jueves, 31 de diciembre de 2009

Propósitos de año nuevo a golpe de treinta y uno de diciembre:

365 días

jueves, 24 de diciembre de 2009

Veintitrés

Hace unos seis meses me compré un vestido bastante bonito que mi madre decidió bautizar como el vestido para una ocasión especial. Y no sabía si dicha ocasión iba a ser en día cinco o treinta y uno, pero lo guardé igual. Tú lo habías entendido mal, pero te gustaba. Y ahora pasan de las dos de la mañana es invierno y me he puesto ese vestido, después de llevar todo el día en pijama. Con cualquier motivo, me da igual. Será que no hay sitio para otro, que hoy no es noche de sábado. Será que en todo el día he tenido la sensación de que hoy se acaba la semana.

Ahora me convence menos lo que sale de la tinta de mi pluma. Es bonita. Y negra. Siempre quise tener una pluma de color negro para escribir con tinta azul.
Pero será que ya no es tiempo de escribir.
Será que hay que sumarle uno más.

martes, 22 de diciembre de 2009

Eh, chico, ¿te gustan los copos de nieve? Porque a mí, si eh. Mucho. Pero tuve la desgracia de nacer al lado del mar, donde a cero grados nunca nieva y aun encima es demasiado frío como para regalar pisadas en la acera. Tengo copos de nieve dentro de la cartera. Y también un poco más de sangre en las venas que de costumbre. El corazón más rojo. Los labios menos negros cada día, porque ya se van acostumbrando a las despedidas. Y en mis oídos sigue resonando rock en castellano y un par de canciones en inglés mal chapurreadas. Los autobuses dicen feliz Navidad en vez de decirme a dónde me pueden llevar. Y aunque sea Navidad, yo sigo teniendo que esperar hasta las seis. Pues vaya.

sábado, 19 de diciembre de 2009



Feliz Navidad a golpe de diecinueve de diciembre.



Yo quería ser diecinueve, como la canción.
Maldita sea!

sábado, 5 de diciembre de 2009

Mi madre me ha comprado un abrigo negro. Yo no tenía ningún abrigo negro hasta ahora. Y teniendo en cuenta mi fanatismo por los abrigos, por el negro y por los abrigos negros en general, tendré que ponerle la etiqueta de cosa rara porque si, y pasemos a otro tema.
Fuera llueve, como de costumbre. Pero no es un llueve como los de las otras veces, de llueve y qué bien que estoy en casa, debajo de la manta, que se moje la calle si quiere que yo no le mandé a nadie que la pusiera. No es un llueve así. No. Es un llueve de por qué tiene que llover tanto, que me mojo, los pies me quedan fríos toda la mañana y así no hay quién coja sueño pasadas las doce.
Ahora aun quedan tres horas. Y mañana el seis va a tener que ser más impar que nunca, más singular.