viernes, 31 de diciembre de 2010

The end isn't near, today is the end

Cogí el ascensor. A la altura del tercero me esperaba un puñetazo en el estómago de manos que no saben encender cerillas. Pero aun quedaban más de noventa días para la gran bofetada final. Desde entonces hubo madrugones y botes de cincuenta comprimidos. Y yo aprendí a quién no debo escribir.



Dos mil diez era difícil de decir.
Dos mil once todavía no me suena bien.

jueves, 30 de diciembre de 2010

Quince, casi dieciséis

¿Te acuerdas de aquel día en el que me caí de la cama? Por aquel entonces yo sólo usaba el magenta y el marrón, y más tarde aprendí que el azul de mar no moja. Después vacié todo el vino para romper las botellas. Yo sé que no me contestas porque tus dedos aun no se han acostumbrado a no tener teclas que pulsar. Pero llega la calma, y con calma, todo llega. Hasta mi tardía preferencia por los tiempos compuestos que hablan de hace un rato. Te he visto bajo todas las luces existentes y sigo prefiriendo el blanco y negro que nos deja la luz del pasillo con la puerta entreabierta. ¿No te das cuenta? Ahora digo frases largas, qué digo frases, oraciones. Antes creía que las palabras sueltas llenaban mi necesidad de escribir textos. ¡Bendita inocencia! Sé que es el único, a ti te enorgullece, a mí no me importa, de verdad, que me da igual. Gracias por esperar siempre un poco más arriba del portal.

Los 5 objetivos que (quizá no) vas a cumplir en 2011

1- Ir al gimnasio. Lo primerísimo, el señor de Administración me cae mal y me pone mala cara cuando me vende un bono. Además, por la Avenida de Lugo hasta Fontiñas nunca hay nadie y se corre divinamente.
2- Comer mejor. Eh, ya, si claro, soy una persona que va a Mcdonalds y con el menú pide agua (o sucedáneo de Nestea llamado LiptonIce) y ensalada. Supera eso, menú infantil con tiras de manzana y Nocilla (mezcla explosiva, por cierto)
3- Cortarme el pelo. Primero en invierno no, que hace frío. En fin de año, no que con este vestido queda mejor recogido y si me lo corto no me da. Para las fotos de la orla no, que quiero estar igual que en el resto de la carrera. Para el acto de licenciatura no, por más de lo mismo. Para el verano, si me llega mi último aprobado, puede.
4- Desterrar los pantalones de mi armario. Un par de tardes revolcándome en Bonaval o San Pedro y eso podría ser. Mi señora madre y las venas de mis piernas estarán encantadas. Y entonces Silvia me dirá eso de "¿otro vestido más?" y yo podré responderle que ahora no uso pantalones.
5- (No por último, menos importante) Mi gran tópico de 365 días. Ah no, que el uno de enero va a quedar inservible. Pues empezamos bien si ya en 2010 hay que restar uno.

(Lo siento, tenía muchas ganas de ser directa)

domingo, 26 de diciembre de 2010

Pourquoi ne pas nous dire quelque chose avant?

¿Te acuerdas de que hubo una vez que yo quería aprender a conjugar verbos en francés? Me fue imposible, mi libro se fue, sus páginas volaron con billete barato. Me fue imposible, se me va la fuerza por la boca y no sé colocarla en los múltiples acentos que tendrían todos sus tiempos. Y mírame ahora, se me dio por lo sajón y mañana aplaudiría sólo porque la nariz no se me pusiese roja.
Diría Picasso ahora, o eso pienso yo, eso de que las musas te pillen trabajando. Tienes miles de lápices nuevos. Y si te los dejas dentro del pupitre me sobran ceras de colores. Porque hubo un tiempo en el que quería estudiar arte, aunque a los demás no les gustaba. A los demás sigue sin gustarles y yo ya no sé dibujar más que corazones en los libros que ya no uso para estudiar. Y respiro. Mañana, tu aliento. Comida china. Luces de Navidad. Verde de botellas que quieren ser azules. Domingo, gente, coches blancos. Cada vez me sale más caro llegar. Cada vez mis frases son más diferentes entre sí. Puede ser que tenga que volver a la inspiración irregular.
Malditas musas.

viernes, 24 de diciembre de 2010

23 de diciembre

Hace un minuto que he llegado y casa huele a calor de invierno. Sin árbol, ni luces. Sólo billetes de autobús. Un muñeco de nieve en la mesa del salón. Tres niños les sonríen y me pregunto todavía por qué no puede nevar en puerto de mar, por qué es puerto de mar y no puerto a secas, por qué se me pasó tan rápido el otoño sin ayer aun acabábamos de aterrizar. Y mañana es Nochebuena, y pasado Navidad. Y el siguiente llega él. Y ah, mañana habrá que comprar algún regalo. Y ah, queda menos para saber qué es ese paquete dorado. Y qué frío tengo, cuánta ropa aun por doblar. Lo dicho, que mañana Nochebuena, pasado Navidad. Cualquier otro tópico de estas fechas podría sonar demasiado mal.

