martes, 24 de enero de 2012

Veinticuatro

Veinticuatro de enero. Y llega la misma gente, me alumbra el mismo sol de las once, se abre la puerta una y otra vez. Yo miro casi siempre, como si fuese tonta, como si te fuese a encontrar. Y esto, amigos, son palabras tan mayores que agobian de repente. No queda más que apagar la luz y a ver si nadie mira, que hay mucho decir, pero como siempre, viene acompañado de mucho que callar.
Me gusta merendar sentada en unas escaleras. Manzana y chocolate, pero han sido demasiadas escaleras todos estos años, no sé si merece la pena subir más, ahora que ya casi es todo un centímetro más alto, que te vas a crear problemas, que va a llover una noche más. Aquí, dentro. Y sé que no te va a hacer falta paraguas, hay uno de persona y media. La media que falta miente y queda mucho todavía para que podamos cruzar el mar.

miércoles, 18 de enero de 2012

Es esta maldita capacidad de empatía, tan grande que un día, creerás morir, pero moriré yo antes.

jueves, 12 de enero de 2012

Enero

Podría ser más joven todavía si mi ojo derecho no tuviese la manía de arrugarse. Por lo demás, me gusta esa silla. De diez a once hace sol. A las doce vienes tú y a las tres es hora de comer. El resto lleva limón y miel. Y unas gotitas de pomelo. Algunos pecan de soberbia, pero es otro cantar, esta noche no. Al menos aquí, no.

miércoles, 11 de enero de 2012

domingo, 1 de enero de 2012

Uno de enero

No sé si fui más triste o más feliz. El julio que lloré y el octubre que no dejó nunca de hacer sol.
Pero fui, que es más de lo que muchos podrían prometer.

Dos mil doce sigue siendo difícil de decir. Tampoco es que suene bonito.
Sin que sirva de precendente, hablamos dentro de 366.