lunes, 7 de octubre de 2013

Menos mal que quedan lugares que no tienen mar

Soy un animal de muchas cosas. Entre ellas, soy un animal de costa, que tuvo que huir unos pocos años en trenes de madera a unos cuantos kilómetros del mar. Lo bueno de todo eso es que esos años ya pasaron y me reconcilié con todas las rotondas que tiene esta ciudad de cristal. El problema viene cuando no me llega, cuando ya no hay trenes de madera, cuando quiero tomar decisiones a gran velocidad. En esos casos, tengo que marcar el norte hacia delante y los recuerdos bien detrás, porque de poco sirve que me pidas cosas cuando tenemos que salir nada más entrar. Pero menos mal que por el medio de un día festivo cruza un río. Y menos mal que los ríos, al final, llevan al mar.

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