sábado, 18 de diciembre de 2010

jueves, 16 de diciembre de 2010

RUIDO

Hubo un accidente, se perdieron las postales, quiso Carnavales y encontró fatalidad. Porque todos los finales son el mismo repetido y con tanto ruido no escucharon el final. Descubrieron que los besos no sabían a nada, hubo una epidemia de tristeza en la ciudad. Se borraron las pisadas, se apagaron los latidos, y con tanto ruido no se oyó el ruido del mar.
Mucho, mucho ruido, ruido de ventanas, nidos de manzanas que se acaban por pudrir. Mucho, mucho ruido, tanto, tanto ruido, tanto ruido y al final por fin el fin.
Tanto ruido y al final…


martes, 14 de diciembre de 2010

Frambuesa

El vaso sigue dando vueltas dentro del microondas. Es el tercer té ya. Menos mal que necesito estar despierta, no hoy no me puedo dormir. Y quién me mandaría a mi estudiar una carrera, inglés, alemán, las miles formas que existen de vivir, de pensar y amar. Y corre que te pillo, que esta canción no arranca, el último verso se me atasca y tengo que volver a empezar. Todo lo inunda un gran olor a gasolina, a ruido de gente, de cuentos, de indios y vaqueros. Yo nunca quise construir un fuerte, fuiste tú, tú, tú. Siempre tú. 
Y entre tanto sinsentido le doy vueltas al colgante marrón de la cadena. Parece una castaña, pero es plástico puro. Caliente, se funde. Frío. No es nada. Nada. Se escapa de nuestro control. ¿Y si nunca más llega? Me quema esta espera, tu formar de mirar, de colgar el teléfono. No quería escribirte nada más, y qué, qué, qué  más dará. 

sábado, 4 de diciembre de 2010

Bien

He esperado hasta las doce para que fuese un día después. Tu cara sigue igual de blanca, y perdona corazón, pero en esta historia muchas cosas no encajan. Ni a mí, ni entre sí tampoco. Y oye, ¿desde cuándo eres tan triste? Más o menos desde que las letras se empezaron a juntar para que fuese más fácil escribirlas. Ahora es hora de apretarse el cinturón. Cuanto más arriba, mejor. Cerveza fría y rock and roll. A lo lejos. Muy atrás.

viernes, 3 de diciembre de 2010

El insomnio consiste en permanecer despierto mientras la realidad sueña, ronca o se mea en la cama.

 (Juan José Millás)

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Abróchate fuerte que ya estamos en diciembre.
(Qué rápido se me pasa el tiempo)

martes, 30 de noviembre de 2010

No más canciones de amor

A veces todo huele a vainilla. Y vienes tú, que hueles a café y champú, con el pelo mojado todavía. No tuviste tiempo. Yo me mareo de repente, pero esperándolo, quizá. Muchas veces me monto en el autobús y me siento hacia atrás. Ahí sí me mareo y al bajar te pregunto por qué, si no me pasa nunca. Entonces dejo de entender por qué a veces el doce va antes que el nueve y no es al revés, como suele ser siempre. Y las tres, las cinco, las diez... Llega el otoño, caen las hojas y se va con ellas hasta la próxima vez. En la próxima vez que abras la puerta, los ojos, las piernas. La próxima vez que llegue la razón. ¿Sabes que ayer llevaba las uñas de color rosa? Se han estropeado, como cuando no usas lejía de color. Y hay algo que me dice que sí, que esto está empezando a doler. Dentro.



No me dejes hablar

No es sólo estar en el medio o tener frío. No es sólo eso. Es mucho más que ser el punto central, la espiral de tu cabeza, el remolino de tu pelo. Mucho y más. Nunca te iba a pedir que lo hicieses, pero todo gira, todo cambia, todo. Todo. Siempre recurro a las mismas palabras y no tienen más de seis letras. No sé por qué, me invaden el cuerpo. Le tengo que dar al play porque no viene por su cuenta. Y si, voy a salir con el pelo mojado. La calle está igual, no veo por qué no. En el fondo te da igual. Y yo espero esa llamada como agua de mayo. No me gusta esa expresión. La uso, pero no me gusta. No hay medias tintas, ni hay nada. No hay partes. No hay nada.
Y la próxima vez no cierres los ojos. Por favor.


