lunes, 23 de febrero de 2009

Lejos y cerca de casa

Hay veces que me quejo de tener los pies fríos y quién sabe lo que pensarían de ello esos que viven en lugares donde el cero es hacer calor en pleno febrero. Esas cosas sólo las pienso cuando cojo el 23, que me lleva a casa de mi abuela, donde siempre hace frío. Y no sabemos por qué. A veces salgo a su balcón y en estas noches que empiezan a las seis de la tarde descubro alguna estrella, pero son difíciles de ver. A veces no hay nubes y no me tengo que fijar mucho, pero son las menos. Es como si los fantasmas fuesen encendiendo las farolas que viven junto a la vía del tren, allí, al fondo de todo, justo antes del túnel. Dentro me espera un café con mucho azúcar. Ahora me gusta el café, eso es que me estoy haciendo vieja. O algo así. Igual después salgo con su manta, esa que me gusta tanto, la de cuadros que robó en un tren. Y me duermo fuera, porque hay estrellas. Tú dijiste que sería frío el amanecer. Nada más lejos de la realidad. Está al llegar la primavera.

1 comentario:

tombraider dijo...

Dale un besiño a tu wela y a tus papis. que son muy majos tós.