martes, 18 de diciembre de 2012

Cuatrocientos noventa y nueve

Puedo acostumbrarme a que haya doce grados ahí fuera. Puedo acostumbrarme y eso quiere decir que no siempre los va a haber porque todavía no hemos entrado en el invierno, en nuestro invierno, con mis pies helados y lleno de café. Ahora pienso que sin querer nos hemos puesto a escasos quince días, tú quisiste aficionarte a la uvas y yo simplemente despediré este año siendo un poco más rubia, literalmente. Tenía ganas de cambiar y sin querer lo he ido cambiando todo. Todo, menos esa sensación de qué habrá pasado con dos nombres propios que están pintados en el asiento de un autobús.

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