domingo, 23 de agosto de 2009

Domingo, otra vez

Ella se ha quedado allí y fuera hace demasiado sol como para salir. Me apetece chocolate con leche y almendras. Ojo, almendras. Las avellanas han dejado de gustarme. Concretamente cuando probé las galletas de la madre de Iván, que son de avellana y una variante por fruto seco es suficiente en la vida. Las almendras en el chocolate de almendras, las avellanas en forma de galleta y los cacahuetes con porrones de vino tinto.
Gasto mi tiempo con su ausencia y canciones en francés. De vez en cuando, entiendo alguna palabra, pero son las menos. Los vecinos ponen Marlango demasiado alto y eso me recuerda a aquella tienda donde siempre ponían Marlango. No necesariamente demasiado alto, pero lo ponían. Vendían bolas para hacer pulseras. Bolas de todas las formas y colores, no sólo circular. Sí, tengo presente que las bolas son esféricas, pero circular quedaba mejor. He encontrado un casette del año 2001 con canciones que no entiendo por qué me llegaron a gustar por aquel entonces. Porque supongo que si están en un casette es porque me gustaban. O al menos eso pienso yo.
Y ahora mismo aun quedan diecisiete días y a mi no me apetece ponerme otros vaqueros. Qué asco, domingo otra vez.

1 comentario:

notengoremedio dijo...

¿Diecisiete días para qué?
¿Por qué en una tienda de bolas -no sé cómo se llaman- ponían Marlango tan a menudo?
¿Por qué hago tantas preguntas?