jueves, 6 de noviembre de 2014

Un hambre voraz

Parece mentira que haya pasado tanto tiempo desde la última vez que me senté a pensar tranquila. No pido perdón porque no considero que tenga que pedirlo, pero igual sí tengo que pedir que me cuides un poco más, que no me dejes hacer el mal, que me traigas alegrías. 
Esto ya había pasado antes. Yo aprendía de nuevo a leer, a escribir, el alfabeto, los números y a contar historias. Pero bien contadas. Y tú, aunque distraído, empezabas a saber por qué tantas pausas, por qué me gusta poner de repente tantos puntos y seguido, por qué tengo siempre hambre, por qué me sobra tanto amor que dar. 
Y antes de eso, hace mucho mucho tiempo, alguien me dijo que si se me olvida escribir a menudo, es porque estoy siendo feliz. Y no le faltaba razón.