jueves, 24 de diciembre de 2009

Veintitrés

Hace unos seis meses me compré un vestido bastante bonito que mi madre decidió bautizar como el vestido para una ocasión especial. Y no sabía si dicha ocasión iba a ser en día cinco o treinta y uno, pero lo guardé igual. Tú lo habías entendido mal, pero te gustaba. Y ahora pasan de las dos de la mañana es invierno y me he puesto ese vestido, después de llevar todo el día en pijama. Con cualquier motivo, me da igual. Será que no hay sitio para otro, que hoy no es noche de sábado. Será que en todo el día he tenido la sensación de que hoy se acaba la semana.

Ahora me convence menos lo que sale de la tinta de mi pluma. Es bonita. Y negra. Siempre quise tener una pluma de color negro para escribir con tinta azul.
Pero será que ya no es tiempo de escribir.
Será que hay que sumarle uno más.

2 comentarios:

notengoremedio dijo...

Cómo va a ser hora de escribir, por Dios. Siempre es buena hora para escribir. Muy distinto ya es cuándo debe ser leído. Pero eso ya es otra historia...

Ruth dijo...

A mi me gusta mucho tu pluma, pero sobre todo sus ocurrencias!