viernes, 6 de julio de 2012

Noche de julio, aprieto los dientes

Si me diese por pensar en qué más dará lo que ha pasado en los últimos años y me pusiese a contar cuántas veces nos hemos tenido que quitar el pijama, me darían más de mil o dos mil, no lo sé todavía y en realidad da igual. Porque los últimos años han sido todo un éxito, de masas, rotundo, pero como buen éxito siempre se nos escapa. Y es esa búsqueda la que tenemos que mantener, nada de vasos ni besos vacíos, nada de versos que no riman, camisas sin planchar.
Ay amor, no puedo dejar de escribir y no puedo decirte el número exacto. No es que no te lo vaya a decir, es que no lo sé y tampoco es relevante. Como no son relevantes tantas otras muchas cosas que a veces me van matando poco a poco por dentro y yo, en vez de ir muriendo, rompo toda esta maldita empatía y la amenazo con irme lejos. Pero no hay amenazas que valgan, lo malo de romper lo que está por dentro es que sigue entero siempre. Y ahora los días quieren ser más cortos, me duele al beber agua y nunca es suficiente, nunca está de más. Recuerda: sin paraíso no hay palmeras. Las palmeras nos esperan en ese trozo de tierra que se ve a lo lejos, al otro lado del mar.


La luna en un rincón
te has convertido en mi nación
y yo eclipsado soy un faro a pleno sol
que envidia la humanidad
si al apagar sus luces
se prende mi ansiedad.

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