martes, 30 de noviembre de 2010

No más canciones de amor

A veces todo huele a vainilla. Y vienes tú, que hueles a café y champú, con el pelo mojado todavía. No tuviste tiempo. Yo me mareo de repente, pero esperándolo, quizá. Muchas veces me monto en el autobús y me siento hacia atrás. Ahí sí me mareo y al bajar te pregunto por qué, si no me pasa nunca. Entonces dejo de entender por qué a veces el doce va antes que el nueve y no es al revés, como suele ser siempre. Y las tres, las cinco, las diez... Llega el otoño, caen las hojas y se va con ellas hasta la próxima vez. En la próxima vez que abras la puerta, los ojos, las piernas. La próxima vez que llegue la razón. ¿Sabes que ayer llevaba las uñas de color rosa? Se han estropeado, como cuando no usas lejía de color. Y hay algo que me dice que sí, que esto está empezando a doler. Dentro.



No me dejes hablar

No es sólo estar en el medio o tener frío. No es sólo eso. Es mucho más que ser el punto central, la espiral de tu cabeza, el remolino de tu pelo. Mucho y más. Nunca te iba a pedir que lo hicieses, pero todo gira, todo cambia, todo. Todo. Siempre recurro a las mismas palabras y no tienen más de seis letras. No sé por qué, me invaden el cuerpo. Le tengo que dar al play porque no viene por su cuenta. Y si, voy a salir con el pelo mojado. La calle está igual, no veo por qué no. En el fondo te da igual. Y yo espero esa llamada como agua de mayo. No me gusta esa expresión. La uso, pero no me gusta. No hay medias tintas, ni hay nada. No hay partes. No hay nada.
Y la próxima vez no cierres los ojos. Por favor.


-Supongo que es la última oportunidad.
-¿De qué?
-No sé, de todo. 

viernes, 26 de noviembre de 2010

Ahá

Y aquí era aquí y no Madrid. Y se me hielan los dedos de escribir. Y ya ves, he dejado de conocerte para pasar a volver a aquellos días. Ah, aquellos días. Todos los hombres olían a la misma colonia. Era eso, o que mi sentido del olfato había vuelto a atrofiarse de nuevo. Y reiniciar otra vez.
Por aquel entonces tú las mirabas una y otra vez. De fondo de pantalla, de carnet de identidad. Velas sin soplar y, de nuevo, suelto otra carcajada. Te miraba el mar. A mí eso me intimidaba. Se te veía perturbado. Qué le voy a hacer. A veces salimos de fiesta, yo me abrocho la chaqueta y mis zapatos siempre siguen en mis pies. Dejó un vacío que había que llenar. Y nos fuimos a cenar. Y después, ah, después. Después hubo que hacer de tripas, corazón.

jueves, 25 de noviembre de 2010

-¿Y qué escondes?
-Pues ketchup, canela, tabaco, esas cosas. Supongo que lo que todo el mundo, ¿no?

domingo, 21 de noviembre de 2010

93

Buenos días
Informo amablemente de que este blog, anteriormente conocido como Inspiración Irregular, ha devuelto ese nombre a su dueño y ha pasado a ser definitivamente noventaytres (con letra) o 93 (con número), como ustedes gusten.
Disculpen las molestias.

sábado, 20 de noviembre de 2010

No me voy a pintar ninguna letra, ni estrellas de colores. Tampoco una seta del Super Mario Bros. ¿No te parece que la naturaleza me dio suficientes tatuajes de color marrón? Que deje de llover ya, que tengo los huesos mojados. Tu canción favorita, yo la bailo sola. Es mucho mejor que los zapatos negros, el vino blanco, el olor a limpiacristales y todo a la vez. Van a dar las tres. Yo no estuve alli. Tampoco quería, no te vayas a pensar. Me limitaba a hundir barcos y a comprar mucha mierda para ponerla encima de la estantería. No esperaba que lo entendieses, sólo que te callases. Oye, me niego a quitarle el acento. Me gusta escribir acentos, a los que odio es a los gerundios. Bah.
Se cierra el telón y simplemente mueres.

I'm falling in love with your favourite song
I'm gonna sing it all night long
I'm gonna dance with somebody
Dance with somebody
Dance, dance
Dance...

Me niego

Se la llevó.
Te lo mereces.
Segundos platos.
Tu adicción.
Las idolatras.
Ya está.

jueves, 18 de noviembre de 2010















No somos caballitos de mar

Noviembre de 2010

Cuando yo tenga una cámara, me querrás aun más, corazón. Serán tiempos de labios rojos con las zapatillas de casa todavía puestas. Chaqueta sobre los hombros y a cantar canciones con la ventana abierta. Hay algunas propias de puertas cerradas, pero supongo que todavía están pos discutir. Pasado. Será nuestro último fin de semana, la última razón, batidos de chocolate. Lento. Futuro. Tú. Sin menos. Sin más. Me mandarás postales, pisarás cristales y vendrás a casa. Y después, tu abrigo gris del revés mirando al mar. Sobre la arena. Cigarro de medianoche. Tormenta y mañana por la mañana.

martes, 16 de noviembre de 2010


Rompí a llorar. Me encanta esa expresión. No se dice rompí a comer o rompí a caminar. Rompes a llorar o a reír. Creo que merece la pena hacerse añicos por esos sentimientos.

Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo
Albert Espinosa

sábado, 6 de noviembre de 2010

Sinapsis, tuyo. Sinopsis, mio. Y una sola letra nos hacía volver a empezar. Siempre. Menos mal que le puse punto final a los principios. Menos mal que no nos hemos equivocado de lugar.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Retrospectiva

¿Conoces la ley de la oferta y la demanda? Pues ahora todo se reduce a eso. Las flores, el viento, las palabras que riman con enero. Y supongo que al final, pues te mueres y ya está. Nunca quise rimar, pero mañana podíamos poner la cámara en el suelo y dejar que se dispare sola. En blanco y negro. Allí arriba hay una escalera de caracol a la que iba puntualmente. Once de la mañana. Siete años. Ocho. Nueve. Sobre los doce ya me hacía daño, ya me hacían daño, ya no había vuelta atrás. A los veintiuno rompiste con tu voz la almohada. Y al principio fue que no, pero llevabas gafas de sol, y ah, amigo, a eso no hay mortal que se resista.

Y cincuenta metros más adelante llega la falta de ortografía y después... ¿y después?