viernes, 30 de abril de 2010

Verde jade

Me acabo de dar cuenta de que las paredes de la habtiación de mis padres son del mismo color del esmalte de uñas de I. A mí antes no me gustaba escribir con iniciales, ni tampoco el color verde, para qué negarlo. Pero es que él escribe en color verde y yo no puedo evitar leerlo. También dibuja en servilletas de papel, de estas satinadas, que en realidad no sirven nada más que para que el servilletero de propaganda de algún refresco capitalista parezca un poco más lleno. Dibuja en servilletas, si. Pero eso no cuenta, porque yo también lo hago. Y entonces todo es perfecto y raro. Y lo raro no necesariamente es malo. Simplemente raro. No digo diferente, digo raro. No sé, esta mañana todo es bonito, y debería sospechar. Pero ah, qué bien se está cuando se está bien. Cuando hace sol. Cuando ya tengo la maleta hecha y voy por la página sesenta y tres de setenta y cinco. Más bien, debería decir vamos, pero a la otra parte ya le han borrado todo lo que le podían borrar y no se podía hacer nada. Y mucho menos llorar.
Por la otra parte, la de verdad, la que ayer no estaba en la silla de al lado, queda demasiado trabajo. Por primera vez en tanto tiempo, queda demasiado trabajo. Son las ventajas (tardías) de ser el hijo de la profesora.

jueves, 15 de abril de 2010

Al respirar

Hoy es día de lluvia de primavera. A mi me gusta la lluvia. Pero no que llueva. Ya no tengo ganas de agujerearme la nariz. Ni el corazón. Ni nada que se parezca a la piel que todos llevamos dentro de la piel de verdad, la que duele. Yo te echo de menos, ¿sabes? Y ya no es un echo de menos los besos, o las risas, o correr descalza. Es un simple te echo de menos porque llueve aunque es primavera. Y yo no puedo evitarlo. No me vale de nada el sol. Se me cierran los ojos si está. Yo qué sé. Son todo tonterías. Tengo sobredosis de té y me tiembla la barbilla. No por el té, qué va. Por todo lo demás. Lo que está fuera de la taza. Lo de dentro, no me coge el teléfono y no sé por qué.

jueves, 1 de abril de 2010

Dos por cuatro, igual a siete


Alguien me quiere robar el mes de abril, como a los poetas que un buen día se convirtieron en cantantes, de voz rota y guitarra española. Este abril viene lleno de primavera. De días, de risas y canciones. De lluvia de madrugada y de mayúscula al principio de los nombres propios. Con esto de adelantar las horas, las tardes se me hacen eternas. El sol se atreve a entrar por la ventana y se me pasan las horas sin darme cuenta. Parece que la noche no quiere llegar nunca. Pero aquí está. Y la recibo en la misma posición de siempre. Sentada. Y cansada de la vida y de dormir por las mañanas. Cansada de esperar y de tachar días en el calendario. Cansada de estar lejos.