sábado, 31 de julio de 2010

¿Tenéis cucharillas?

La cosa sigue igual. Sus gafas de aviador me siguen quedando grandes. Y los taxis siguen aparcando lentamente. Yo los veo por las mañanas, desde la ventana. Están debajo de los grados que va a haber, esos que deciden cuánta gente habrá por la calle y qué vestido me voy a poner. Y de tanto que fue el cántaro a la fuente, el agua se partió en dos.
Yo me lo imagino desayunando fresas de un tarro de cristal. Pero la verdad es muy distinta, porque nunca se levanta antes del mediodía. Y así no hay principios, ni finales, ni centros comerciales, ni sonrisas, ni excusas que valgan. El volumen se baja en el botón de la izquierda. Ya ves, qué gran dato. Mira la luna llena ¿Dónde?
Ponme un cucurucho de un euro ochenta de chocolate blanco y otro sabor que le combine, por favor.

jueves, 22 de julio de 2010

Ruth

Cuando la conocí, yo no sabía conjugar bien los verbos y ya no tenía ganas de mentir. Y ella…ella tenía muchas verdades que contarme sin que sus protagonistas lo supiesen. No había ganas de fingir, ni de contestar, ni de sonreír. Yo sé que siempre me lee, aunque comenzase a escribir en naranja. El naranja era un color bonito, contrastaba con su negro de arriba abajo. Los contrastes en el fondo tienen su encanto.
Si hay algo que la hace especial es que, aunque haya cambiado el naranja por el gris, ella lo sigue viendo bien. Puede que lo vea un poco más abajo de donde yo lo veo. Pero yo sé que lo ve bien.
Volviendo a hoy, hoy es día de sacar las muñecas y el carboncillo negro. Y unos zapatos rojos con el tacón bien alto. Porque hoy es SU día.
Feliz cumpleaños, chica guapa!

miércoles, 21 de julio de 2010

No me gusta utilizar el blog como diario, cual quinceañera enloquecida por el dieciochoañoero de turno, pero he de confesar que hoy el día ha sido raro. Hoy fue uno de esos pocos días en los que no soy puntual. No lo soy al principio. Y también se me da por llegar tarde al final. Él me prometió algo así como el interespacio, pero a mi me da vergüenza confesar que lo que haya allá fuera, sea lo que sea, tiene pinta de ser demasiado grande. Tan grande que me pueda dar miedo. La luna del coche estaba algo sucia, pero acertábamos a mirar la luna, la de verdad, la redonda que nos mira desde detrás de las nubes. Hoy las nubes eran gris oscuro. Demasiado grises para ser julio. Y salía humo allá, cerca del horizonte. No pude brindar porque no tenía sed, y no compré nada que beber. Lo que sí compré fueron palabras absurdas, para ponerlas una detrás de otra. Una detrás de otra, así sucesivamente, hasta llegar al final. Y así, volver a empezar en la página siguiente. Las rosas de madera no las he puesto en un jarrón con agua, no les hace falta. Se saben cuidar por si solas.

sábado, 17 de julio de 2010

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Al viejo John no le gustan las mentiras. No, no, no, no le gustan las mentiras. Su mujer miente con ganas. Corre por campos de hierba mojada. Cierra las ventanas. Una nana y a dormir.
No, no, no, al viejo John no le gustan las mentiras.


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lunes, 5 de julio de 2010

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Si no fuera por mi gusto por trasnochar, no sabría contar hasta diez.


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viernes, 2 de julio de 2010

1 de julio

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Cinco dedos en cada mano y mañana tendré que ponerme una tirita en los pies. Mañana llueve y yo no pude hacer nada por mentir. Pues vaya.

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