miércoles, 19 de diciembre de 2012

Quedan trece días para dos mil trece

Este año voy a necesitar un buen calendario. No es que lo esté mendigando aquí, simplemente necesito un calendario para que se me vaya escapando el tiempo poco a poco como ya es costumbre, pero por lo menos sepa en qué día, y si nos ponemos exquisitos, en qué hora vivimos.
No tengo propósitos para dos mil trece. Lo escribo con letra porque entre mis múltiples manías está la de no escribir con todos sus números el nombre de un año antes que llegue. Lo escribo con letra también para que no se me olvide que en realidad tengo los mismos diez propósitos de siempre, que me hago todos los años pero nunca cumplo, así que la lista es muy vieja ya, pero por lo menos no gasto papel en prometer nada. Porque mis promesas y mis sutilezas siempre tienen algo de verdad pero mucha parte de mentira, como tantas veces he relatado ya.
Me quedan trece días para hacerme con un calendario. Y para quererte algo menos de lo que haré el próximo año, porque si no caigo en las tradiciones clásicas, al menos permitidme ser un poco cursi.

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