martes, 30 de septiembre de 2008

Levantando el dedo corazón


Que el fuego no me quema ya no me pilla de sorpresa. Porque me duele el corazón, como dedo y como órgano. El primero me lo mordí yo por accidente, y el segundo me lo llevan mordiendo toda la vida mis amores adolescentes. Y si la sangre sigue fluyendo por mis venas es porque ella sola quiere, que corazón mordido no late, si lo sabré yo. La nada de siempre en la que se basa mi vida, ha dejado de ser de siempre para ser ya tan solo nada. Y me rodea todas las tardes a las cinco y media. ¿Crees que es eso lo que más me importa? Tengo el corazón mordido, un dedo con una tirita y la cabeza a punto de explotar porque todas las noches noto como el líquido fluye por lo vasos sanguíneos y, en un arrebato de ingenio, digo que me late.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Barrenderos de vocación

Un gran hombre me dijo una vez que debería ser un poco egoísta y pensar más en mi y por y para mi, pero yo no sé si hacerle caso. En el mundo ya hay mucho egoísmo, que sobra por todos lados. También hay mucha mierda por limpiar y muy pocos barrenderos, porque eso es vocacional y la vocación no se hace durante la infancia, si no que se nace con ella. Así que con lo que se nace, no se hace, que ya viene hecho de fábrica y es tontería repetirlo. El egoísmo, como todo en este mundo, está mal repartido, así que los de arriba tienen más que los de abajo y no hay nada más que hablar. El problema es que yo no sé siquiera si existe el punto intermedio en dónde creo que vivo y, en caso de si, si podría estar ahí, que igual a los que mandan no les parece bien y, aunque la mayoría no tenga la razón, siempre se la lleva, que para eso son más y son llamados mayoría. Así que tú, por ser tú y no ser cualquier otro, deberías pensar en si de verdad quieres seguir cargando con una escoba el resto de tu vida y si tienes a algo o alguien a qué agarrarte cuando la mayoría venga hacia ti con intenciones de seguir arriba. Y yo, por ser yo, seguiré pensando hacia dónde debo tirar.

jueves, 25 de septiembre de 2008

Jueves improvisado

Y es en una de estas noches de principios del otoño cuando empiezo a recordar. Hace tiempo ya que creía muertas esas palabras a las que en un día pasado yo di vida. Y así, llena de vueltas está la vida, porque cuando yo ya había enterrado esa historia, una pequeña alma la revivió y descubrí que el pasado no era tan confuso como yo lo creía. Por miedo. Por esperanza, quizá. Porque el que espera, espera que todo vaya bien, que las cosas sigan su curso viento en popa.
Y es este recuerdo que me oprimía, el que no me dejaba ver que muchas veces el tiempo pasado no es el mejor. Es así que aun está presente ese jersey azul. Ya no me gusta que huela a "ti" porque eres un recuerdo muerto que sólo otro puede avivar. Porque la arena ya no me envuelve como antes y las olas de aquel mar quedan ya muy lejanas.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Miércoles

Según el calendario londinense que hay en mi pared es el cuarto día de la semana, pero yo sé que es mentira. Los niños con uniforme juegan en el recreo. Yo los oigo porque tengo la ventana abierta. ¿Sabes? Una vez en el colegio mi media de química era 4,6 y a la profesora le daba un 5,0 y yo no dije nada. Me voy a comprar un vestido gris para que me haga juego con el invierno, que en él siempre es de noche y los días no rebajan mucho el color negro. Aunque no sé si es pronto para hacerlo. Las niñas saltan a la cuerda. Tú estás a tres kilómetros de aquí y me da pereza hasta coger un autobús, porque me tendría que poner los vaqueros. Las canciones se repiten y yo sólo sé contar hasta dieciocho porque ahí me quedé. Y no supe seguir adelante.

jueves, 18 de septiembre de 2008

Más puta que cualquiera

Jodida prostituta de extrarradio,
date por aludida de una vez.
Deja de darme sexo barato
y de pintarme los labios con miel.

martes, 16 de septiembre de 2008

Love of lesbian


Ayer me metí en mi cápsula de albal a no pensar. Una niña imantada me dijo que las noches son reversibles. Y los días también. Y que podría recordar un día en el parque en cualquier momento de reflexión. Tanto en el 1 como en el 2. Todos sabemos que repetiría debido a mi personalidad. Después, por teléfono escucharé la historia de una hache que no quería ser muda. Me amo, me diría toda orgullosa de su grafía. Y yo la escucharía como quien escucha la parábola de un tonto.
Querida mía, mon petit cabroin, quiero que recuerdes que dios más dios son cuatro. Aunque a mí siempre me gustó eso de que uno más uno es igual a dos. A día de hoy los niños del mañana escuchan música de ascensores dentro de limusinas. Y Marlene, la vecina del Ártico, usa maniobras de escapismo para que cuando tienda las sábanas mojadas no se les noten las manchas que aun quedan de aquel domingo astromático.
Estoy pensando en escribir una carta a tus catástrofes. A todas. Sobre todo la primera. Mi primera combustión, donde te atreviste a confesar eso de que (Houston) tenemos un problema. Y es que me llaman octubre y a mi me da vergüenza. Creo que voy a empezar a romperme. A no importa qué dice la gente. No hay manera humana de escapar.