sábado, 4 de febrero de 2017

Pablo

Pablo es exactamente doce meses y doce días mayor que yo. No sé a qué hora nació, y muchas veces se me olvida a qué hora nací yo, así que no sabría decir si a los doce días y doce meses podríamos añadirles doce horas, pero sería divertido poder pensar que sí. 

Ahora mismo han pasado más de doce meses, y más de doce años. No sé cuántos exactamente, me da algo de pereza contarlos ahora mismo porque tengo que irme a dormir, pero más de doce, seguro. Y Pablo siempre está. Aquí, a dos paradas de tren, a más de mil kilómetros al este. O al otro lado del teléfono, porque siempre, en su caso, significa siempre y no todavía.

A Pablo nunca le he hecho una tarta, porque no sé si le gustan las tartas. Y en realidad, hacer tartas no se me da muy bien, soy más de hacer cenas de dos platos y, de postre, mandarinas de las pequeñas. Que se llaman clementinas, o al menos eso está escrito en la bolsa, pero creo que nunca se lo dije. 

En resumen, con Pablo no hay tartas, pero hay muchas páginas. Desde siempre, estén entre tapas duras que todavía conservan su plástico o sean de libros descatalogados que se hacen de rogar. Y a mí, por suerte, aún me quedan muchas en blanco en la libreta nueva. 

Hacía mucho que no te escribía nada. Supongo que los 30 merecían la ocasión.
Feliz cumpleaños. 

No hay comentarios: