jueves, 28 de mayo de 2009

Nunca quise escribir poesía por lo que pudiera pasar, y ahora, a tan sólo dos días, me arrepiento más que si hubiera pasado la vida hurgando versos en tu espalda, dejándolos olvidados en cualquier hotel barato perdido en una carretera, y que alguien se hubiese aprovechando de ellos.

Recuerdo cuando dormíamos en colchones prestados, en el más impuro sentido de la palabra, de cualquier palabra digna de salir de tu boca. Ahora ya da igual pasar de largo. Fumo cada día pensando en eso que siempre quise decirte y que al final te dije. Y tú te fuiste sin dejar ni el último cigarrillo a medias, en un coche robado, o yo qué sé. No supe más allá de aquella puerta. Fuera ahora llueve y hace frío. Mi manta tiene un gran agujero, yo no lo sabía, se lo acabo de ver. En el colegio me enseñaron que el suelo me mantenía pegada a él porque había una fuerza que no me dejaba volar. Creo que la llamaban gravedad, pero no me hagas mucho caso. Puede que el sofá también venga con ella de fábrica, porque llevo horas y horas en él y no me canso de la estúpida posición semihorizontal que mi cuerpo intenta mantener sin quejarse. Yo antes creía que tus noches a mi lado no sabían contar amaneceres y cuánto me equivocaba. No era cosa del destino, era todo mi culpa y no supe ni guardar el DNI en la cartera para escribirte unos baratos y estúpidos versos. No llevaba suelto. Tampoco untaba mantequilla en las tostadas, no me gusta la comida de color amarillo. De haberlo sabido, hubiera hecho rimas sin poesía.

De haberlo sabido no habría escrito una tonta historia de amor, con despedida, sin final feliz.

domingo, 24 de mayo de 2009




Desde que ella duerme entre mis sábanas,
fumo tres cigarrillos más al día
y por las noches he dejado de escribir versos sin poesía
De esos que no me llevaban a ninguna parte
ni a ningún lugar




miércoles, 13 de mayo de 2009

De repente ella baja al portal con un puñado de margaritas en la mano. Dice que las robó de cualquier parque, cual niño pequeño. Su excusa es que ya llegó la primavera, aunque nunca vaya a para de llover. Yo la miro, con gabardina, empapada hasta las cejas y no sé qué decirle. Solo sé que la admiro por eso.


Valiente.

sábado, 9 de mayo de 2009

Se regala tiempo a quién no le haga falta.
Razón Aquí.
Es que por experiencia sé que hay gente que se aferra a la libertad para no enfrentarse a lo que da miedo.
(Laura Mirás)

miércoles, 6 de mayo de 2009

Fuera no luce el sol. La luz aun llega a mi ventana porque las calles arden en ríos de alcohol barato para enloquecer mejor. Tú te reflejas en el cristal. No sabía que estabas despierta. Perdón por hacer ruido y despertarte. Y tú me callas, me contestas que no pasa nada. Me doy cuenta de que has cogido de mi armario mi camiseta de los ramones y te odio porque te queda mejor que a mí.


Un yogur de manzana, una botella de leche, tres albaricoques, media docena de naranjas, mantequilla, mermelada de ciruela… repasas mi nevera y te decantas por el vodka que sobró de la noche anterior. Ahora entiendo mi resaca. Maldita resaca. Estás siempre en las mañanas de mis noches más llenas, más alegres, en mis noches con ella.


Eres rara. Quieres hacer zumo y no te dejo. Aun estás borracha y mi cocina sigue queriendo ser blanca. Y a ti te da igual, quieres desayunar.


Las calles ya se han apagado y sale el sol. Ya es de día. Empieza hoy. Hoy. Empiezo hoy con ganas porque estás revolviendo mi cocina con una camiseta que me cogiste del armario. Empiezo hoy porque estás a mi lado. Los vecinos ya se despiertan y no sé si quiero que te vean aquí. Un pájaro se acaba de posar en la ventana. Yo sigo tecleando tonterías sobre tú y yo. Él me mira y parece que sonríe, pero creo que eso es imposible. Sólo son pensamientos de recién levantada. Creo que anoche, con las calles, ardían los pliegues de las sábanas.




Y ahora veo que cuando cogiste la camiseta


la puerta quedó entreabierta…

domingo, 3 de mayo de 2009

Libertad de expresión


Libertad de expresión es salir una mañana a comprar una gallina. Libertad de expresión es gritarle al mundo. Libertad de expresión es saber el final del libro antes de terminarlo. Libertad de expresión es meter a más de ocho personas en tu casa. Libertad de expresión es comenzar cada día, de nuevo, la historia. Libertad de expresión es salir del armario. Libertad de expresión es pasar las páginas del periódico sin leerse todas las noticias. Libertad de expresión es abrir la ventana y tender la ropa interior al sol. Libertad de expresión es subir corriendo las escaleras. Libertad de expresión es llorar por una batalla perdida. Libertad de expresión es mirar al cielo para ver qué día hace.







Libertad de expresión es escribir esto.

Aquí y ahora.

viernes, 1 de mayo de 2009

La admiro porque aguanta encima de los tacones toda la noche sin quejarse. Y se ríe de mí porque yo sí me quejo, aunque no me duelan los pies.

El caso es quejarse.

Me gusta que se ría siempre en el momento más insospechado, cuando menos viene a cuento, así es un soplo de ánimo, algo así como un venga, que esto ya se acaba y la vida sigue. Su risa siempre anima, es contagiosa.

Y no sólo su risa, su sonrisa también.

Lleva siempre sus gafas puestas, no le asustan los defectos, y hasta le quedan bien. No se atreve a probar muchas cosas porque más vale prevenir que curar. Y ahí el empujón viene de mi parte, con mi osadía particular. Y en esas veces, noto su cabeza en mi hombro, sentadas en el sofá.

Mi hombro nunca fue cómodo, pero ella nunca me dijo nada.

Le gusta pensarse las cosas y se fija en los pequeños detalles. Es eso lo que la hace especial. Hace pasta fresca con albahaca para comer, que sabe que me gusta. Siempre a las dos y media. Siempre puntual. Aunque sabe que no llegaré en media hora como mínimo. No le importa esperar.

Pero lo que más me gusta de ella es que lleva siempre, sin excepción, un libro en el bolso que saca en el autobús sin miedo a que la miren. Y si se pasa de parada, no importa, se baja en la siguiente y hace ese camino andando. No se puede dejar un capítulo por la mitad.


Cuando dice mi nombre completo, la vida da un giro.

Me va a decir algo importante, como que me quiso cada día o cualquier cosa de estas. Yo asiento con la cabeza y me callo, porque no sé si voy a poder responderle algo que esté a la altura.

Y qué más dará, a veces me pregunto. No, no da igual, ella es mi mejor compañía, la base de todo, y yo me aprovecho de ello con su permiso. Pero si no lo tuviera, me mordería los labios y hasta la lengua con tal de conseguirlo. Que el que la sigue, la consigue. Y yo la conseguí a ella.

Tan sólo fue porque me gustaba mirar más allá de dónde mi vista podía alcanzar.


Más de la mitad de las veces tiene la razón. Su cabeza está en orden, su armario está en orden, su vida está en orden. Yo soy el pequeño caos que rompe un poco la linealidad de su vida.

He ahí mi parte miserable. Intento ser un poco descarada para que me haga caso. Y sé que no hace falta, que ella me lo hará igual. Pero me gusta y a veces me divierte.

Tengo que admitirlo, a su lado, estoy llena de mediocridad.

Ella es todo lo que nunca tendré hecho mujer.