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jueves, 16 de abril de 2009

Amarillo





Era un amanecer amarillo.


Tan amarillo que me hacía acordarme de ella.
Siempre tan seria. Siempre tan fría. Siempre tan guapa.
La ciudad despertaba demasiado temprano, pero puntual todos los días. Aquella mañana yo aun llevaba los pies mojados.
Y no sabía de qué.
No tenía a donde ir y caminaba tranquila, descalza. Pensando en ella y su afán por los amaneceres, en especial los amarillos.



Yo recordaba amaneceres amarillos de aquellas noches que ella se revolvía entre mis sábanas después de haberse quedado dormida en mi sofá.
Siempre juraba que no se había dormido,
pero era mentira. Yo hacía que la creía y le daba un beso en la cabeza.
A veces la dejaba dormir un poco más. Dependía del día. Y bueno, de lo que estuvieran echando en la televisión. Todo sea dicho. Cuando me interesaba, nos quedábamos un poco más. Y cuando no, también.


Me gustaba verla dormir
acurrucada, intentando meter su pequeño cuerpo en el sitio que quedaba libre en el sofá. Pero aunque la dejase dormir, me gustaba jugar con su pelo.
Siempre largo. Siempre liso y desenredado
. Su pelo caía como arena entre mis dedos.
La verdad es que siempre me pregunté por qué lo llevaba
tan largo, tan liso, tan suyo. También me gustaba cerrar los ojos cuando jugaba con su pelo. Si hubiese sido ciega de nacimiento estaría enamorada de su pelo.
Estoy segura
.


A pesar de sus amaneceres amarillos, me preparaba tostadas con mermelada de naranja cada mañana que desayunaba conmigo.
A mi la mermelada de naranja nunca me gustó. Demasiado agria para mi gusto. Intentaba ser dulce, pero ningún bote lo consiguió.
Yo nunca se lo dije
, y pasé cuatro largos años desayunando esa pasta anaranjada. Pero me las preparaba con una sonrisa tan bonita que no quería decirle nada.


Ella solía decir que los amaneceres amarillos se daban cuando el día que empezaba quería estar muy cerca del sol. Lo máximo posible. Entonces el sol, siempre tan distante, le dejaba un poquito de su color al día, para que así la mañana se sintiese mejor al empezar.
Después, el capricho ya se le pasaba y
el cielo podía volver a ser azul.
O gris.
O del color que se le antojase.
Menos amarillo.
Ése estaba reservado para los amaneceres.



Amaneceres como el de hoy.



Tanta palabrería para un simple amanecer amarillo.

miércoles, 8 de abril de 2009

Ayer ELLA me llamó


Y yo apagué el teléfono. Rompí sus cartas, mis recuerdos, y me puse a caminar. Y llegué a casa de mis padres, justo para comer.
Hola mamá, en la primera ecografía te dijeron que iba a ser niña. Después nací, lloré todo lo que se me antojó y crecí a golpes de cuchara de palo. Ahora duermo religiosamente todas las noches y me pongo tacones en las ocasiones especiales. Y esta mañana me puse ese vestido porque sé que te gusta.
Hola mamá, tal y como tú quieres, soy heterosexual.



Y después del postre no sé qué va a pasar...

martes, 31 de marzo de 2009

Sencillo y fácil

Duermo de medio lado desde que era pequeñita. No soy capaz de dormirme en otra posición. Pero hay noches en las que sufro de insomnio (in)voluntario. Es tu culpa, no me dejas dormir. Y no me importa. A veces la llegada de la primavera, me altera por dentro y paso noches y noches escribiéndote canciones que nunca van a tener letra porque cambié mi vieja guitarra por un par de paquetes de cigarrillos, un montón de revistas viejas y un vaso de café. Tenía que calentarme el cuerpo y pasar el rato hasta que la vida llegase a su siguiente parada. Y para qué voy a mentir, nunca se me dio bien aporrear las cuerdas.




