martes, 28 de junio de 2016

Hoy: esperar

Partimos de la idea de que vivo a base de palabras. A partir de ahí, he de confesar que pocas cosas me incomodan más que no saber qué decir en una conversación. No es una conversación cara a cara, que esas son muy fáciles. En una charla escrita. Qué viene después, qué te digo si no vas a ver qué cara pongo. Qué cara pongo de esperar. Porque lo más importante es recordar que los que esperan, no son ellos.

jueves, 23 de junio de 2016

Todo ha salido mal

Han pasado muchos pero que muchos años de la primera. Y aún así, no he aprendido.

Todo del revés, mi especialidad. Superpoder de mierda. 

martes, 21 de junio de 2016

Medianoche

Supongo que si mañana me pongo una camisa no voy a poder abrocharme todos los botones hasta arriba, porque llueve pero hace calor, qué tiempo tan loco, qué manía de escribir siempre conversaciones de ascensor.

Supongo, o bueno, más bien sé, que todas las horas que quedan hasta que llegue mañana se me van a pasar lentas. Muy muy lentas. Qué lento estás pasando, junio. Nunca me has gustado y aún así, te dedico la coma del vocativo, que es una de esas comas que la gente olvida muy a menudo. La gente, entre la que yo misma me incluyo, porque hay comas que merecen la pena. También las hay que es mejor dejarlas pasar. Y otras son importantes, sea la hora que sea. Entiéndase cada una de ellas como aliento, respiro, pausa para desayunar. 

sábado, 18 de junio de 2016

Es muy tarde

Muy tarde. Mucho. Tanto que mañana me voy a reír mucho cuando vea que me queda muy poco para irme. Tan poco, que voy a pensar en qué temprano es, que no está empezada la vida, aún no se ha puesto a llover, todavía no hay café.

Además, ya casi es verano. Y el verano es la época oficial de acostarse tarde. ¿Por qué? Porque escribo. ¿Cuándo? De madrugada. ¿Y eso? No sé. Por costumbre. O quizá por el café que me tomé a media tarde, porque puede y sólo puede que no fuese descafeinado. Ah, sí, vuelvo a tomar café. Mucho café. ¿Por qué? Porque vuelvo a escribir. De madrugada. Muy tarde.

viernes, 17 de junio de 2016

Tenía muchas ganas de hacer poesía

Casi sin versos.
Rima libre. Siempre libre.
La misma que hace romper las olas
En la orilla
O un poco antes.


Ahora sólo falta que unos locos me la quieran comprar.

martes, 14 de junio de 2016

Si pudiera romper a llorar


Si pudiera romper a llorar, me sentaría, rompería, lloraría, y así con todos los verbos que puedas conjugar en condicional. También cogería un tren y un autobús, dos billetes para llegar a pisar adoquines de piedra. Por debajo tienen agua, por encima les da el sol. Y desprenden humo, calor, verano y el recuerdo de aquella vez que no hubo hierro que bastase.

Eso, si pudiera. Como no puedo, cierro los ojos y suena Gold Rays de Vynil Pinups. Qué gozada de atardecer.

sábado, 11 de junio de 2016

Vuelve a ser casi verano

Madre mía, la de tiempo que no me enfrentaba a este teclado por placer. Desde enero, que se dice pronto. También se dice pronto que estamos en 2016, que va a llegar el verano, y bien sabéis que hace muchos años que este blog se rige un poco (bastante) por lo que se ve afuera.

2016, y hay cosas que no cambian, como el primer café de la mañana en silencio. La ventana sigue a mi lado. Por cierto, nunca lo he dicho, está a la derecha, y sé que es la derecha porque tengo un lunar en esa mano.

Por suerte, hay cosas que sí cambian. Por ejemplo, en este último rato he dicho muchas verdades, pero también me han dicho muchas verdades, y es algo que necesitaba más o menos desde 2012. He descubierto el encanto de los puertos, después de pasar no sé cuántos años rodeada de mar. Lo sé, no tengo perdón. Tengo una taza nueva y es de color verde militar, por dentro y por fuera. He descubierto que ya no me mareo en los trayectos de autobús. Esto último es una de las cosas que me dio abril. No es la que más me ha gustado, pero sí de la que puedo estar más agradecida.

Ahora tengo la sensación de que la próxima semana traerá muchos kilómetros por delante. Ojalá que sí.