sábado, 25 de abril de 2009

jueves, 16 de abril de 2009

Amarillo





Era un amanecer amarillo.


Tan amarillo que me hacía acordarme de ella.
Siempre tan seria. Siempre tan fría. Siempre tan guapa.
La ciudad despertaba demasiado temprano, pero puntual todos los días. Aquella mañana yo aun llevaba los pies mojados.
Y no sabía de qué.
No tenía a donde ir y caminaba tranquila, descalza. Pensando en ella y su afán por los amaneceres, en especial los amarillos.



Yo recordaba amaneceres amarillos de aquellas noches que ella se revolvía entre mis sábanas después de haberse quedado dormida en mi sofá.
Siempre juraba que no se había dormido,
pero era mentira. Yo hacía que la creía y le daba un beso en la cabeza.
A veces la dejaba dormir un poco más. Dependía del día. Y bueno, de lo que estuvieran echando en la televisión. Todo sea dicho. Cuando me interesaba, nos quedábamos un poco más. Y cuando no, también.


Me gustaba verla dormir
acurrucada, intentando meter su pequeño cuerpo en el sitio que quedaba libre en el sofá. Pero aunque la dejase dormir, me gustaba jugar con su pelo.
Siempre largo. Siempre liso y desenredado
. Su pelo caía como arena entre mis dedos.
La verdad es que siempre me pregunté por qué lo llevaba
tan largo, tan liso, tan suyo. También me gustaba cerrar los ojos cuando jugaba con su pelo. Si hubiese sido ciega de nacimiento estaría enamorada de su pelo.
Estoy segura
.


A pesar de sus amaneceres amarillos, me preparaba tostadas con mermelada de naranja cada mañana que desayunaba conmigo.
A mi la mermelada de naranja nunca me gustó. Demasiado agria para mi gusto. Intentaba ser dulce, pero ningún bote lo consiguió.
Yo nunca se lo dije
, y pasé cuatro largos años desayunando esa pasta anaranjada. Pero me las preparaba con una sonrisa tan bonita que no quería decirle nada.


Ella solía decir que los amaneceres amarillos se daban cuando el día que empezaba quería estar muy cerca del sol. Lo máximo posible. Entonces el sol, siempre tan distante, le dejaba un poquito de su color al día, para que así la mañana se sintiese mejor al empezar.
Después, el capricho ya se le pasaba y
el cielo podía volver a ser azul.
O gris.
O del color que se le antojase.
Menos amarillo.
Ése estaba reservado para los amaneceres.



Amaneceres como el de hoy.



Tanta palabrería para un simple amanecer amarillo.

martes, 14 de abril de 2009

sábado, 11 de abril de 2009

Tercera persona del singular



Ella come la otra mitad de mi cena para dos. Y así la cocina de mi casa no parece tan vacía. Con un solo cubierto, sin esperanza.
Ella
se ríe cuando no le hago caso al despertador y después protesto porque voy a llegar tarde, ya que soy muy dada a que se me peguen las sábanas.
Ella
pone los puntos sobre mis íes, corrige mis faltas de ortografía, me regala comas para que pare un momento y respire.
Ella
me mira y me pide que vayamos a dar una vuelta, aunque sabe que diré que no, que tengo mucho que hacer, que no puedo.
Ella tira de mí cada día.
Ella
me hace zumo de naranja por las mañanas y protagoniza mis textos, inspira mis palabras.

Ella me susurra palabras en francés cuando no puedo dormirme. No las entiendo, pero me gustan. Podría estar insultándome, si. Pero dejaría que lo hiciera mientras siguiese sonando así de bonito.

viernes, 10 de abril de 2009

No es que me guste ser puntual. Pero acostumbro a serlo por que sé que vas a llegar tarde. Los cinco minutos de rigor y nada más. Soy puntual porque me gusta verte llegar. Allá, a lo lejos. Cuando realmente no te veo, pero tú si me ves.
Después nos vamos a tomar un café. A mi no me gusta, pero eso es algo que nunca vas a saber.

jueves, 9 de abril de 2009

Acostumbro a decir que me da igual




(Pero no hay nada más lejos de la realidad. Tú sabrás de qué hablo)

miércoles, 8 de abril de 2009

Ayer ELLA me llamó


Y yo apagué el teléfono. Rompí sus cartas, mis recuerdos, y me puse a caminar. Y llegué a casa de mis padres, justo para comer.
Hola mamá, en la primera ecografía te dijeron que iba a ser niña. Después nací, lloré todo lo que se me antojó y crecí a golpes de cuchara de palo. Ahora duermo religiosamente todas las noches y me pongo tacones en las ocasiones especiales. Y esta mañana me puse ese vestido porque sé que te gusta.
Hola mamá, tal y como tú quieres, soy heterosexual.



Y después del postre no sé qué va a pasar...

sábado, 4 de abril de 2009

Era ya otro amanecer y el cielo podía volver a ser azul. Depende de cómo se le antojase. Aquí nunca llueve tan temprano. El cigarro de la mañana me aconsejaba que olvidara la noche anterior. Yo no le escuchaba, no me suele dejar respirar. Pero yo intentaba ser amable. Todo era tan distinto. Maldita adicta, la vida es pura adicción. Yo estaba enganchada al papel en blanco hasta que la vi por primera vez. Su nombre estaba escrito es las ventanas. Y en las paradas de autobús. Y en todas partes, al menos mientras ella siguiese dormida entre mis sábanas. Su voz, muchas veces, al oído, me pedía otro rock and roll y a mí, justo en ese momento, no me salían palabras en inglés.

Qué más te da, yo ya no tengo ganas de tocar.
Tras la tercera tostada, tú también te irás.

jueves, 2 de abril de 2009


Las grandes ciudades están hechas para los que son capaces de soñar.






A los demás nos basta con una simple habitación.