sábado, 29 de diciembre de 2012

No sabes la de veces que me prometí que leería a Alicia

It was high time to go, for the pool was getting quite crowded with the birds and animals that had fallen into it: there were a Duck and a Dodo, a Lory and an Eaglet, and several other curious creatures. Alice led the way, and the whole party swam to the shore.


Alice's Adventures in Wonderland, Lewis Carrol

lunes, 24 de diciembre de 2012

jueves, 20 de diciembre de 2012

No puedo prometer pero prometo

No sé muy bien cuál era la frase original, pero sí me acuerdo de que cuando todo estalló comíamos fruta demasiado dulce, porque hay veces que mas cosas se endulzan demasiado y empiezan a picar. Ahora me pica la garganta porque es invierno, porque el invierno pica por dentro y no por fuera, cono la primavera y el verano. Me pica por dentro, me duelen los huesos, me mojo los pies y tampoco sé por qué me decidí por dejar que me atropellen los finales, si siempre los tengo pensados de antemano. Hablo por una vez de finales en el sentido literal de la palabra, nada de puntos seguidos y cosas así. Final como fin, como el borde del precipicio que empecé a construir antes de cumplir la veintena.
En público no me gusta hacer balance de nada, pero hoy me han recordado que entre todo lo que soy, entra también un número impar y tengo que decir que los finales llegan sin querer, que este dos mil doce se me acaba sin querer y que no se ha portado bien conmigo.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Quedan trece días para dos mil trece

Este año voy a necesitar un buen calendario. No es que lo esté mendigando aquí, simplemente necesito un calendario para que se me vaya escapando el tiempo poco a poco como ya es costumbre, pero por lo menos sepa en qué día, y si nos ponemos exquisitos, en qué hora vivimos.
No tengo propósitos para dos mil trece. Lo escribo con letra porque entre mis múltiples manías está la de no escribir con todos sus números el nombre de un año antes que llegue. Lo escribo con letra también para que no se me olvide que en realidad tengo los mismos diez propósitos de siempre, que me hago todos los años pero nunca cumplo, así que la lista es muy vieja ya, pero por lo menos no gasto papel en prometer nada. Porque mis promesas y mis sutilezas siempre tienen algo de verdad pero mucha parte de mentira, como tantas veces he relatado ya.
Me quedan trece días para hacerme con un calendario. Y para quererte algo menos de lo que haré el próximo año, porque si no caigo en las tradiciones clásicas, al menos permitidme ser un poco cursi.

martes, 18 de diciembre de 2012

Cuatrocientos noventa y nueve

Puedo acostumbrarme a que haya doce grados ahí fuera. Puedo acostumbrarme y eso quiere decir que no siempre los va a haber porque todavía no hemos entrado en el invierno, en nuestro invierno, con mis pies helados y lleno de café. Ahora pienso que sin querer nos hemos puesto a escasos quince días, tú quisiste aficionarte a la uvas y yo simplemente despediré este año siendo un poco más rubia, literalmente. Tenía ganas de cambiar y sin querer lo he ido cambiando todo. Todo, menos esa sensación de qué habrá pasado con dos nombres propios que están pintados en el asiento de un autobús.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Este fin de semana ha tenido un festivo y un domigo

Estamos a nueve de diciembre, domingo nueve de diciembre. Ayer fue festivo, pero como ya es Navidad, porque para qué engañarnos, ya es Navidad, fue como un sábado cualquiera. Hace ya casi un año que mi reloj se paró, y no he tenido ni tiempo ni noción del mismo para ir a cambiarle la pila. Hace más de tres meses que no estudio nada de alemán, ni una triste palabra, y me pregunto seriamente qué será de mí si en algún momento desde hoy hasta el año que viene llaman los germanos a mi casa. Y hace seis, seis meses ya que me quedé sin rumbo y todo apunta a que siga perdida al menos otros tantos más. Aún así, sigo odiando el fútbol y no me asusta para nada estar a menos de un trimestre de llegar al cuarto de siglo. Lo que sí me asustan son todos los monstruos que tengo debajo de la cama.

Diciembre, no te estás portando muy bien.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Mira cómo estamos

Echar la vista atrás y pensar en que estamos hechos para irnos de puntillas, bien entrada la noche, para, como ya bien dije hace mucho, no dormir ni juntos ni a la vez. Eso es lo bonito de quererse, y de querer siempre despertar en una cama que es de propiedad privada, rayas horizontales y siempre sin hacer.
Y después, resoplo, miro, pienso en el frío que hace ahí fuera, justo en los diez minutos andando que me separan de Brasil, las tres fuentes que hay en el medio, los macarrones que se quedaron en el fondo y el arroz que una vez se nos quemó. Y sin más, me doy media vuelta y vuelvo a dormir. Bendito final del otoño.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Sábado (sin ti)

Al principio, pensaba que me había hecho mayor porque ya me servían los zapatos de tacón del fondo del armario de la habitación de mis padres. ¡Qué equivocada estaba! En realidad, me hice mayor el día en el que me empezó a importar el frío, dejé de llorar por tener que ponerme bata y descubrí que un momento en un coche es un sábado eterno y que un sábado sin ti es como cualquier otro día de la semana. Así, pues, bienvenido sábado, bienvenido uno, bienvenido diciembre.