-Supongo que es la última oportunidad.
-¿De qué?
-No sé, de todo. 

viernes, 26 de noviembre de 2010

Ahá

Y aquí era aquí y no Madrid. Y se me hielan los dedos de escribir. Y ya ves, he dejado de conocerte para pasar a volver a aquellos días. Ah, aquellos días. Todos los hombres olían a la misma colonia. Era eso, o que mi sentido del olfato había vuelto a atrofiarse de nuevo. Y reiniciar otra vez.
Por aquel entonces tú las mirabas una y otra vez. De fondo de pantalla, de carnet de identidad. Velas sin soplar y, de nuevo, suelto otra carcajada. Te miraba el mar. A mí eso me intimidaba. Se te veía perturbado. Qué le voy a hacer. A veces salimos de fiesta, yo me abrocho la chaqueta y mis zapatos siempre siguen en mis pies. Dejó un vacío que había que llenar. Y nos fuimos a cenar. Y después, ah, después. Después hubo que hacer de tripas, corazón.

jueves, 25 de noviembre de 2010

-¿Y qué escondes?
-Pues ketchup, canela, tabaco, esas cosas. Supongo que lo que todo el mundo, ¿no?

domingo, 21 de noviembre de 2010

93

Buenos días
Informo amablemente de que este blog, anteriormente conocido como Inspiración Irregular, ha devuelto ese nombre a su dueño y ha pasado a ser definitivamente noventaytres (con letra) o 93 (con número), como ustedes gusten.
Disculpen las molestias.

sábado, 20 de noviembre de 2010

No me voy a pintar ninguna letra, ni estrellas de colores. Tampoco una seta del Super Mario Bros. ¿No te parece que la naturaleza me dio suficientes tatuajes de color marrón? Que deje de llover ya, que tengo los huesos mojados. Tu canción favorita, yo la bailo sola. Es mucho mejor que los zapatos negros, el vino blanco, el olor a limpiacristales y todo a la vez. Van a dar las tres. Yo no estuve alli. Tampoco quería, no te vayas a pensar. Me limitaba a hundir barcos y a comprar mucha mierda para ponerla encima de la estantería. No esperaba que lo entendieses, sólo que te callases. Oye, me niego a quitarle el acento. Me gusta escribir acentos, a los que odio es a los gerundios. Bah.
Se cierra el telón y simplemente mueres.

I'm falling in love with your favourite song
I'm gonna sing it all night long
I'm gonna dance with somebody
Dance with somebody
Dance, dance
Dance...

Me niego

Se la llevó.
Te lo mereces.
Segundos platos.
Tu adicción.
Las idolatras.
Ya está.

jueves, 18 de noviembre de 2010















No somos caballitos de mar

Noviembre de 2010

Cuando yo tenga una cámara, me querrás aun más, corazón. Serán tiempos de labios rojos con las zapatillas de casa todavía puestas. Chaqueta sobre los hombros y a cantar canciones con la ventana abierta. Hay algunas propias de puertas cerradas, pero supongo que todavía están pos discutir. Pasado. Será nuestro último fin de semana, la última razón, batidos de chocolate. Lento. Futuro. Tú. Sin menos. Sin más. Me mandarás postales, pisarás cristales y vendrás a casa. Y después, tu abrigo gris del revés mirando al mar. Sobre la arena. Cigarro de medianoche. Tormenta y mañana por la mañana.

martes, 16 de noviembre de 2010


Rompí a llorar. Me encanta esa expresión. No se dice rompí a comer o rompí a caminar. Rompes a llorar o a reír. Creo que merece la pena hacerse añicos por esos sentimientos.

Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo
Albert Espinosa

sábado, 6 de noviembre de 2010

Sinapsis, tuyo. Sinopsis, mio. Y una sola letra nos hacía volver a empezar. Siempre. Menos mal que le puse punto final a los principios. Menos mal que no nos hemos equivocado de lugar.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Retrospectiva

¿Conoces la ley de la oferta y la demanda? Pues ahora todo se reduce a eso. Las flores, el viento, las palabras que riman con enero. Y supongo que al final, pues te mueres y ya está. Nunca quise rimar, pero mañana podíamos poner la cámara en el suelo y dejar que se dispare sola. En blanco y negro. Allí arriba hay una escalera de caracol a la que iba puntualmente. Once de la mañana. Siete años. Ocho. Nueve. Sobre los doce ya me hacía daño, ya me hacían daño, ya no había vuelta atrás. A los veintiuno rompiste con tu voz la almohada. Y al principio fue que no, pero llevabas gafas de sol, y ah, amigo, a eso no hay mortal que se resista.

