miércoles, 26 de agosto de 2009

Poco antes de que faltase una hora para que se acabara ayer, el verano hizo honor a su nombre y a su locura y se montó en un coche sin color dispuesto a navegar. Por lo demás, el flash de mi cámara sigue sin funcionar y ahora no puedo retocar las noches que no duermo. Y como no me entretengo al no dormir, pienso en ella, que la quiero. Pero sólo a veces. Otras veces lo mejor es cambiar el género de los pronombres de manera radical. Agosto se quiere marchar y yo lo intento coger por sus últimas letras. Pero amenazan con separarse. Y supongo que eso no es nada bueno. Así que al final, me vuelvo a mi partida de ajedrez sin terminar, y lo que tenga que ser, será.

lunes, 24 de agosto de 2009

Gasto las horas en repasar gerundios. Qué poco me gustan los gerundios. Me espera ahora una vida sin verla. Eso tampoco me gusta, pero a diferencia de los gerundios, es algo imposible de evitar. No tengo hambre, ni sueño, ni ganas de cantar, ni ánimo de ir a tumbarme a la hierba a contar las pocas estrellas que las farolas me dejan ver sin gafas. Y así, gasto y gasto, y me van a dar más de las mil. Aun encima del edredón, con la almohada en el suelo. Con el ordenador encendido. Con su anillo en mi dedo.
Mañana pide cena para dos. Sabes que te dejaré más de la mitad.

domingo, 23 de agosto de 2009

Domingo, otra vez

Ella se ha quedado allí y fuera hace demasiado sol como para salir. Me apetece chocolate con leche y almendras. Ojo, almendras. Las avellanas han dejado de gustarme. Concretamente cuando probé las galletas de la madre de Iván, que son de avellana y una variante por fruto seco es suficiente en la vida. Las almendras en el chocolate de almendras, las avellanas en forma de galleta y los cacahuetes con porrones de vino tinto.
Gasto mi tiempo con su ausencia y canciones en francés. De vez en cuando, entiendo alguna palabra, pero son las menos. Los vecinos ponen Marlango demasiado alto y eso me recuerda a aquella tienda donde siempre ponían Marlango. No necesariamente demasiado alto, pero lo ponían. Vendían bolas para hacer pulseras. Bolas de todas las formas y colores, no sólo circular. Sí, tengo presente que las bolas son esféricas, pero circular quedaba mejor. He encontrado un casette del año 2001 con canciones que no entiendo por qué me llegaron a gustar por aquel entonces. Porque supongo que si están en un casette es porque me gustaban. O al menos eso pienso yo.
Y ahora mismo aun quedan diecisiete días y a mi no me apetece ponerme otros vaqueros. Qué asco, domingo otra vez.

sábado, 22 de agosto de 2009

Leones, mujeres, aviones y alcohol

Siete pantallas sin sonido. Escaleras limpias. Fotos borrosas. Pan con queso. Física, química y ciencias en general. Cama de matrimonio cariñoso. 38ºC. Heridas en los pies.
Aquí huele a despedida. De principio y de final.



(Sin princesa que besar
y sin poderlo remediar
http://www.youtube.com/watch?v=nw6LABvearY)

martes, 11 de agosto de 2009

Cosas que merece la pena conservar

El mar. Sus olas. Tus preguntas. La cantidad exacta de colacao que hay que echar en la leche fria para que no haga grumos. Las réflex analógicas. Las escalas cromáticas con colores cítricos. Los bares de ambiente. Los bancos de madera blanca. Los clips de color azul. El metro de Lyon (que dicen que no huele mal). Los recortes de revista. Algún que otro libro de Bukowski. Alguno de Capote, para que no se cele. Las guitarras acústicas llenas de pegatinas. La letra h. Las gafas de pasa. Tu labio superior. Un plano de Barcelona. Los bonos de metro. Los converse bajos. El esmalte de uñas granate. Las almendras del chocolate con almendras. los restaurantes chinos que dan comida a domicilio. Un par de vinilos (los que sean). Las gafas de pasta de color negro. Las camisetas blancas. Las virutas de colores que se le echan a los pasteles. Las pinzas de madera. Las ventanas que se abren hacia fuera. Los mecheros a medio gas. Las cazadoras de cuero negras. El papel de las Polaroid. Los ceniceros llenos. Las calles vacías con farolas encendidas. Los vestidos de lunares. Las risas de los niños.
Y tú.

Poetas malos como yo, sobran en todos lados.

lunes, 3 de agosto de 2009

Recapitulemos

Es dos de agosto, ya casi casi tres. Estamos en 2009. Hay mucho ruido. Fuera, dentro, siempre. Vengo de dejar huellas en la arena, y, como dice la canción, las borrará el mar. Pero dará igual porque podría estar en todos lados e ir a cualquier lugar, pero elegir no estar en ninguna parte. Al menos esta noche. Voy a meterme en una cesta y desde fuera haré una foto con el temporizador y la llamaré arte. A cualquier cosa la llaman arte. Eso sólo pasa hoy. Hay risas en todas partes. Menos en donde lloran. Pero por desgracia sigo perteneciendo a esa parte del mundo que ríe y dice que quiere ver llorar, pero es mentira. Mi colección de pistolas de agua está llena de balas de plata. Y de plata es el pendiente que ella se ha vuelto a poner en la nariz. Un aro, que dice que le gustan las cosas redondas. Yo asiento con la sonrisa cansada y pienso que los aros nunca me gustaron. Pero supongo que ahora que ya ha dejado de llover no son horas de hablar de ella, si no de todo lo demás. El unvierso no me hace caso, y mientras espero no desespero y me pinto las uñas de color rojo, que es un color bonito y aparte no significa nada.

sábado, 1 de agosto de 2009

Prometí que sería mi excepción del día, mi única vez en la vida. Le pedí su anillo grande, de llevar en el dedo índice. Por fin había encontrado a una persona con los dedos igual de pequeñitos que los mios. Y la dejo irse. Me dio el anillo con una condición. No le dejé decírmela. El anillo era el pedacito de ella que yo quería quedarme. Sé que me lo pondré con una camisa de cuadros para cumplir con el tópico, para aumentar rumores, para callar heridas. Cazadora de cuero. Y rómpeme los pantalones, a mi no se me da bien. Ya me ato yo los cordones a mi manera.



Lo bueno es que me dejó su anillo. Hace un par de años cogí esa costumbre. Siempre me quedo con un pedacito de la gente que merece la pena conocer.