sábado, 20 de diciembre de 2008

Tinta azul marino

Y es que acostumbro a cometer errores, forma parte de mi propia naturaleza, y no lo puedo evitar. Es de estas cosas que nunca jamás vas a poder parar y te da igual. Tú sigues viviendo hacia delante, y si hay que ir mirando al suelo, vas y miras, porque te lo mandan y eres así de tonto. Dime, ¿qué es lo que te queda por decirme? Yo llevo tantas cosas dentro que algún día mi mochila reventará y después tendré que recoger todo lo que caiga. Todo. Uno por uno. Y entonces me llevaré sólo un bolígrafo conmigo. Le voy a pedir a ese niño que espera en la esquina que escriba tu nombre en la pared, que yo tengo miedo de gastártelo. Y después voy a usarlo yo para decirte por escrito todo lo que no supe decir antes. Te lo pintaré en las paredes, en lo bancos de los parques, en cada uno de los hierros de la Torre Eiffel. En todos los lugares que puedas imaginar. Y en los que no. Mírame y dime que tienes ganas. O no lo hagas. Méteme dentro de tu maleta, ocupo poco. Haz lo que quieras.

sábado, 13 de diciembre de 2008

Ladridos de invierno

¿Sabes qué pasa? Que hay jodidos perros y perros jodidos. Unos se calientan el cuerpo con café y tres gotas de coñac. Los otros nunca jamás desharán la maleta. y mientras alguno de ellos esperan en el portal, yo pienso en dónde estará mi collar de color verde, ese que tanto te gusta. No llevo demasiado colorete, nunca es demasiado. Nunca se está a gusto con uno mismo. Ni con los demás.

viernes, 12 de diciembre de 2008

La vida moderna

Te doy mi enhorabuena, ya ha dejado de llover. Las madres ya no llevan a sus hijos en los brazos porque esta vida de hoy en día las cansa demasiado. Arriba, abajo y arriba otra vez. No se sabe cuan alto podría saltar cualquiera que pase por tu calle a las nueve de la mañana. Y tú, ingenuo, te preocupas de que no te cabe la cabeza dentro de la capucha. Querido, eso no es un problema. Hay cosas mil veces peores, como por ejemplo, ser un perro abandonado en una caja de cartón ondulado. No me da la cabeza para pensar, ni en ti ni en qué demonios voy a hacer de comer hoy, porque no tengo hambre. Me está vibrando el móvil y no me da la puta gana de coger. Malditos aparatitos electrónicos. Joder, esta mañana amanecí en un charco mojado. Ai, qué ilusión. Los neumáticos no dejan de gastar las carreteras en nuestra estúpida manía de ir a todas partes en un solo lugar y todo a la vez. Puede que el viernes que viene, cuando menos te lo esperes, te invité a un café. Yo lo tomaré descafeinado y sin azúcar, porque a la vida hay que cogerla por los huevos, con la cabeza bien alta. A ver si se dejan de esconder las cosas.