Y cincuenta metros más adelante llega la falta de ortografía y después... ¿y después?

miércoles, 27 de octubre de 2010

97% de cacao

Buenas noches, monito blanco, ¿cómo está usted? Yo no voy a volver. Dormir me cuesta diez euros. Cada noche. Pero ya no se me caen los trozos de pimiento cuando los echo a la sartén. No, no voy a volver. Y lo que no me sé aun, en estos quince minutos no me lo voy a aprender. Yo no quería contarte nada. Ni cantarte canciones de amor, ni comer yogures de manzana, ni nada. Había niñas en el parque, de estas niñas rubias del catálogo del corte inglés. Yo lo hago y a ellas no les parece mal. No miro hacia detrás, me duele el cuello de llevar una bufanda. Por la mañana hace mucho frío, y si no la llevo me acatarro. Y el jueves pasado nos fuimos a emborrachar después de cenar pescado. Mi trozo no tenía espinas. El huracán se las llevó, y este juego, este juego lo empezaste tú.

domingo, 24 de octubre de 2010

No les culpo. Sólo quedan yogures de fresa en la nevera y llevo comiendo yogures de fresa desde que tengo uso de razón. Aborrezco las fresas. Ponen Hombres G en la radio. No me da la gana de soltarme el pelo. Lo que dices, doblado es un asco. Levantemos una mano. Para qué, para nada. Y desafina la trompeta. Me aprietan sus cuerdas. Y tengo que parar y cambiar de párrafo.


El final llega tras el primer asalto. Tras sangrar al lavarse los dientes. Tras el segundo grito, la tercera copa. O cuando te mueres. Sólo para los que tienen suerte.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Mañanas de octubre

Buenos días. Hoy el mundo se he levantado del revés. La leche no sabía bien ni con tres cucharadas de colacao y hacía más frío cuando salí de clase que cuando entré. La gente ya no sabe agarrarse a las barras de los autobuses. A las barras rojas. ¿Qué va a ser de nosotros? Yo no creo en médicos, en recetas, infusiones y demás aditivos para (no) dormir. No me vas a convencer. Espera. Vosotros, nosotros, ellos. Ellos, los importantes, los que se sientan en las sillas más cómodas. Ciento cuarenta y cuatro caracteres con o sin causa. Y por la ventana casi no entra luz aunque son más de las doce de la mañana. Atrévete y sueña con tu almohada. Vive de lo que le gritan los demás, aunque no hace caso. Habladurías. Odio madrugar. Tengo sueño. Hace frío. Mañana va a hacer más frío. Así hasta que llegue la primavera. La del año que viene. O la del siguiente. O la otra. O una más. Vamos fuera, lejos, al otro lado. Me estoy malacostumbrando. Y sé que miras todos los días si hay algún tren que nos venga bien, si hay algún tren que nos lleve. Si simplemente hay algún tren. Yo odio los trenes. Antes no me pasaba, pero son demasiadas horas de espera, de viaje, de regreso. Y de maletas.
Lo siento, no va a poder ser hoy. Me desobedecen. Me calmo. Me quiero ir y no puedo contarte por qué mañana no dormiré aquí.

lunes, 18 de octubre de 2010

¿Y si nos vamos a vivir alli? Miden veinte centímetros más, pero no dan miedo.

martes, 28 de septiembre de 2010

Oiga, ¿es el enemigo? ¿Te das cuenta de que esta historia está llena de viernes y sábados y algún que otro miércoles por la tarde y ya?
Y los coches se rompen, los gatos ronronean, la cena ya está lista, el helado para el final.
Y yo, ya si eso mañana te lo digo, que ahora es muy tarde, que hay que madrugar.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Buenas noches

Ahora que mamá duerme, empieza la función. Menos mal que me besas en la espalda, si no no sabría qué hacer. Me volvería loca. Más, si cabe. Y después del primer acto, adiós muy buenas. Esto ha sido todo por hoy, aquí acaba la función. Que hoy es domingo y mañana hay que madrugar. 
Dolor. Gente que escribe en mayúsculas. Con las mayúsculas uno GRITA. A ellos les da igual. Y yo tengo frío. Ayer llevaba la chaqueta azul, ¿sabes? Esa que te gusta tanto porque es tan suave. No te pongas nervioso. No me describas nada más. Es bonito el lugar. Está lleno de humo, pero es bonito. Y azul y amarillo hacen verde. Parece una tontería cuando te lo enseñan, pero con el paso de los años te das cuenta de que los libros de primaria decían verdades como puños. Y ahora, nada. Ahora lees sin cansarte y sin mayor afán que llegar a la página final. Y resumes. Y de vuelta en la página final. Y resumes otra vez. Creo que le llaman círculo vicioso, pero hoy por hoy, ningún vicio me vale ya. 
Perdón por quedarme dormida en los momentos importantes. Suele ser cuando empiezo a entrar en calor. O es que tengo entre manos algo que no es mio, que de vez en cuando me sobrepasa. Y ya está, ya no hay vuelta atrás. Creo que tenía las llaves por aquí, me voy de vuelta al portal. Oye, que encantada de conocerte. Ya nos vemos otro día, así sin más.

sábado, 25 de septiembre de 2010


Si no pasa nada, tendremos que hacer algo para remediarlo: inventar la realidad.

