familia humana, claro está. Si, yo también tengo hambre, pero tendría que reprimir mis instintos más primarios. De no ser así, tendrías las orejas moradas de tanto beso. Un poeta ya muerto me chivó que no te gustan las rosas con espinas. No me ha dado tiempo a quitárselas, pero yo me pincho por ti, no te preocupes. Así todo será mejor. Nunca lo pongas en duda. El tiempo es demasiado poco, no me llega a nada. El tiempo, tú y la distancia sois las tres moscas cojoneras de mi vida, que estáis siempre ahí, detrás de la oreja. Latiendo. Hablando. Recordándome que debería hacer esto y lo otro. Y lo del más allá también. Pero a mi no me gusta la música en directo. De pequeño me enseñaron que no debo aceptar caramelos de desconocidos. Y de mayor aprendí que es mejor no aceptar sus palabras. No les hagas caso, seguro que mienten. Me perdí siguiendo a caracoles, porque nunca me enseñaron a caminar por caminos estrechos. Pero ahora ya estoy aquí. Y por Reyes voy a pedir que se vaya todo el mundo, que nos dejen el columpio para nosotros dos. Vente a tomar un café. O una tila. Te sentará bien, y lo sabes, pero no te gusta mucho hacerme caso.
Oye nena, estoy muy loco, ven conmigo a perder el tiempo por ahí. No prometo parques llenos de palomas, prometo libertad.

lunes, 5 de enero de 2009

Mira que odio la Navidad

Si vuelvo a escuchar la sexta canción, vomitaré. Si como algo más, reventaré. Si pienso en ti, pensaré en qué hago pensando en ti cuando tengo miles de cosas que debo poner antes en mi lista. Poner orden en este caos, cita con el médico, literatura gallega, vocabulario de alemán y vuelta a empezar. Que sepas que yo no follo, yo hago el amor, y nunca jamás firmaré la paz a golpe de sábanas blancas. Siempre prefiero el color. Y tú me susurras que deje la poesía, que ya recitaré mañana hasta que me harte. Y yo no puedo dejarlo, mi empeño en poner lineas rectas en donde no las hay no me deja irme a dormir. Si me voy, no llores por mí. Desenreda el nudo de la cadena de mamá y te felicitaré. Allá dónde esté. Te mandaré una postal y guardarás el sello como un tesoro. Me consuelo encendiendo y apagando la lámpara de colores de mi mesilla. Esta noche habrá que brindar, ¿no? Bah, es todo una gran mierda. Uno por dentro es quien quiere ser. Por fuera, acostumbra a ser lo que quieren los demás. Menos mal que esta vez yo hago de los demás. Y tú haces de ti mismo, por fuera y por dentro. Por delante y por detrás.