Nena, pierdo el culo por ti. No tiene más ciencia.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Ahora sólo pienso en ella


El amor se llevó mi razón. Y sin cortarme ni un pelo, me fui a correr descalza por la zona vieja de la ciudad. De loca, era mi primer día. La piedra de las baldosas aun estaba caliente, como en agosto. Parecía verano. Pero no era más que una noche de febrero tras un atípico día de sol. Había trece grados y yo le regalé mi bufanda a una chica, que estaba loca y vendía libros por cincuenta céntimos, pero parecía simpática. Y aparte, era bastante guapa. Nunca aprenderé que por mucho sol que haga, las noches de febrero siempre serán frías. En la acera de los pares me entretuve en el eco de su mente, fue el mejor momento del día, del año, de mi vida. Yo sólo quería ver salir el sol, pero aun quedaba mucho y había que calentarse los huesos. Le dije algo en bajito y no me oyó. Le grité vente conmigo.

lunes, 5 de enero de 2009

Mira que odio la Navidad

Si vuelvo a escuchar la sexta canción, vomitaré. Si como algo más, reventaré. Si pienso en ti, pensaré en qué hago pensando en ti cuando tengo miles de cosas que debo poner antes en mi lista. Poner orden en este caos, cita con el médico, literatura gallega, vocabulario de alemán y vuelta a empezar. Que sepas que yo no follo, yo hago el amor, y nunca jamás firmaré la paz a golpe de sábanas blancas. Siempre prefiero el color. Y tú me susurras que deje la poesía, que ya recitaré mañana hasta que me harte. Y yo no puedo dejarlo, mi empeño en poner lineas rectas en donde no las hay no me deja irme a dormir. Si me voy, no llores por mí. Desenreda el nudo de la cadena de mamá y te felicitaré. Allá dónde esté. Te mandaré una postal y guardarás el sello como un tesoro. Me consuelo encendiendo y apagando la lámpara de colores de mi mesilla. Esta noche habrá que brindar, ¿no? Bah, es todo una gran mierda. Uno por dentro es quien quiere ser. Por fuera, acostumbra a ser lo que quieren los demás. Menos mal que esta vez yo hago de los demás. Y tú haces de ti mismo, por fuera y por dentro. Por delante y por detrás.

sábado, 29 de noviembre de 2008

Los amantes del círculo polar


Me encanta. Suena de repente una música y, en un primerísimo plano, hay unas notas que no dejan de resonar en mi cabeza. Una y otra vez. Y otra vez. Y otra vez. No dejo de repetirte que tengo frío, que me traigas una manta de sofá. De esas que sólo yo uso para meterme en la cama. Fuera llueve y hace frío. Y las madres pelean con lo niños para que vayan bien abrigados. Dentro, debajo de la luz de la lámpara, todo es azul y acogedor. Y se está muy calentito. Uno de mis altavoces siempre estará inactivo, castigado mirando a la pared. Y las notas vuelven a mi boca. Nunca supe silbar. Ni andar en bicicleta. Pero sé perfectamente que existen dentro de mi miles y miles de conexiones que harán que cuando aprenda, nunca más me olvide. Aunque sea vieja y tenga un montón de críos correteando alrededor de mí para que les cuente como era el antes. Pero igual nuca aprendo. Mi pequeña inspiración irregular viene y se va, porque le gusta mucho jugar al escondite para hacerme rabiar. Y a mí no me importa. Un día exploraremos el mundo con una mochila a cuestas, porque para ir y venir lo imprescindible es más que necesario. Si la compañía es buena. Si estás tú en el asiento de al lado. Va a llegar un día en el que, tras perderle el miedo a volar, coja un avión al norte para irme y no volver jamás. Mi casa me echará de menos y nunca volveré. Porque allí hace más frío. Porque dentro de esas casas se tiene que estar más calentito. Porque allí vas a estar tú. Y eso me encanta.

martes, 28 de octubre de 2008

"Lo bonito de la música es poner tú las imágenes"

No me pidas la vida que te la doy. No me pidas tanto, que reviento de lo poco que tengo dentro. Reviento por ti. Y por ti río. Y lloro. Y me muero. La sangre corre por mis venas. No entiendo tu manera de hacer las cosas. Y no me pidas la vida, que te la doy. Me compadezco de tu vida, de la mia y de la muerte. Me dejo llevar por las guerras. Dale un beso a tu madre cuando llegues a casa. Y cada uno en su cama cuando cae la noche. Fría. Áspera. Sin ti. Mi pobre guitarra ya no aguanta mis acordes de cada noche. Las cuerdas se me rompen. La vida se me escapa. Las batallas me persiguen. Las derrotas se me acumulan. Y yo no digo nada. No hago nada. Porque una vez me llamaron cobarde.