William Randolph Hearst

lunes, 20 de septiembre de 2010

Comienzo de la segunda parte

Aquel viernes yo no quería dormir sola. Aun no era hora de irse a casa y nos sentamos en un banco. Por si venían palomas. Aunque no teníamos migas de pan. Después ya era tiempo de coger trenes y ponerse las medias. Aun así, el viento me seguía levantando la falda, día si, día también, aunque llevase vestido. Teníamos un profesor de inglés (muy poco) particular. Y por lo bajo yo te explicaba una gran parte de los dobles sentidos. Ahora los dominas y no hay giro que valga. A mí me gusta así, porque siempre me paso del límite de palabras.
A las cuatro de la mañana suena el despertador. A mi, en esos momentos, se me suele parar el corazón. Y hay que hacer tiempo, hasta las seis, como mínimo. Entonces es cuando yo me doy la vuelta y dejo de dormir. No por el despertador. Nos acostumbramos a estar entre lo individual y el metro y medio. Aunque si siempre fuese primavera, quedaría poco para el amanecer. Yo leía incendios, y nunca pasaba nada. Al televisor le cuesta un poco cambiar de canal. De todas formas, me gustan los armarios cerrados y las sábanas azul claro. Y all the night, y along the street, lo canturreas una y otra vez y no te importa que no rime. Ni siquiera sé si está bien. De vez en cuando, al coche le pasaba algo. Maldita máquina callejera. Hasta una vez lo miraron dos policías, sin porra y con cara de enfado. Pero sólo la cara, al fin y al cabo. Porque pasaron de largo. No les gustaban las cuerdas de tu guitarra. Lo siento, tenía que haber escrito algo hace quince días. Lo siento, yo sólo sé tocar la primera estrofa de El patio de mi casa.

Te cambio un lápiz de número cero por un bolígrafo rojo.
No acepto un no por respuesta.
Feliz año, Óscarpenedo

jueves, 2 de septiembre de 2010

Kapuściński y Sabina son un buen plan para la noche del miércoles. El primero es bueno para cualquier época del año, siempre de bolsillo. El segundo... mejor en verano. Por hablar de amores, desamores, recuerdos y vecinos. Por hablar de ti y demás pronombres personales. Por hablar de nada, por cantar poesía. Por cantar simplemente. No hay nada mejor que hacerle cantar de madrugada, es como hundir los pies en arena recién mojada. A mi ya se me acabó la arena porque agosto tenía prisa por marchar. Me dejó de nuevo treinta páginas en blanco. Con unas lineas azules parecidas a las que los mayores les ponen a los niños pequeños en la dictadura que les impide torcer el camino de las letras. Toma frase cursi. No me queda tinta y, tras esto, me quedan veintinueve. Cuánto trabajo. Yo no me creo aun que estemos en septiembre, y que me vuelvan a dar las dos y las tres, y me monte en coches blancos para volver a casa. Sí, todavía me monto en coches blancos para volver a casa. Parece increíble.
Hablando un poco de colores, sigo en busca de unos zapatos negros. No hay nada más clásico que unos zapatos negros. Me gusta lo clásico. Lo digo algún que otro sábado antes de hundir la cabeza en la almohada. Alguna vez que otra antes de pulsar el botón del play. Me gusta lo clásico. Con unas buenas medias negras y sin minifalda azul.

domingo, 29 de agosto de 2010

Hoy, hace un año, o más bien hace más de una vida, que me enfadé. Y lloré. Y pataleé. Era un verano azul celeste, en el que en los ratos muertos escuchaba al gran Enrique González por unos auriculares de no más de siete euros. Y escribía líneas y líneas pensando en quién sería el que cantaba eso de quién me ha robado el mes de abril. Pero no había tiempo para pensar en primaveras, porque septiembre estaba ahí a la vuelta de la esquina. Y yo qué sé. Ya dije más de una vez que septiembre era un mes de estrenar cosas. Puede que por eso nunca encontraba en mi bolso mi mechero de ovejas blancas. Y una buena tarde, en la parada del 23, apareció uno rosa, porque los camareros son algo rencorosos. Eso no me lo dices tú en la calle.
Y nació. Y creció. Y está a punto de soplar la primera vela. Ai, qué dilema. Yo habría tardado más de una vida entera o eterna, ya no me acuerdo. Sólo me acuerdo de autobuses y llantos. Y de tu risa cuando te das la vuelta y caes en el otro lado de la cama. Esa risa es importante. Después, yo me voy a dormir antes de que sea la hora de irse a casa.

jueves, 12 de agosto de 2010

Cristina

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Me llamo Cristina. Nunca me ha gustado mi nombre, pero en madrugadas de lluvia reconozco que si no me llamase así no habría sido musa de Sabina con tres años mal cumplidos. Eso me cantaban muchos cuando ya sabía leer pero aun no hablaba bien. No sabía el mundo todo lo que le esperaba. En mi casa había un tocadiscos y un vinilo que decía algo así como Física y Química y yo me las aprendí enteras antes de empezar el colegio.

