lunes, 3 de agosto de 2009

Recapitulemos

Es dos de agosto, ya casi casi tres. Estamos en 2009. Hay mucho ruido. Fuera, dentro, siempre. Vengo de dejar huellas en la arena, y, como dice la canción, las borrará el mar. Pero dará igual porque podría estar en todos lados e ir a cualquier lugar, pero elegir no estar en ninguna parte. Al menos esta noche. Voy a meterme en una cesta y desde fuera haré una foto con el temporizador y la llamaré arte. A cualquier cosa la llaman arte. Eso sólo pasa hoy. Hay risas en todas partes. Menos en donde lloran. Pero por desgracia sigo perteneciendo a esa parte del mundo que ríe y dice que quiere ver llorar, pero es mentira. Mi colección de pistolas de agua está llena de balas de plata. Y de plata es el pendiente que ella se ha vuelto a poner en la nariz. Un aro, que dice que le gustan las cosas redondas. Yo asiento con la sonrisa cansada y pienso que los aros nunca me gustaron. Pero supongo que ahora que ya ha dejado de llover no son horas de hablar de ella, si no de todo lo demás. El unvierso no me hace caso, y mientras espero no desespero y me pinto las uñas de color rojo, que es un color bonito y aparte no significa nada.

1 comentario:

notengoremedio dijo...

El viaje a ninguna parte: libro y película de Fernando Fernán Gómez, y doble disco de Enrique Bunbury. Por tanto, deduzco que 'Ninguna parte' puede existir...