http://es.youtube.com/watch?v=VFcwbjt856Y

domingo, 12 de octubre de 2008

Dos entradas

Tonterías. De un día. De otro. Del siguiente también. Tengo un montón de fotos de carnet pegadas una detrás de otra en papel fotográfico y no tengo tijeras para recortarlas. Las líneas rectas siempre se me dieron mal. Yo soy más de retorcerlo todo para aprovecharlo, bien lo sabes. Te cuento mi vida por capítulos y me doy cuenta de que ya es verano. Y del verano deriva el otoño. Y después el invierno. Y un buen día te levantas y ya es primavera. Y así sucesivamente hasta completar el ciclo. La nada, la rutina. Lunes. Viernes. Sábado y domingo. Jueves. Te levantas porque es por la mañana. Vives, comes, consumes, descansas y mueres. Yo no tengo paciencia. Tú tienes prisa. No nos vemos. Se intuye. Rabia. Alegría. Fuerza. Fiestas de final de curso con globos y caramelos. Con niños corriendo alrededor de la piscina. Sería bonito tener un montón de hijos para poder celebrar sus cumpleaños con una gran tarta. Pero aun queda mucho. Las mujeres en la plaza gritan que sus precios son los más baratos. No sé por qué le llamo plaza en lugar de mercado. Los libros se amontonan en donde se les antoja. Sucios. Desordenados. No les hago caso. Saltamos. Subimos. Me sacas dos entradas para el cine y yo no soy capaz de llegar puntual. Imágenes de cartón. Pasión metida en una lata. Me callo. Me agarro. Las flores ya no son capaces de guardar su olor con ellas. ¿Y si vamos a tirarles piedras a las palomas? Yo no quiero morir cuando caiga la noche.

martes, 30 de septiembre de 2008

Levantando el dedo corazón


Que el fuego no me quema ya no me pilla de sorpresa. Porque me duele el corazón, como dedo y como órgano. El primero me lo mordí yo por accidente, y el segundo me lo llevan mordiendo toda la vida mis amores adolescentes. Y si la sangre sigue fluyendo por mis venas es porque ella sola quiere, que corazón mordido no late, si lo sabré yo. La nada de siempre en la que se basa mi vida, ha dejado de ser de siempre para ser ya tan solo nada. Y me rodea todas las tardes a las cinco y media. ¿Crees que es eso lo que más me importa? Tengo el corazón mordido, un dedo con una tirita y la cabeza a punto de explotar porque todas las noches noto como el líquido fluye por lo vasos sanguíneos y, en un arrebato de ingenio, digo que me late.

domingo, 24 de agosto de 2008

Amoríos

Pensaba que ella ya no me amaba. Pero su amor era tan largo como su pelo, tan largo como las bolas de su collar. Tan largo como el infinito, que nunca tiene fin. El amor de una mujer nunca tiene fin.

Me voy

Esta vez si. Ya está llena la maleta. No me cabe nada más. No me cabes tú, así que tendré que llevarte en el recuerdo, si es que aun sé cómo se deja de olvidar. A la bombilla del flexo de mi mesa le queda poca vida. Cuando se funda, compra una nueva, de las que ahorran energía. De sesenta como mucho, que no aguanta más. No encuentro la agenda y ahora no sabré qué días pasé bien, qué días pude aprovechar, qué días tiré a la basura. Mi marca páginas se ha roto. Ahora no sabré en qué página dejé la historia de aquel hombre de negocios que hizo todo mal en su vida, excepto escoger la mujer que de verdad debía estar a su lado. Mi vinilo favorito sigue en el tocadiscos, tengo miedo de que se rompa en la maleta. ¿Crees que hará frío? Tengo miedo de que me pese el abrigo. Y no, no me olvido de la bufanda que me tejió mamá hace algunos años ya.
Me voy. Tiraré el tabaco en la papelera que hay delante del portal. No te preocupes, hay yogures de fresa en la nevera, con trocitos. De esos que están tan ricos. Y con cuidado, no vayas a subir muy alto el volumen del silencio, que el vecino protesta con nada.

Él y ella

A pesar de que arde en deseos de que sus sueños más inconfesables los protagonice un ella, hay un él. Si, hay un él. Es el que se empeña en revolver sus sábanas cada día y dejar la cama hecha un desastre. Que hace que todas, absolutamente todas las noches, se acuerde de él antes de dormir y por la mañana, al levantarse. Eso, suponiendo que duerma y no se pase las horas mirando al techo en la oscuridad. Le hace pensar en canciones en inglés, le escribe cartas de amor en viñetas y nunca se va hasta que abre los ojos del todo para demostrarle que sigue despierta.