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lunes, 2 de agosto de 2010

Me hizo falta una segunda vez para fijarme bien. Segundas partes nunca fueron buenas. Pero tercera… ah, terceras. No consigo recordar por qué motivo accedí a ir. Antes no me molestaba el pelo en la cara. En el baño hay carmín, y si por mí fuera todas las noches serían diecinueve de febrero. Espera, que son las diez y media y tengo que llamar. En la tele pongo los subtítulos, pero sin gafas no puedo leer. No le digas a nadie que no veo bien. Y que el fútbol es así, unas veces se gana, otras se pierde. Y mira, que te quería comentar un tema… ¿Quieres cenar esta noche conmigo? Vamos en coche, aunque tenga una puerta abollada. Porque, por una vez, todo estaba lleno de aviones y una tarde de sol de invierno hablaba de él en un metro ligero en el que monté gratis una semana. A veces me gustaba bajar por esas escaleras. Pero siempre lo hacía sola, y sin camiseta de rayas. Y oye, que nunca te lo he visto puesto. Otras veces se besa con pasión cuando marcan gol en el bar. Yo te prometo una guitarra nueva la próxima Navidad que tenga dinero. Mientras tanto tendrás que conformarte con llevar copos de nieve en la cartera.

sábado, 31 de julio de 2010

¿Tenéis cucharillas?

La cosa sigue igual. Sus gafas de aviador me siguen quedando grandes. Y los taxis siguen aparcando lentamente. Yo los veo por las mañanas, desde la ventana. Están debajo de los grados que va a haber, esos que deciden cuánta gente habrá por la calle y qué vestido me voy a poner. Y de tanto que fue el cántaro a la fuente, el agua se partió en dos.
Yo me lo imagino desayunando fresas de un tarro de cristal. Pero la verdad es muy distinta, porque nunca se levanta antes del mediodía. Y así no hay principios, ni finales, ni centros comerciales, ni sonrisas, ni excusas que valgan. El volumen se baja en el botón de la izquierda. Ya ves, qué gran dato. Mira la luna llena ¿Dónde?
Ponme un cucurucho de un euro ochenta de chocolate blanco y otro sabor que le combine, por favor.

jueves, 22 de julio de 2010

Ruth

Cuando la conocí, yo no sabía conjugar bien los verbos y ya no tenía ganas de mentir. Y ella…ella tenía muchas verdades que contarme sin que sus protagonistas lo supiesen. No había ganas de fingir, ni de contestar, ni de sonreír. Yo sé que siempre me lee, aunque comenzase a escribir en naranja. El naranja era un color bonito, contrastaba con su negro de arriba abajo. Los contrastes en el fondo tienen su encanto.
Si hay algo que la hace especial es que, aunque haya cambiado el naranja por el gris, ella lo sigue viendo bien. Puede que lo vea un poco más abajo de donde yo lo veo. Pero yo sé que lo ve bien.
Volviendo a hoy, hoy es día de sacar las muñecas y el carboncillo negro. Y unos zapatos rojos con el tacón bien alto. Porque hoy es SU día.
Feliz cumpleaños, chica guapa!

miércoles, 21 de julio de 2010

No me gusta utilizar el blog como diario, cual quinceañera enloquecida por el dieciochoañoero de turno, pero he de confesar que hoy el día ha sido raro. Hoy fue uno de esos pocos días en los que no soy puntual. No lo soy al principio. Y también se me da por llegar tarde al final. Él me prometió algo así como el interespacio, pero a mi me da vergüenza confesar que lo que haya allá fuera, sea lo que sea, tiene pinta de ser demasiado grande. Tan grande que me pueda dar miedo. La luna del coche estaba algo sucia, pero acertábamos a mirar la luna, la de verdad, la redonda que nos mira desde detrás de las nubes. Hoy las nubes eran gris oscuro. Demasiado grises para ser julio. Y salía humo allá, cerca del horizonte. No pude brindar porque no tenía sed, y no compré nada que beber. Lo que sí compré fueron palabras absurdas, para ponerlas una detrás de otra. Una detrás de otra, así sucesivamente, hasta llegar al final. Y así, volver a empezar en la página siguiente. Las rosas de madera no las he puesto en un jarrón con agua, no les hace falta. Se saben cuidar por si solas.

sábado, 17 de julio de 2010

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Al viejo John no le gustan las mentiras. No, no, no, no le gustan las mentiras. Su mujer miente con ganas. Corre por campos de hierba mojada. Cierra las ventanas. Una nana y a dormir.
No, no, no, al viejo John no le gustan las mentiras.


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lunes, 5 de julio de 2010

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Si no fuera por mi gusto por trasnochar, no sabría contar hasta diez.


