martes, 28 de octubre de 2008

"Lo bonito de la música es poner tú las imágenes"

No me pidas la vida que te la doy. No me pidas tanto, que reviento de lo poco que tengo dentro. Reviento por ti. Y por ti río. Y lloro. Y me muero. La sangre corre por mis venas. No entiendo tu manera de hacer las cosas. Y no me pidas la vida, que te la doy. Me compadezco de tu vida, de la mia y de la muerte. Me dejo llevar por las guerras. Dale un beso a tu madre cuando llegues a casa. Y cada uno en su cama cuando cae la noche. Fría. Áspera. Sin ti. Mi pobre guitarra ya no aguanta mis acordes de cada noche. Las cuerdas se me rompen. La vida se me escapa. Las batallas me persiguen. Las derrotas se me acumulan. Y yo no digo nada. No hago nada. Porque una vez me llamaron cobarde.




http://es.youtube.com/watch?v=VFcwbjt856Y

domingo, 12 de octubre de 2008

Dos entradas

Tonterías. De un día. De otro. Del siguiente también. Tengo un montón de fotos de carnet pegadas una detrás de otra en papel fotográfico y no tengo tijeras para recortarlas. Las líneas rectas siempre se me dieron mal. Yo soy más de retorcerlo todo para aprovecharlo, bien lo sabes. Te cuento mi vida por capítulos y me doy cuenta de que ya es verano. Y del verano deriva el otoño. Y después el invierno. Y un buen día te levantas y ya es primavera. Y así sucesivamente hasta completar el ciclo. La nada, la rutina. Lunes. Viernes. Sábado y domingo. Jueves. Te levantas porque es por la mañana. Vives, comes, consumes, descansas y mueres. Yo no tengo paciencia. Tú tienes prisa. No nos vemos. Se intuye. Rabia. Alegría. Fuerza. Fiestas de final de curso con globos y caramelos. Con niños corriendo alrededor de la piscina. Sería bonito tener un montón de hijos para poder celebrar sus cumpleaños con una gran tarta. Pero aun queda mucho. Las mujeres en la plaza gritan que sus precios son los más baratos. No sé por qué le llamo plaza en lugar de mercado. Los libros se amontonan en donde se les antoja. Sucios. Desordenados. No les hago caso. Saltamos. Subimos. Me sacas dos entradas para el cine y yo no soy capaz de llegar puntual. Imágenes de cartón. Pasión metida en una lata. Me callo. Me agarro. Las flores ya no son capaces de guardar su olor con ellas. ¿Y si vamos a tirarles piedras a las palomas? Yo no quiero morir cuando caiga la noche.

Estamos vivos, del bando de los vivos. Y vamos a pasar este enero en la playa. Y a las seis de la mañana, la luz en la ventana, luce el sol y desde el este nos quiere iluminar. Y no lo consigue. El monstruo de las ramblas nos persigue. La fuerza lo destruye, al monstruo, al sol, al gigante, a los niños que corren. Sólo con combates cotidianos, que al verlos me tiembla el alma. Pasan las luces, y los coches y, poquito a poco, vuelve el sol. Me echas crema solar, que más que sol, lo que hay aquí es mar. El poder del mar. Del mar Mediterráneo. Me cuentas historias, son sólo palabras, poesía, pronombres. Y tras una buena ducha, una capa de after sun y a la cama. Yo lo que quiero es dormir solo. A tu lado.

viernes, 10 de octubre de 2008

Desayuno

Suave. Muy suave. Lento. Dulce. Con leche desnatada. Mi respiración al ritmo del tacto de tu piel. Es por la mañana. Amanece. Apetece. Se huele. Se siente. Se palpa en el ambiente. Las letras se me desordenan en el tazón de cereales. No me salen las palabras.
Tengo una espina. Dos. Tres. Cuatro. Cien mil. Clavadas en el corazón, en la médula, en la mente. Más allá del cuerpo. Tiritas de frío. Tiritas pegadas en el alma. Tus dedos en mi pelo. Estrellas en el cielo. La luna. Muy llena. Muy vacía. Tu cara. Mi vida.
Y he de confesar que muchas mañanas que me quedo durmiendo en la cama, sólo tengo los ojos cerrados. Mientras, las ideas van pasando ordenadas en fila india. Letras. Números. Fotos borrosas. He perdido el norte mientras intentaba contar hasta cien. Pero dos más dos son cuatro. Y más dos, son seis. Por la mañana, es de buena educación decir buenos días. Y poco más sé. Si alguna vez caí fue para conseguir la satisfacción de levantarme por mi misma.