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sábado, 4 de abril de 2009

Era ya otro amanecer y el cielo podía volver a ser azul. Depende de cómo se le antojase. Aquí nunca llueve tan temprano. El cigarro de la mañana me aconsejaba que olvidara la noche anterior. Yo no le escuchaba, no me suele dejar respirar. Pero yo intentaba ser amable. Todo era tan distinto. Maldita adicta, la vida es pura adicción. Yo estaba enganchada al papel en blanco hasta que la vi por primera vez. Su nombre estaba escrito es las ventanas. Y en las paradas de autobús. Y en todas partes, al menos mientras ella siguiese dormida entre mis sábanas. Su voz, muchas veces, al oído, me pedía otro rock and roll y a mí, justo en ese momento, no me salían palabras en inglés.

Qué más te da, yo ya no tengo ganas de tocar.
Tras la tercera tostada, tú también te irás.

martes, 17 de febrero de 2009

Prohibido fumar

Me he comprado una cazadora de cuero y mi padre dice que ahora soy una jodida princesa del rock, que dejaré de fumar a escondidas y que me montaré en la moto de cualquiera, para dar una vuelta, dos, o no volver nunca. Y a mí me viene dando igual que sea de cuero o de algodón, que yo no me voy montando en las motos ajenas y menos si las conduce un hombre. Niña buena, le llamaban a eso, creo recordar. Sobre el tabaco sólo diré que hay una cajetilla a medias en el cajón de mi mesilla, que te olvidaste hace más de un año ya, con las prisas de volver a casa. Y qué le voy a hacer si me gusta consumirme a escondidas. Y qué voy a decir cuando no quede nada.

sábado, 22 de noviembre de 2008

12 de la noche

Ella era una de estas princesas chapadas a la antigua, con hora de llegada. De llegada a su casa, a la del vecino o del chico de turno de esa noche. Eso daba igual. Ella siempre besaba con los ojos abiertos. Las mañanas de resaca bebía zumo de naranja con miel y escuchaba rock del duro a todo volumen y en inglés, así que no entendía una palabra. Se miraba en el espejo y le daba igual a quién veía. Su vida le llenaba. Tanto que tenía para dar y regalar. Y nunca sabía qué hacer con ella. Siempre tramaba algo. Siempre hacía planes que nunca se cumplían. Siempre lo sabía todo. Siempre estaba en todas partes. A la salida sus zapatos siempre estaban limpios, impecables. Pero nada más lejos de la realidad. Se fijaba en los pequeños detalles para no tener que parase a pensar en el todo que los rodeaba. Era rara de por si. Miraba bien atenta a los aviones por si podía alcanzar a ver a algún niño sonriendo en la ventana. Era una jodida princesa y una princesa jodida a la vez. Ni se llamaba Alicia, ni vivía en el País de las Maravillas. Pero era irremediablemente guapa. O, al menos, yo la recuerdo así.

jueves, 18 de septiembre de 2008

Más puta que cualquiera

Jodida prostituta de extrarradio,
date por aludida de una vez.
Deja de darme sexo barato
y de pintarme los labios con miel.

domingo, 24 de agosto de 2008

Tirando de archivo

Entrando en un tema delicado, les diré que esto no es normal. Que es inadmisible, inaguantable, inimaginable y todos los adjetivos que usted puedan imaginar que empiecen por in-. Exceptuando claro está, intrauterino y similares, que empiezan con intra-, y ese prefijo ya es otro cantar.
Y esta noche volveremos a dormir con el enemigo. Verdaderamente increíble.





(A buen entendedor, canción y beso en una plaza)

Matrimonio a gananciales


Que vayas, vuelvas o te quedes aquí es todo tres cuartos de lo mismo. Me acuerdo de ti. Lo empiezo, lo dejo, lo retomo, lo doy por terminado. Pienso. Pierdo el tiempo. Reviento. Lo rompo por dentro. Le canto canciones al aire y al viento. Me vuelvo a perder entre calles mojadas. Repetimos la toma que ésta ha salido mal. Se hace de noche. Me pongo el abrigo, que hace frío. Vienes. Te vas. Es todo igual. ¿Así esperas que escriba canciones de amor? Pasan las horas y sigo sola por dentro. El resto de gente no sabe tu nombre. Así cualquiera se esconde. Elijo. Decido. Y al final me quedo con la luna, que en la noche más oscura siempre hace compañía. Todo tuyo el sol, que se esconde tras las nubes. Hoy parece que va a llover.

184

De cuando amar no es delito pero está prohibido y todo lo que puedas decir en tu defensa es pura tontería.

La felicidad tiene nombre de mujer

Y tiene el pelo rizo. Y ojos marrones. Y pantalones pitillo. Y estaba convencida de que su abrigo era negro. Pero no. Y ahí comprendí que no puedo fiarme ni de mis propios ojos.

Menosmalqueaunnosquedaunpocodeheroína

Entonces, sin avisar, en un solo segundo, sin que te des cuenta, la vida coge y te da la espalda. Se marcha. Y si te he visto no me acuerdo. Ahí te quedas, que a mí no me molestas más. Que-te-den. Yo a partir de ahora voy a lo mío. Y a la pobre muerte, que intenta acompañarte como buenamente puede, tú vas y la ignoras. Porque no la crees compañera de viaje. Porque no la crees digna se tu compañía. Echas de menos a la vida. Que tiene la culpa de todo. De que hayas respirado, de tus victorias, de tus derrotas, de tu muerte. Porque fue ella la que decidió irse de incógnito por la puerta de atrás. Escondiéndose de ti como para hacerte una jugarreta estúpida que nunca olvidarás. Y así te quedas. Atontado, mirando al cielo y escupiendo hacia arriba. Maldiciendo como nunca lo habías hecho en tu vida. Como si no supieras pensar. Dices joder, cuántas cosas haría yo ahora. Y blablablabla llueve sobre mojado, al igual que en la canción. Y tras muchos pasos en falso acabas concluyendo que estás igual que los que dejaste atrás. Sólo que ellos respiran y a veces se oye latir un corazón. Por el resto todo debe ser la misma mierda.