domingo, 10 de noviembre de 2013

El miedo no se crea ni se destruye

Vuelvo a tener miedo porque si hay algo que lo caracterice es que el miedo no se va. El miedo llega y no se va nunca. Sólo se transforma. Tenía miedo a dejarme la puerta abierta, a que todo ardiese sin sentido, a morir ahogada, a que supiesen que fui yo quién se comió toda la gelatina. Tenía miedo de todo eso y tengo miedo de otras muchas cosas más, que no necesariamente excluyen a las anteriores. El miedo está siempre conmigo. Tengo miedo a la luz y a la oscuridad, a que llueva demasiado y a una sequía excesiva. Tengo miedo de querer, de reír y de escribir. Sobre todo eso, miedo de escribir y que nunca acabe diciendo todo lo que en realidad necesito decir.
Pero al final el miedo es sólo eso, miedo. Por eso le dedico palabras y le dejo que duerma conmigo. Hace tanto tiempo que llegó que le dejo elegir lado de la cama, si hay que cerrar las persianas, si mañana va a querer ser protagonista.

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