viernes, 29 de noviembre de 2013

Cien, mil o noviembre

Por poder, podría contar, desde el uno hasta cien, o hasta mil incluso. Podría contar todas las veces que me equivoqué, con números o con palabras, depende de qué prefieras. O del tiempo que tengas. O del tiempo que tenga. O qué sé yo. 
Podría contar también las cosas que duelen. Con números, con letras y, si me apuras, con el dedo índice, porque nunca me fiaré de la gente que señala con el corazón. 
Podría contar tantas y tantas cosas, que se me olvidaría contar que se acaba noviembre, que siempre fue un mes gris y ahora gracias a él veo todos los días el mar. Y además de contar, podría pedir. Pedir por favor que no me dejéis estar sin dormir, que no me dejéis volar por el frío, que no me dejéis alejarme del mar. Nunca.

domingo, 10 de noviembre de 2013

El miedo no se crea ni se destruye

Vuelvo a tener miedo porque si hay algo que lo caracterice es que el miedo no se va. El miedo llega y no se va nunca. Sólo se transforma. Tenía miedo a dejarme la puerta abierta, a que todo ardiese sin sentido, a morir ahogada, a que supiesen que fui yo quién se comió toda la gelatina. Tenía miedo de todo eso y tengo miedo de otras muchas cosas más, que no necesariamente excluyen a las anteriores. El miedo está siempre conmigo. Tengo miedo a la luz y a la oscuridad, a que llueva demasiado y a una sequía excesiva. Tengo miedo de querer, de reír y de escribir. Sobre todo eso, miedo de escribir y que nunca acabe diciendo todo lo que en realidad necesito decir.
Pero al final el miedo es sólo eso, miedo. Por eso le dedico palabras y le dejo que duerma conmigo. Hace tanto tiempo que llegó que le dejo elegir lado de la cama, si hay que cerrar las persianas, si mañana va a querer ser protagonista.

martes, 5 de noviembre de 2013

Hay cosas que sólo pueden ser de una manera

Me pasé octubre entre lluvia y por eso no tuve tiempo ni de pensar ni de escribir todo lo que me hubiese gustado. El problema llega cuando octubre acaba y yo ya no tengo ganas ni de pensar ni de escribir, porque como todo lo apasionante tiene su parte mala, gasto demasiadas horas pensando y escribiendo casi obligada. ¡Ojalá que llegase un tiempo de escribir por completa obligación! Y ojalá también que este noviembre no sea como todos los anteriores, siempre gris y sin calma. Y ojalá que todas las cuentas que tú haces me den a mí el mismo resultado.