sábado, 5 de diciembre de 2009

Mi madre me ha comprado un abrigo negro. Yo no tenía ningún abrigo negro hasta ahora. Y teniendo en cuenta mi fanatismo por los abrigos, por el negro y por los abrigos negros en general, tendré que ponerle la etiqueta de cosa rara porque si, y pasemos a otro tema.
Fuera llueve, como de costumbre. Pero no es un llueve como los de las otras veces, de llueve y qué bien que estoy en casa, debajo de la manta, que se moje la calle si quiere que yo no le mandé a nadie que la pusiera. No es un llueve así. No. Es un llueve de por qué tiene que llover tanto, que me mojo, los pies me quedan fríos toda la mañana y así no hay quién coja sueño pasadas las doce.
Ahora aun quedan tres horas. Y mañana el seis va a tener que ser más impar que nunca, más singular.

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