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viernes, 2 de julio de 2010

1 de julio

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Cinco dedos en cada mano y mañana tendré que ponerme una tirita en los pies. Mañana llueve y yo no pude hacer nada por mentir. Pues vaya.

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martes, 29 de junio de 2010

Vacaciones de un minuto

Me gusta que junio se termine. Junio nunca me ha gustado. Tengo demasiado calor para que sea junio. Ah, qué calor. Y qué despierta estoy. Quiero pulsar la tecla de fin del teclado, pero sin querer pulso la de inicio. Será cosa de esta linea, que nunca me va a terminar de convencer. A pesar del resfriado, me comí un buen helado, porque es verano y aun no me llené de salitre. Y volvemos a la costumbre de comer patatas fritas después de portales cerrados. No sé si me gusta esta costumbre. Se fríen patatas después del adiós. Antes supongo que no habrá aceite. Tampoco otro combustible.Son más de las tres, otra vez. Maldito calor, maldito verano, no me dejas dormir. Quizá es culpa mía. El año pasado cogí la costumbre de marcar el toque de queda con el despertador de papá. Y aquí estoy, a una hora de la alarma, rock en castellano y botella de agua de Portugal.

lunes, 28 de junio de 2010

viernes, 18 de junio de 2010

Es probable que no me haya dicho muchas más que tres palabras en el tiempo que pudimos compartir. Se resume en una foto en blanco y negro, un pañuelo de flores y leer el periódico sin gafas. A mi no es que me haya importado nunca mucho, pero quizá es de esas cosas que se van agradeciendo con los años.
Otra de las cosas que se van agradeciendo con los años son los días de colores. Primero vienen los de color rojo, y una vez ahi, tras haber sujetado bien fuerte los de color verde, comienzan a venir los días negros. Vienen con un sol radiante y más de veinte grados en los termómetros. Pero lo hacen para engañar, para que uno se confíe y no le de la menor importancia a los colores. Los días negros no son de mis favoritos. Me suele gustar que terminen antes de empezar siquiera.  Diría que ya está bien de días negros, que me gustan más los verdes y no sé por qué te empeñas en que no los tenga. Y tampoco sé por qué me empeño en que se me entienda, si por mucho que hable de colores, sigo escribiendo en gris.

lunes, 14 de junio de 2010

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La realidad no viene de dentro.
Viene de lo que se va.
Cada día. Sin preguntar.



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sábado, 12 de junio de 2010















Lo peor es cuando has terminado un capítulo y la máquina de escribir no aplaude.

(Orson Welles)

miércoles, 9 de junio de 2010

Nueve de junio

Hoy, a él sólo te toca cumplir años.
Mejor dicho, hoy a él le toca cumplir años.
Qué responsabilidad.

viernes, 14 de mayo de 2010

La vida es bella



-Bueno, adiós. Ha sido muy gentil conmigo. Ahora voy a tomar un buen baño caliente.
-Ah... me olvidaba decirte que...
-Dilo.
-... Que tengo unas ganas de hacerte el amor que no te puedes ni imaginar. Pero esto no se lo diré a nadie. Sobre todo a tí. Deberían torturarme para obligarme a decirlo.
-¿A decir qué?
-Que quiero hacer el amor contigo. No una vez solo, sino cientos de veces. Pero a tí no te lo diré nunca. Solo si me volviera loco te diría que haría el amor contigo, aquí, delante de tu casa, toda la vida.



viernes, 7 de mayo de 2010

lunes, 3 de mayo de 2010

3 de mayo

Son casi las ocho de la mañana de este tres de mayo, y poco tiene que ver con los medios de comunicación.

viernes, 30 de abril de 2010

Verde jade

Me acabo de dar cuenta de que las paredes de la habtiación de mis padres son del mismo color del esmalte de uñas de I. A mí antes no me gustaba escribir con iniciales, ni tampoco el color verde, para qué negarlo. Pero es que él escribe en color verde y yo no puedo evitar leerlo. También dibuja en servilletas de papel, de estas satinadas, que en realidad no sirven nada más que para que el servilletero de propaganda de algún refresco capitalista parezca un poco más lleno. Dibuja en servilletas, si. Pero eso no cuenta, porque yo también lo hago. Y entonces todo es perfecto y raro. Y lo raro no necesariamente es malo. Simplemente raro. No digo diferente, digo raro. No sé, esta mañana todo es bonito, y debería sospechar. Pero ah, qué bien se está cuando se está bien. Cuando hace sol. Cuando ya tengo la maleta hecha y voy por la página sesenta y tres de setenta y cinco. Más bien, debería decir vamos, pero a la otra parte ya le han borrado todo lo que le podían borrar y no se podía hacer nada. Y mucho menos llorar.
Por la otra parte, la de verdad, la que ayer no estaba en la silla de al lado, queda demasiado trabajo. Por primera vez en tanto tiempo, queda demasiado trabajo. Son las ventajas (tardías) de ser el hijo de la profesora.

