domingo, 24 de agosto de 2008

Que me tiembla el alma


Dime si serías capaz de aguantar la distancia. Si la distancia es olvido o es recuerdo. O es sólo distancia. Dímelo y no me mientas. Que mañana me voy a caminar el mundo. Con los zapatos que gasté en caminarte cada noche. Suave. Lento. Deletreando. Cantando. Temblando. Inventando el mundo y el alrededor. Alternando realidad y ficción. Con una manera de hacer las cosas que sólo encontré en el metro y treinta y cinco de tu habitación. Las paredes querían no poder oír. Las sábanas se revolvían. Y el amanecer pedía siempre unos minutos más para seguir durmiendo.
Dímelo. No me valen reciprocidades. Esas cosas no existen. Dímelo.

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