lunes, 24 de agosto de 2009

Gasto las horas en repasar gerundios. Qué poco me gustan los gerundios. Me espera ahora una vida sin verla. Eso tampoco me gusta, pero a diferencia de los gerundios, es algo imposible de evitar. No tengo hambre, ni sueño, ni ganas de cantar, ni ánimo de ir a tumbarme a la hierba a contar las pocas estrellas que las farolas me dejan ver sin gafas. Y así, gasto y gasto, y me van a dar más de las mil. Aun encima del edredón, con la almohada en el suelo. Con el ordenador encendido. Con su anillo en mi dedo.
Mañana pide cena para dos. Sabes que te dejaré más de la mitad.

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