domingo, 23 de marzo de 2014

La ardua tarea de elegir lado de la cama

Hasta ahora mismo nunca me había parado a pensar que me gusta más estar cerca de la puerta. Nunca me había parado a pensarlo, y debe ser porque hay demasiadas puertas y muy poco sueño. También hay veces que me ha tocado estar pegada a la pared, y no precisamente por la noche. Hablo aquí de luces blancas y coches, sin maquillaje. Y de sombras, que por mucho que me intentasen convencer de lo contrario, escondían algo más que uvas todavía verdes.
Cuántos golpes, cuántas risas. Les pongo tilde porque estoy exclamando, casi sin querer. También hago otras muchas cosas sin querer. Hay veces que me muerdo sin querer. Sí, hay veces que me muerdo sin querer y otras no tanto. También hay veces que hace mucho frío y me prestas una manta de color rojo. Es roja porque cuando me muerdo sin querer, a veces sale sangre. Y a veces no. 

viernes, 7 de marzo de 2014

Hoy y nada es todo lo mismo

Hoy no voy a hablar de lluvia. Ni tampoco de mar. Ni de cojines, ni de sueños, ni de ti. Hoy no voy a hablar de nada en concreto porque tampoco encuentro palabras para hablar de mentiras, de reír y de llorar, de dormir poco o lo que me pasa por dentro. Tampoco de faltas de ortografía.
Hoy no voy a hablar de nada de eso porque no hago más que volver siempre a las mismas frases, el mismo daño, el mismo amor.

jueves, 6 de marzo de 2014

Caramelos de limón

Sólo mi papelera sabe cuántos he comido. Si como caramelos de limón es porque no tengo más opciones. No me quedan ganas de hacer tarta de limón. No puedo aliñar las ensaladas. Y por eso guardo siempre un puñado de caramelos de limón en la mesilla. Por si no me queda más remedio que comer caramelos de limón. Y por si no me queda más remedio que dormir. 
Gusto más del insomnio y del sabor de la naranja, pero la casualidad lo quiso así. De limón. Sin azúcar. Sin verdad.