domingo, 24 de agosto de 2008

A la intemperie

Declaro no ser de nadie y me considero ciudadano del mundo. Cuatro paredes no podrían encerrar mi cabeza. Mientras pienso eso, voy por el mundo como quien no quiere la cosa y me dedico a escuchar. Y cuando cae la noche, maldigo una y otra vez por qué no he encontrado el sitio adecuado para dormir. Yo, habitante de ninguna parte. Yo, ser humano. Yo, orgullo.
Pronto me llevarán y no le importará a nadie. Porque no son ellos los que serán llevados. Seré yo. Y ya no habrá remedio.

No hay comentarios: