jueves, 31 de octubre de 2013

Podría ser realista

Podría ser realista y pensar que no vale la pena poner el despertador si no es para que entre todo el aire que me rodea, haya algo que me dé calor. Algo que me corrija las tildes que se me escapan sin querer por todos estos años que pensé muy poco y a la vez demasiado. Y ya no hablemos de escribir. Podría ser realista y pensar que hay demasiado ruido y muy poca justicia. Pero para qué, si no van a callarse por si solos y yo no puedo hacerlo. También podría ser realista y, así, agarrarme bien fuerte a un cojín, porque vaya donde vaya, dudo que quede alguno libre si es que hay. El cojín me mantiene en posición horizontal y pegada al suelo, sin tener nada que ver con kilómetros, aviones y cruzar el mar. Por eso podría ser realista.
Ciertamente sí, podría ser realista. 
Podría.

sábado, 12 de octubre de 2013

Octubre, trenes y libros

He llorado mucho y muy fuerte porque posiblemente siempre sobren razones para llorar, como por ejemplo mis catarros de octubre, la vuelta al cole, echarte de menos o mi ya recurrente incapacidad para dormir. Entre tanto, menos mal que éste va a ser un mes de coger trenes, que posiblemente no me acaben llevando a ninguna parte, pero al menos no me quitarán lo que llevo dentro. Porque anuncian el momento exacto en el que podré subir y soñar si así lo creo necesario. Me gustan los trenes porque rara vez me hacen marearme, lo que reduce las posibilidades de decir palabras sin relación alguna. Me gustan los trenes porque me dejan leer y escribir, que son las dos cosas que más me gusta hacer en este mundo, suponiendo claro está que omitamos bajarme tres paradas más allá los sábados a la hora de la cena. Pero sobre todo, me gustan los trenes porque soy capaz de perdonarles su impuntualidad. 

lunes, 7 de octubre de 2013

Menos mal que quedan lugares que no tienen mar

Soy un animal de muchas cosas. Entre ellas, soy un animal de costa, que tuvo que huir unos pocos años en trenes de madera a unos cuantos kilómetros del mar. Lo bueno de todo eso es que esos años ya pasaron y me reconcilié con todas las rotondas que tiene esta ciudad de cristal. El problema viene cuando no me llega, cuando ya no hay trenes de madera, cuando quiero tomar decisiones a gran velocidad. En esos casos, tengo que marcar el norte hacia delante y los recuerdos bien detrás, porque de poco sirve que me pidas cosas cuando tenemos que salir nada más entrar. Pero menos mal que por el medio de un día festivo cruza un río. Y menos mal que los ríos, al final, llevan al mar.

domingo, 6 de octubre de 2013

Debes pensar que he perdido la cabeza

Normalmente todo empieza y termina en el mismo sitio, con las mismas cosas, la misma gente, la misma vida. Y normalmente todo empieza con un trozo de metal, pero a estas alturas solamente me quedan pedacitos de plástico. De colores, pero de plástico. No tengo barniz y tampoco me queda agua en la botella. Además, mañana será mañana, pero mientras tanto sigue siendo hoy. Y hoy no tuve noticias. Hoy no tengo noticias. Hoy no las tendré y yo me dejo caer. Más de lo imprescindible y menos de lo necesario. Es decir, como siempre.

sábado, 5 de octubre de 2013

Si se va a caer el cielo con toda esta lluvia, que lo haga ya. Yo me canso de esperar.

viernes, 4 de octubre de 2013

Octubre y Benedetti

Hay diez centímetros de silencio
entre tus manos y mis manos
una frontera de palabras no dichas
entre tus labios y mis labios
y algo que brilla así de triste
entre tus ojos y mis ojos
claro que la soledad no viene sola.