miércoles, 31 de agosto de 2011

lunes, 29 de agosto de 2011

Yo siempre lo empiezo todo en agosto.
Tú te hiciste de rogar hasta septiembre.

sábado, 27 de agosto de 2011

Quizá la más grande lección de la historia es que nadie aprendió las lecciones de la historia.


Aldous Huxley



viernes, 26 de agosto de 2011

Había un parque

Yo crecí en ese parque. Había cuatro columpios. Dos siempre estaban más cerca. Yo me montaba tres veces al día, dos de ellas antes de que llegase el autobús. Y después pusieron un tobogán, pero los mayores lo quemaron. No una vez, sino varias. Cada dos o tres meses. Así fue que decidieron quitarlo, y en ese hueco sólo hubo tierra. Los mayores se reían y yo les escupía saliva con tierra, porque me gustaba colorear de marrón mis yogures naturales y parecían de chocolate. Siempre eran naturales porque no podía comerlos de chocolate. Ahora ya no hay tierra, hay margaritas. Tuvieron que pasar más de diecisiete años para que pudiese haber margaritas. Y yo, ya no quiero deshojarlas.

martes, 23 de agosto de 2011

Mentira, mentira, mentira

Llegó. Con el pulso acelerado. Hasta a mí se me salía el corazón por la boca. Le tuve que decir todo. Todo lo que duele, lo que no puede más. Locura por doquier. Y después se fue. Equilibrio, bonita, equilibrio. Es la palabra que nos falta. Y menos mal que siempre hay una canción por cantar, si no este agosto que no se decide nos ahogaría todavía más.

lunes, 22 de agosto de 2011

Siempre sin embargo

Nunca te diré que quizás.
Y no es ningún secreto que me gustan las poesías de Sabina. Lo sabe todo el mundo.
Y sí, he dicho poesías. Y sí, lo he dicho bien.


martes, 16 de agosto de 2011

Nivea azul

Se untaba el cuerpo con nivea, de la espesa, de la de lata azul. Arriba y abajo, vuelta a empezar. Dentro de las sábanas era siempre primavera y el alma no se me salía por la boca. En sus piernas era invierno y en los pies, casi Navidad. Siempre. Por eso le cedo las blancas cuando jugamos al ajedrez. Le cedo las blancas en un arranque de ese altruismo que el mundo sabe que no existe. Y ahí comprendí que las historias de amor, por muy bonitas que sean, no tienen final feliz. Sólo tienen final. Un centímetro más atrás de todo eso quedaba ella, la reina de las blancas, que me vi obligada a comer porque ya se sabe que pieza tocada, pieza jugada. Y ya está. Ahí se acaba todo.
Yo sólo juego porque me sobra el tiempo, y eso es malo. El tiempo nunca debería sobrar.

sábado, 13 de agosto de 2011

Hoy, Sabina (de nuevo)

Lo peor del amor cuando termina son las habitaciones ventiladas,
el puré de reproches con sardinas, las golondrinas muertas en la almohada.


Lo malo del después son los despojos que embalsaman al humo de los sueños,
los teléfonos que hablan con los ojos, el sístole sin diástole sin dueño.


Lo más ingrato es encalar la casa, remendar las virtudes veniales,
condenar a la hoguera los archivos.


Lo peor del amor es cuando pasa, cuando al punto final de los finales no le quedan dos puntos suspensivos.





viernes, 12 de agosto de 2011

Rojo

De todo lo que tuve que olvidar, esperar para cruzar la calle. Los semáforos ya se han oxidado, de tanto rojo, de tanto ámbar indeciso, de no llegar al corazón. Lo malo de las palabras es que una sola letra las puede cambiar. Pero una sola letra puede empezar palabras demasiado dispares, las horas que me quedan de viaje todavía, todo lo que me sobra de dentro de la maleta.

Y ahora todas las canciones modernas hablan de eso, de lo que se descose en el medio de los dos.

martes, 9 de agosto de 2011

Y por qué no

¡Hay tanto que podría decirte! Los parecidos, los colores, las copas de vino. Sobran las condiciones, querida. De puertas adentro sobran las condiciones. Por eso mismo hay edredones ya sin plumas. No hacen falta en verano.
Ahora llevo tiritas en los pies. Las llevé en el alma, no te lo escondo. Siempre hay tiritas porque queda mucho todavía por cerrar, aunque te me adelantes, aunque nunca abras. Y es que cada vez que os veo me dan ganas de empujaros uno contra otro a ver si os besáis de una vez.


martes, 2 de agosto de 2011

Canción de cuna

Vuelta de nuevo. La octava, color azul. Sin tabaco, sin graduar, sin llegar más que a la vuelta de la esquina. Por lo demás, un encuentro fallido entre tu piel y el sol. Las olas mueven la arena, crean montañas, no soy capaz de volver. Ni de cantar, ni de saber qué pasa, ni de cualquier verbo que rime con todo lo que quiero decirte. Paso una hoja nueva en el calendario, todo sigue metido en cajas y no hay ninguna guitarra para acompañar. De vez en cuando paso los labios, para saber si está seco, para saber si duele.

Yo imaginé un agosto distinto para los dos.