Hay un él y él lo sabe. Yo hago como que no sé que lo sabe. Y así le dedico versos y canciones a ella. Y a él, si se da el caso

El primero

Asteriscos, positivos, hermanos pequeños, secretos, líneas "suspensivas", enfados y puntos discontinuos. Rojo carmín, azul petróleo, verde manzana, amarillo canario, blanco roto, negro azabache, gris marengo y naranja butano. Zara, bershka y pull & bear. Hello kitty, Spider-man, Snoopy, Zipi&Zape, Curro, Cobi, Wonderwoman, Daredevil y Elektra. Converse all star. Productos notables dentro de Matrix. La one mariposita que fly on de garden. Peter Parker. Marta, Sebas, Guille y los demás. a, b, c, d, x, y, z. Menta, chocolate, sandía y melón. 100% pura lana virgen. La Viuda negra y iron man. Lavar a máquina máximo 30ºC. ¿Angel or devil? Ángeles de Charlie, Sunday,bloody Sunday, Sexo, drogas y rock & roll. 8x1= 8. Sal, pimienta, perlas y azúcar. The O.C., Final Fantasy X. Vestidos, negros, calcetines naranjas, bolsos de charol, zapatos rojos y limonada bien fresquita. 4 horas con Santi y 5 horas con Mario. Café y confesiones. Vive con la muerte, muere con la vida, baila un tango con la tristeza, lava en seco, bucea con ositos de gominola, duerme con la alegría, besa a la duda, da un paso a frente con la timidez, salta a la cuerda con la curiosidad, canta con el odio, muerde con la pasión, visítame en diciembre, envuélvete en la felicidad, roba una sonrisa, respeta al miedo, vete de compras con la misantropía, báñate en una lágrima, fala galego, escúpele al respeto, lee tu destino, ahógate en un vaso de agua. Are you still having fun? Que se note que has vivido. Peces de colores, a rayas, cuadros y topos. Con flores y algún que otro dibujo extraño. Caballitos de mar que galopan al viento. hierba que crece lentamente. Flores que sonríen a las nubes. Árboles sin hojas en pleno agosto, que florecen en diciembre. Hierba roja, amapolas verdes. 10 de enero, 4,16 y 24 de febrero, 21 de marzo, 27 de mayo, 10 de agosto, 20 de septiembre, 20 de diciembre. 20 de abril del 90. 7 de enero del 2000. Mayo del 68. Abril del 57. Octubre del 98. Barcelona 92. Agosto del 36. Wake me up when September ends. I never really knew that she can dance like this. Dicen que dicen que anuncian que existe. I Can´t live with or without you. All around the world. Bienvenidos a los hijos del Rock and Roll. Zippers&your pearls, hey girl. Miro tu jersey azul, me gusta que huela a ti. Say goodnight and go. Eso somos tú y yo, el cielo y el suelo, putadas y amor, pereza y desvelo, lija y terciopelo. So if you're lonely, you know I'm here waiting for you. Tied to the Ninetees. Todo, todo, todo, todo, yo quiero contigo todo, poco, muy poco a poco, poco, que venga la magia y estemos solos. Jacqueline was seventeen... Y cuando acabó de zurzir las heridas de las noches mal dormidas llegué yo. I'm still haven´t found what I´m looking for. And birds go flying at speed of sound. Y no puedo dormir desde que me dicen que también piensas en mí. Duerme conmigo, yo te canto, te arrullo, te arropo, te abrigo, te mimo. I can´t believe that I tried to freeze your heart. Decía que tenía el corazón alicatado hasta el techo, que a ver si no podía hacerle yo una cenefa a besos. I've heard it all before. And she will be loved.

