martes, 22 de diciembre de 2009

Eh, chico, ¿te gustan los copos de nieve? Porque a mí, si eh. Mucho. Pero tuve la desgracia de nacer al lado del mar, donde a cero grados nunca nieva y aun encima es demasiado frío como para regalar pisadas en la acera. Tengo copos de nieve dentro de la cartera. Y también un poco más de sangre en las venas que de costumbre. El corazón más rojo. Los labios menos negros cada día, porque ya se van acostumbrando a las despedidas. Y en mis oídos sigue resonando rock en castellano y un par de canciones en inglés mal chapurreadas. Los autobuses dicen feliz Navidad en vez de decirme a dónde me pueden llevar. Y aunque sea Navidad, yo sigo teniendo que esperar hasta las seis. Pues vaya.

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