jueves, 15 de abril de 2010

Al respirar

Hoy es día de lluvia de primavera. A mi me gusta la lluvia. Pero no que llueva. Ya no tengo ganas de agujerearme la nariz. Ni el corazón. Ni nada que se parezca a la piel que todos llevamos dentro de la piel de verdad, la que duele. Yo te echo de menos, ¿sabes? Y ya no es un echo de menos los besos, o las risas, o correr descalza. Es un simple te echo de menos porque llueve aunque es primavera. Y yo no puedo evitarlo. No me vale de nada el sol. Se me cierran los ojos si está. Yo qué sé. Son todo tonterías. Tengo sobredosis de té y me tiembla la barbilla. No por el té, qué va. Por todo lo demás. Lo que está fuera de la taza. Lo de dentro, no me coge el teléfono y no sé por qué.

jueves, 1 de abril de 2010

Dos por cuatro, igual a siete


Alguien me quiere robar el mes de abril, como a los poetas que un buen día se convirtieron en cantantes, de voz rota y guitarra española. Este abril viene lleno de primavera. De días, de risas y canciones. De lluvia de madrugada y de mayúscula al principio de los nombres propios. Con esto de adelantar las horas, las tardes se me hacen eternas. El sol se atreve a entrar por la ventana y se me pasan las horas sin darme cuenta. Parece que la noche no quiere llegar nunca. Pero aquí está. Y la recibo en la misma posición de siempre. Sentada. Y cansada de la vida y de dormir por las mañanas. Cansada de esperar y de tachar días en el calendario. Cansada de estar lejos.

miércoles, 31 de marzo de 2010

Había flanes de queso y pasteles de coco rallado por doquier. Yo me abrochaba la camisa con cuidado, la azul, de rayas, la que me trajeron los reyes el año pasado. Y según iba abrochando, llovía cada vez más y más, cada vez más deprisa. Yo no quería bajarme del coche.
Realmente yo nunca quiero bajarme del coche.

lunes, 1 de marzo de 2010

No tengo muy claro si debería hacer más planes de los que ya tengo. No sé si me va a llegar la vida para todos ellos. Lo peor de todo es que lo pienso con el cepillo de dientes en la boca, y debería atender a lo que estoy. Llevaba tanto tiempo sin hacerlo, que parece que si tengo la pasta en mi boca mucho rato, me da náuseas. En el fondo es porque pica y duele, como casi todo últimamente. No sé si es que va a llegar la primavera dentro de poco y me pasa lo de siempre, que me da a alergia aunque no estornude. Podría ponerme a escribir canciones para probar, pero sé que no me van a salir. Y creo que ya dije más de una vez que él no sabe cantar. Sería tontería. Sobre todo esa parte en la que me dice que el gran error de los grandes guitarristas es que creen que saben cantar, pero es mentira. Con un gran guitarrista ya llega. A mi se me da mejor eso de callar la boca y romper las medias.

sábado, 27 de febrero de 2010

jueves, 18 de febrero de 2010

Veintidós años y dos días. Cinco meses y medio. Un examen. Seis botellas de cerveza enfriándose en la nevera. Y ya.

domingo, 7 de febrero de 2010

Lo que no me está gustando de estos días rojos es que lo blanco de ellos es un fondo de papel. Por lo demás, la última vez que estuve dentro de una lámpara, nadie miraba. Y eso lo hacía altamente genial.

miércoles, 27 de enero de 2010

Tras cuarto y mitad se puede decir que volvemos. Yo tenía antojo de cocacola, pero tras bajar al supermercado y darle el primer trago, me di cuenta de que no era eso lo que quería, que yo tenía antojo de comer y dormir, y poco más. Mi madre me ha mandado por correo mi nueva taza de desayuno. Teniendo en cuenta que he comprado el mismo detergente que usa ella, con la taza de desayuno, es como si tuviese mi casa reducida en veinte metros cuadrados. Todos los días le llamo, no puedo evitarlo y es mi culpa. Los papeles se me amontonan. Todos están escritos a colores. Yo preferiría que estuviesen en blanco, a ver si de una vez me dejaban en paz pero no pudo ser. Mientras tanto yo aun no estrené enero, y febrero se presenta como más de lo mismo. Qué desgracia.
Yo sé que él podría convertir hoy en algo más que eso, en más que hoy, veintisiete de enero, en un día especial, por ejemplo. No creo que se le de mal, está bastante acostumbrado a hacerlo. Pero mientras espero que hoy sea algo más, me vuelvo a la cama, me duele la cabeza, y entre mi lado de la cama y la pared, hay poco más que aire.
Pobre Cristina, como diría Sabina.
Pobre Cristina, digo yo.