Tres galletas de canela

Recuerdo que desayunaba tres galletas de canela y un vaso de leche templada. Siempre de botella de cristal. Le gustaba pasear por las mañanas, quizá por eso se levantaba una hora antes de lo debido. Nunca quiso decirme si era así, y yo decidí imaginarlo. En la ducha tarareaba alguna de los Beatles o la que hubiese escuchado en el autobús de vuelta el día anterior. No se esforzaba en la letra porque creía que nadie la escuchaba. Yo lo hacía, pero nunca tuve el valor de confesárselo. Por las noches, si salíamos, se ponía los tacones. Estaba tan guapa. Me gustaba ver cómo se maquillaba ante el espejo y sorprenderla con un beso. Esos siete centímetros que aguantaban su cuerpo hacían que su boca estuviese a la altura de la mía. Mejor dicho, que mi boca estuviese a la altura de la suya, porque la suya era mejor. Toda ella era mejor. Y me hacía serlo a mí. Cuando viajaba en tren exprimía los últimos segundos en la estación. Me decía cosas que nunca supe descifrar porque un cristal no me dejaba oírla y no soy muy bueno leyendo los labios. Pero asentía y sonreía. Mucho. Y a ella se la veía feliz cuando el tren arrancaba. A los pocos minutos me llamaba por teléfono porque decía que ya echaba en falta mi voz. La excusa era mala, pero se disculpaba diciendo que la ventana le había privado de ella unos minutos más. Y yo la creía. Y la escuchaba hasta que el primer túnel cortaba la llamada. En el viaje de vuelta también me llamaba. Decía que me tenía que preparar para el sinfín de historias que tenía que contarme. Pero yo sé que, en el fondo, me echaba de menos y que por eso dejaba el libro y cogía el teléfono. A su llegada, tocaba una buena juerga. Hasta el amanecer. “Si se sale, se sale hasta que salga el sol; si no, no se sale” solía decir siempre que deshacía la maleta. Y yo la miraba como un niño impaciente, esperando a que se calzase sus amados tacones y nos fuésemos a bailar. A bailar hasta que cerrase el local y nos tuviésemos que ir a otro que abriese hasta más tarde. A bailar hasta que mi pequeño cuerpo no resistiese más y ella me repitiese una y otra vez su frase. Los desayunos de esas noches no tenían galletas de canela. Eran de churros y chocolate muy caliente con leche fría, al más puro estilo de Año Nuevo. Pero no todo era fiesta. Entre semana, cuando llegaba a casa, me daba un beso en la cabeza para que no tuviera que levantarme del sofá. Pero yo iba tras ella cuando se quitaba el abrigo y dejaba el bolso encima del taburete. Para cenar se quitaba las gafas sin razón alguna. Y cuando acabábamos, los platos quedaban en el fregadero hasta la mañana siguiente, porque, aunque hiciese frío, salíamos al balcón y hablábamos. Más bien ella hablaba y yo escuchaba embobado. Me contaba que el futuro no era más que un grupo de artistas de circo con las manos vacías, que no quedaban más que electrodomésticos oxidados en las afueras de la ciudad. Que de pequeña dibujaba corazones de tiza en el encerado con sus compañeras de clase, que quería irse a vivir a otro sitio, pero no sabía cual. Y yo estaba invitado. Antes de dormir la miraba como si no la hubiese visto nunca y me daba la vuelta dejándola siempre con la palabra en la boca. Yo tenía demasiado sueño y ella decía sufrir de insomnio. Pero yo sé que lo que le gustaba era contarme historias para dormirme.
Estaba seguro de que ella era la mujer de mi vida. Me dio más de cien motivos para quererla, más de cien razones para amarla, más de mil sonrisas para que siguiese junto a ella. Nunca había creído en el amor, pero me amaba como nadie lo había hecho. Me dejaba estar a su lado y, de vez en cuando, adentrarme en ella. Me abrazaba por las noches y me susurraba estribillos de canciones en francés que me hacían sentir que volvía a ser niño. Fue ella la que me engañó, diciéndome que me enseñaría a besar, para robarme un beso. Fue la que me regaló su sonrisa gris mientras mirábamos cómo el mar se retorcía sobre sí mismo. Y en una de esas veces en las que la brisa chocaba contra mi cara, me juré que jamás me enamoraría de ella. Pero que nunca la olvidaría. Ni a ella ni a su sonrisa.

Un beso

Piensa en un beso. Tan solo en uno. Uno. Un beso. Piensa en el mejor beso de tu vida. Y dime, ¿ha pasado ya?

Momentos


Es uno de esos momentos que pasan rápido. Deprisa. Sin que te des cuenta. Es donde ves que el resto te rodea y te ignora. Y la nada te roba la intimidad. Es uno de esos instantes, en un segundo, en un suspiro. Donde sólo te da tiempo de respirar. Donde uno no piensa. Es ahí, amigo mío, cuando todas las canciones de amor comienzan a tener sentido. Así que ponte la chaqueta, afina tu guitarra y sal fuera. Que aún tienes mucho rock 'n' roll que demostrarle al mundo. Al mundo y a ella. Sobretodo a ella.

Jugar al escondite

No sé por qué

Pero me sorprendí a mí misma

Corriendo detrás de un tren

Que no aparecía en los horarios

Para el que tenías billete

Y yo no lo sabía





Y así se fue alejando

Ruidoso, enorme, brillante

Y me quedé entre la gente y sus maletas

Porque ahí supe que cogías ese tren

Y comprendí

Que me lo habías dicho todo

Yo no lo sabía

Tú no lo sabías

Me lo habías dicho sin querer