miércoles, 17 de julio de 2013

Es julio. Es tarde

Mátame, amor. Porque voy a arrodillarme ante un sentimiento por la simple razón de que es julio, es tarde, hace calor. Pero sin duda, la razón más importante es que nada de lo anterior pudo conmigo, ni todo el ruido que hay por las noches bajo mi ventana, ni las mentiras que se cuentan a puñados en escaleras blancas. Tampoco el miedo de no haber cerrado con llave. Ni siquiera el flan con vodka negro para seis personas que comí una tarde, hace años ya, cuando los flanes junto con otras miles de cosas más, éramos grandes amigos pero nos hacíamos daño en más o menos veinte metros cuadrados. ¡Y eso que todavía no sabía nada del cuarto de siglo!

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