viernes, 16 de mayo de 2014

Hay cosas que me preocupan

Cumplir años. Soplar velas. Que mis ojos sigan viendo. Y mirándote. Que me quede aliento. La calidad de los tomates. Los melones. Las sandías. Los lunares y tu piel. Que siga habiendo sellos. Y plumas. Y cojines, tijeras y papel. Perder la confianza en los demás. Perder la confianza en uno mismo.

miércoles, 7 de mayo de 2014

Palabras bonitas

Hay días que están hechos para escribir palabras bonitas. Por eso, hoy tengo que decir que me he acostumbrado a vivir al revés, a que mires a otro lado. He pedido un libro que posiblemente tarde en llegar, porque a veces la gente ignora cosas que son importantes. Tan importantes como los susurros y los abrazos, que una vez que el ascensor llega al quinto, se recuerdan siempre.
Hay días que están hechos para escribir palabras bonitas y me he dado cuenta de que con tantos años detrás hay palabras que tengo sin usar. De otras desconozco el significado, el contexto, el acceso y las ganas. Por eso, las palabras bonitas me intentan dar consuelo, porque en pocas horas amanece y presiento que hoy será un día de reencuentros, de enviar cartas por correo urgente, de evitar decirte que no.

martes, 6 de mayo de 2014

¿Y si no duermo nunca más?

Tengo una nueva cicatriz y me asusta tanta sutileza, de tanta gente, sin final. Se oyen violines a los lejos, y al bajar, puede que tenga miedo de lo que me encuentre. Una luz encendida, libros en el suelo, papeles ordenados, una vida por contar.
No sé si tengo culpa de algo. Pero siendo así, he de decir que hay heridas, como la que ayer curé, que sólo son dos pinchazos y se van. Y otras, que no cicatrizan nunca, como que hoy hace tres meses que no me atrevo a tomar café.

lunes, 5 de mayo de 2014

Tal vez sea mejor decidirse

Si vamos a ir, vayamos. Y si no, déjame que te cuente que no soy nada sin todo lo que me rodea. En especial, todo lo que es pequeño y de color blanco. Porque las soluciones a mis mayores problemas siempre han sido de color blanco. Mis grandes problemas, ya sabes, me he perdido caminando, no sé cómo han llegado al suelo todos esos trozos de papel, hay pasta para cuatro recién hecha. No hay tinta en la impresora, se me mojaron los libros, no queda valeriana, no puedo dormir.

jueves, 1 de mayo de 2014

Las cosas inconexas y yo no puedo dormir

Dar los buenos días. No usar comillas dentro de más comillas. Usar todas las palabras: incongruencia, señales, perturbar, autocine. Todas mis falta de ortografía vienen de no hacerte caso y se marchan tranquilas, pensando que cada día que se va es una hoja que paso del calendario, y nada más que eso. 
Sin embargo, a mí me hace falta estar dándoles vueltas una y otra vez a los mismos guisantes dentro del mismo plato. De primero, de segundo, de venirse arriba, de echarte de menos, de mancharme con rotulador. 
No importan mucho ya ni los colores ni los días. Ni qué tarde es que hay que madrugar mañana. Me importa mucho más qué pasará el día en el que cuando llegue la hora de ir a dormir vuelva a no ser capaz. Porque llegado ese día, ya no habrá calma ni remedio, y todas las palabra acabarán en vocal. 
El problema aquí, querida, es que nunca se es consciente del daño que se puede llegar a hacer.