viernes, 30 de abril de 2010

Verde jade

Me acabo de dar cuenta de que las paredes de la habtiación de mis padres son del mismo color del esmalte de uñas de I. A mí antes no me gustaba escribir con iniciales, ni tampoco el color verde, para qué negarlo. Pero es que él escribe en color verde y yo no puedo evitar leerlo. También dibuja en servilletas de papel, de estas satinadas, que en realidad no sirven nada más que para que el servilletero de propaganda de algún refresco capitalista parezca un poco más lleno. Dibuja en servilletas, si. Pero eso no cuenta, porque yo también lo hago. Y entonces todo es perfecto y raro. Y lo raro no necesariamente es malo. Simplemente raro. No digo diferente, digo raro. No sé, esta mañana todo es bonito, y debería sospechar. Pero ah, qué bien se está cuando se está bien. Cuando hace sol. Cuando ya tengo la maleta hecha y voy por la página sesenta y tres de setenta y cinco. Más bien, debería decir vamos, pero a la otra parte ya le han borrado todo lo que le podían borrar y no se podía hacer nada. Y mucho menos llorar.
Por la otra parte, la de verdad, la que ayer no estaba en la silla de al lado, queda demasiado trabajo. Por primera vez en tanto tiempo, queda demasiado trabajo. Son las ventajas (tardías) de ser el hijo de la profesora.

1 comentario:

Ruth dijo...

Yo soy de esa clase de personas que guardan obras de arte escritas sobre servilletas satinadas de los bares... Es raro, pero no malo :)