viernes, 12 de diciembre de 2008

La vida moderna

Te doy mi enhorabuena, ya ha dejado de llover. Las madres ya no llevan a sus hijos en los brazos porque esta vida de hoy en día las cansa demasiado. Arriba, abajo y arriba otra vez. No se sabe cuan alto podría saltar cualquiera que pase por tu calle a las nueve de la mañana. Y tú, ingenuo, te preocupas de que no te cabe la cabeza dentro de la capucha. Querido, eso no es un problema. Hay cosas mil veces peores, como por ejemplo, ser un perro abandonado en una caja de cartón ondulado. No me da la cabeza para pensar, ni en ti ni en qué demonios voy a hacer de comer hoy, porque no tengo hambre. Me está vibrando el móvil y no me da la puta gana de coger. Malditos aparatitos electrónicos. Joder, esta mañana amanecí en un charco mojado. Ai, qué ilusión. Los neumáticos no dejan de gastar las carreteras en nuestra estúpida manía de ir a todas partes en un solo lugar y todo a la vez. Puede que el viernes que viene, cuando menos te lo esperes, te invité a un café. Yo lo tomaré descafeinado y sin azúcar, porque a la vida hay que cogerla por los huevos, con la cabeza bien alta. A ver si se dejan de esconder las cosas.

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