sábado, 12 de octubre de 2013

Octubre, trenes y libros

He llorado mucho y muy fuerte porque posiblemente siempre sobren razones para llorar, como por ejemplo mis catarros de octubre, la vuelta al cole, echarte de menos o mi ya recurrente incapacidad para dormir. Entre tanto, menos mal que éste va a ser un mes de coger trenes, que posiblemente no me acaben llevando a ninguna parte, pero al menos no me quitarán lo que llevo dentro. Porque anuncian el momento exacto en el que podré subir y soñar si así lo creo necesario. Me gustan los trenes porque rara vez me hacen marearme, lo que reduce las posibilidades de decir palabras sin relación alguna. Me gustan los trenes porque me dejan leer y escribir, que son las dos cosas que más me gusta hacer en este mundo, suponiendo claro está que omitamos bajarme tres paradas más allá los sábados a la hora de la cena. Pero sobre todo, me gustan los trenes porque soy capaz de perdonarles su impuntualidad. 

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