lunes, 21 de septiembre de 2009

Se me va la fuerza por la boca cuando intento poner títulos. También me pasa cuando me despierto con los primeros acordes de un solo de guitarra. Especialmente el de su canción favorita. Despertar así es como oxidar de un golpe todos los amaneceres anteriores y dejarlos inservibles bajo una manta. Despertar así es una llamada perdida, un coche blanco, un beso de ascensor, las cinco de la tarde, siete rodajas de tomate natural.

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